Y asímismo, maldijo a quienes hicieran daño a esos pequeñuelos. Siendo esto así, lo lógico es que el término pedófilo o pedofilia se aplicara a quienes de forma sana, pura, normal, seienten cariño, amor, ternura, amistad, hacia los niños. Por consiguiente llamar pedofilia a lo que más certeramente se llama pederastia es una perversión del lenguaje no sólo desde el punto de vista etimológico sino sobre todo desde el punto de vista moral, lo cual conlleva a consecuencias absurdas y peligrosas.
Porque, entonces ¿cómo llamar a quienes de forma natural y generosa sienten alegría y complacencia en la compañía de los niños? Por culpa de los pederastas, ¿va a resultar sospechosa y hasta criminal cualquier manifestación de cariño hacia los niños?
Es el sistema de valores imperante el que acuña y pone en circulación las palabras en uso. Así ocurre con palabras de dudosa legitimidad como por ejemplo “homofobia”, “lesbianismo”, “feminismo”, “machismo”, “racismo” etc., que la gente acepta como palabras inocentes, cuando realmente encierran una carga subvesiva y tendenciosa… Dejamos por hoy a la inteligencia de los lectores el averiguar el por qué de su, como mínimo, estúpido significado, tal como son entendidas habitualmente por los analfabetos medios de intoxicación.
En resumen, que nadie llame pedofilia a un crimen tan odioso y antinatural como es la pederastia, pues hacerlo así es una forma vil y sórdida de usar un eufemismo para dar aceptación social a la pederastia.
Patschi, 12 de julio de 2008
Etiquetas: Antropología, moral
Julio 13, 2008 a las 5:26 pm |
[...] por esta consideración que creemos oportuno reproducir un artículo aparecido en JRANIA, es decir en http://www.jrania.wordpress.com, en donde se denuncian las artimañas propagandísticas que [...]