¿Quién defiende a los Godos?

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Es lamentable cuánta gente, que normalmente no se percata del significado de las palabras que usa, dice, con frecuencia,

“acto vandálico“,  “gente bárbara”, etc…

Sea cuales sean los hechos acaecidos  desde la caída del Imperio de Roma en Europa occidental, lo cierto es que nuestra propia existencia deriva de la herencia que honrosamente hemos recibido… también de los llamados “pueblos bárbaros”, es decir, desde el punto de vista romano, los pueblos que habitaban fuera de los límites del Imperio.

Es por consiguiente necesario conocer mejor a los “bárbaros”… Y para ello nada mejor que leer lo siguiente, que copio de eurosocialismo:

miércoles 21 de julio de 2010

Los bárbaros del Norte

Algunos autores, entre los que destaca Dopsch, habían creído que los pueblos bárbaros, cuando en el siglo V entraron ya de una forma definitiva en el Imperio de Occidente para establecerse en él, carecían de cualquier tipo de organización social y política desarrollado, y desconocían otro vínculo de unión entre ellos que el centrado en el clan familiar.

No  obstante, actualmente se cree que, en este sentido, los pueblos barbarii estaban bastante más desarrollados. Aunque no alcanzasen el grado de civilización al cual se había llegado en el mundo clásico, es evidente que el prolongado contacto con el mismo —ya fuese pacífico ya fuese conflictivo—, y las luchas mantenidas con los demás enemigos del Imperio, habían provocado en ellos la toma de una conciencia nacional superadora de la idea exclusivamente tribal o familiar, aunque el vínculo familiar desempeñase siempre en estos pueblos bárbaros un enorme papel por lo que respecta a su organización política.

Efectivamente, al sobreponerse a aquellos vínculos primitivos, las luchas llevadas a cabo a lo largo del Bajo Imperio tuvieron por consecuencia la forja entre estos pueblos de la idea de nacionalidad, nacionalidad que, por supuesto, carecía de una base territorial y se cifraba exclusivamente en la comunidad humana. Ello no es de extrañar si se tiene en cuenta que, carentes de un asentamiento territorial estable y exclusivo de ellos (pues la mayor parte de las veces tenían que asentarse —hasta su establecimiento definitivo en el siglo VI— en zonas en que ya habitaban provinciales romanos, con los que pasaban a compartir el territorio), jamás pudieron identificar, hasta el siglo VI aproximadamente, la idea del pueblo correspondiente con un determinado país. Debido a ello, los reyes bárbaros nunca se nombraron reyes de un determinado ámbito territorial, sino de un determinado ámbito humano, el de su pueblo. Así, nunca se habló de un rex Hispaniae sino de un rex Gothorum o un rex Francorum, es decir, que nunca se habló de un rey de España, por ejemplo, sino de un rey de los godos o de los francos, etc. Aunque, como ya se ha dicho, la organización política de los visigodos (y, en mayor o menor medida, la de los demás pueblos bárbaros) había trascendido del ámbito meramente familiar, es evidente que los vínculos derivados de la comunidad de sangre continuaban jugando un papel muy importante. El grupo familiar o gentilicio tenía gran cohesión interna y estaba en la base de la organización política del pueblo visigodo. Comprendía a las personas descendientes por línea masculina de un mismo tronco (Sippe), lo cual suponía una unidad de intereses en sus relaciones con los miembros de las demás sippes, y daba á estos grupos familiares cierta entidad jurídico-pública. Esta entidad se basaba en el respeto del principio que otorgaba igualdad jurídica a todos los miembros de cada uno de ellos, y que excluía toda enemistad entre los mismos, debiendo todos los componentes de la sippe vengar conjuntamente la ofensa inferida a uno de ellos por un miembro de otro grupo gentilicio, reforzar su juramento en un litigio, etc.

Junto a los vínculos de sangre, jugaban particular papel en la organización política de los bárbaros los vínculos de fidelidad, en virtud de los cuales una persona pasaba a depender de otra, de la que recibía protección en caso de necesidad, a cambio de prestarle un juramento de fidelidad que le obligaba, sin perder por ello la condición de hombre libre, a seguirle y a luchar a sus órdenes. De esta forma los germanos poderosos se veían rodeados de enormes grupos de «clientes» (es decir, de fieles u hombres libres sometidos a ellos por vínculos de fidelidad) que recibían el nombre de gefolge, gesinde o, utilizando el término latino, comitatus.

El órgano esencial en la vida política primitiva de los visigodos era la asamblea de hombres libres (Thing, Ding, Concilium) capaces de combatir; esta asamblea tenía poder judicial, bien en pleno, bien agrupada en pequeños grupos o centenae de origen probablemente militar, y en el seno de ella se debatían todos los problemas importantes para la comunidad. Quizá la función más importante por ella desempeñada era la de elegir al caudillo o rey, pues efectivamente, la realeza era, en un principio, electiva entre todos los miembros de la comunidad. Más tarde se fue estableciendo que el cargo de rey recayese siempre en algún miembro de las familias poderosas, a fin de que el que fuese a desempeñarlo se viese provisto, en función de la fuerza que le proporcionarían sus clientelas de hombres libres, del suficiente poder como para ejercer de forma práctica el cargo real.

(…)

Por lo que respecta a la primitiva organización económica de los godos parece que hasta el siglo IV, en que su contacto, ya muy intenso, con Roma alteró todos los supuestos en que se basaba su anterior organización económica, la ganadería jugaba un papel mucho más importante que el desempeñado por la agricultura. La unidad económica y de habitación era la aldea o marca, cuyos miembros poseían colectivamente el ganado y las tierras, que eran cultivadas por un sistema hasta que, en contacto con Roma, aprendieron la viticultura y el cultivo intensivo. Las tierras, como eran propiedad de la comunidad, se sorteaban periódicamente entre los miembros de la marca para su aprovechamiento particular; sólo la casa y el huerto situado alrededor de ella eran propiedad privada de cada uno (hufe, hof). Los pastos y los bosques (allmende) eran de propiedad comunal y de aprovechamiento colectivo. Las faenas agrícolas se realizaban colectivamente.

GABRIEL GARCÍA VOLTÁ, “El mundo perdido de los Visigodos”, 1977.

Publicado por Schwarze Front en 06:52

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