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Ideología de ODIO: …poesia de Neftalí Reyes (alias “Neruda”)

27 de enero de 2013

Ahora que en los medios de in-comunicación tanto se habla de denunciar a los promotores del odio… (se refieren, claro está, a los europeos que protestan contra la invasión de gente no deseable, o contra las personas que denuncian al “lobby” homosexual como ariete contra la institución familiar)… es conveniente dar a conocer un típico ejemplo de odio y esta vez de odio gratuito, manifestado por un poeta que no sólo odió al caudillo Francisco Franco… sino que además, amó ó idolatró a otro caudillo, el generalísimo José Stalin, quien
seguramente no era tan “malo” como se suele decir…
En todo caso… copio de un blog cuyo nombre no quiero recordar el siguiente texto,”El general Franco en los Infiernos”, escrito en 1939 por el poeta narigudo que fue embajador de Chile en Paris:

Desventurado, ni el fuego ni el vinagre caliente

en un nido de brujas volcánicas, ni el hielo devorante,

ni la tortuga pútrida que ladrando y llorando con voz

de mujer muerta te escarbe la barriga

buscando una sortija nupcial y un juguete de niño

degollado,

serán para ti nada sino una puerta oscura

arrasada.

En efecto:

De infierno a infierno, que hay? En el aullido

de tus legiones, en la santa leche

de las madres de España, en la leche y los senos

pisoteados

por los caminos, hay una aldea más, un silencio más,

una puerta rota

Aquí estás. Triste párpado, estiércol

de siniestras gallinas de sepulcro, pesado esputo,

cifra de traición que la sangre no borra. Quien, quien eres,

oh miserable hoja de sal, oh perro de la tierra,

oh mal nacida palidez de sombra.

Retrocede la llama sin ceniza,

la sed salina del infierno, los círculos

del dolor palidecen.

Maldito, que sólo lo humano

te persiga, que dentro del absoluto fuego de las cosas,

no te consumas, que no pierdas

en la escala del tiempo, y que no te taladre el vidrio

ardiendo ni la feroz espuma.

Solo, solo, para las lágrimas

todas reunidas, para una eternidad de manos muertas

y ojos podridos, solo en una cueva

de tu infierno, comiendo silenciosa pus y sangre

por una eternidad maldita y sola.

No mereces dormir

aunque sea clavados de alfileres los ojos: debes estar despierto,

general, despierto eternamente

entre la podredumbre de las recién paridas,

ametralladas en Otoño. Todas, todos los tristes niños

descuartizados,

tiesos, están colgados, esperando en tu infierno

ese día de fiesta fría: tu llegada.

Niños negros por la explosión,

trozos rojos de seso, corredores

de dulces intestinos, te esperan todos, todos, en la misma actitud

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NOTA DE JRANIA:
Lo que sigue es un extenso comentario de Pio Moa sobre el tema del “Odio a Franco”: Copio:

No todo el mundo detestaba o detesta a Franco, claro está, pero quienes lo han detestado lo han hecho con una intensidad nada común, y en ese sentido puede considerársele uno de los personajes más odiados del siglo XX.

Cuando murió, el 20 de noviembre de 1975, el Partido Comunista de España (reconstituido), que pronto crearía el GRAPO, difundió por todas las ciudades donde tenía militantes (Madrid, Barcelona, Cádiz, Sevilla, Vigo, Córdoba, Bilbao y algunas otras), muchas decenas de miles de hojas con el célebre poema de Pablo Neruda El general Franco en los infiernos. Recuerdo haberlo tirado en el metro de Madrid, regando los andenes desde la última puerta del convoy en marcha, mantenida entreabierta. Uno o dos camaradas se situaban de modo que la gente dentro del vagón no se percatara de la maniobra, y quienes volvían a llenar los andenes recogían los papeles. Los dirigentes no debíamos hacer aquellas cosas, pero a algunos nos proporcionaba una peculiar satisfacción, también por su cuota de riesgo.

Las maldiciones de Neruda a Franco eran tan retumbantes que causaban perplejidad, y mucha gente se llevaba la hoja, seguramente para enseñarla a otros. Ningún panfleto agitativo de los muchísimos que tiramos a lo largo de años tuvo tanta difusión, si bien, sospecho, más por curiosidad que por aquiescencia de la mayoría de sus lectores. Empieza así:

Desventurado, ni el fuego ni el vinagre caliente
en un nido de brujas volcánicas, ni el hielo devorante,
ni la tortuga pútrida que ladrando y llorando con voz de mujer muerta
te escarbe la barriga…

Le llama “estiércol de siniestras gallinas de sepulcro, pesado esputo, cifra de traición que la sangre no borra”; evoca “la santa leche de las madres de España” pisoteada, con sus senos, por los aullantes legionarios; alude a “los niños descuartizados”, a la salud, la “paz de herrerías”, la vida destrozada por el general; y tras una larga serie de improperios y consideraciones sobre su infernal destino, concluye el vate:

Solo y maldito seas,
solo y despierto seas entre todos los muertos,
y que la sangre caiga en ti como la lluvia,
y que un agonizante río de ojos cortados
te resbale y recorra mirándote sin término.

Los versos de Neruda respiran y quieren desperatar en el lector un odio absoluto, telúrico, por así llamarlo, que da sentido a las figuras empleadas, a veces extravagantes. Odio cultivado también por muchos intelectuales durante decenios, tano en expresiones literarias como políticas. Muy conocido y recitado ha sido también el poema de León Felipe sobre las dos Españas, que empieza:

Franco, tuya es la hacienda,
la casa,
el caballo
y la pistola…

El general había dejado a su adversario, dice Felipe, “desnudo y errante por el mundo”. Pero la España derrotada se llevaba consigo la canción, “la voz antigua de la tierra”, y dejaba a Franco, por ello, incapaz para “recoger el trigo o alimentar el fuego”. Describe el poeta un poder tiránico impuesto por la pura violencia, productor de tristeza y miseria, en versos de belleza y vigor poético no muy frecuentes en la poesía política. Su veracidad histórica ya es harina de otro costal.

Mencionaré, entre otros muchos ejemplos, el soneto de Antonio Machado donde, sin nombrarlo, pide para él la horca, quizá por suicidio:

Que trepe a un pino en la alta cima
y en él, ahorcado, que su crimen vea
y el horror de su crimen le redima.

En su misma muerte le acompañaron tales denuestos. Creo que los resumen perfectamente los versos que su óbito inspiró al conocido psiquiatra comunista o ex comunista Castilla del Pino, según anota en sus memorias:

Pene no tuvo, ¿te cabe alguna duda?
Pellejo vano entre sus ingles cuelga
Que usó para mear certeramente
Encima de sus muertos y sus tumbas
Millonario en muertes…

Y termina:

Nunca fue muerte por tantos tan deseada.
Nunca fue muerte por tantos bendecida.

Castilla del Pino hizo pocos años ha unas declaraciones interesantes: “Gracias al odio, la humanidad ha progresado”; “Yo odio a Pinochet, y a Franco lo he odiado durante cuarenta años”. Significativamente, no mencionó entre sus odiados a Stalin, Pol Pot o Fidel Castro.

En fin, las imprecaciones más hirientes y cargadas de aborrecimiento han acompañado toda la carrera del Caudillo desde la guerra civil. Y le siguen acompañando, con sorprendente vitalidad, treinta años después de su muerte, en forma de biografías, ensayos o alusiones de intención ultrajante; o de numerosos libros sobre la represión franquista, represión de crueldad sólo comparable con el terror nazi, si hemos de dar crédito a esos escritos: se le aplica incluso el término Holocausto.

Su victoria militar está en el origen de todo ello, y las diatribas contra él transmiten la impresión de que esa victoria constituye un crimen gigantesco, inexpiable, contra el pueblo español, contra la libertad, la paz y el progreso, contra la Historia. Ahora bien, ¿a quién venció Franco, realmente? ¿a la democracia o a una revolución multiforme, aunque principalmente comunista? De esto trataremos más adelante, pero evidentemente fue, en parte muy importante al menos, una victoria sobre los comunistas, defendieran éstos la democracia o su revolución peculiar, como muchos discuten. Por ello no extraña que entre los imprecadores contra Franco destaquen especialmente las izquierdas marxistas y los políticos o intelectuales próximos a ellas. A este respecto los versos de Neruda impresionan sobre los de cualquier otro, pero entenderlos bien exige leerlos al lado de otro poema suyo no menos célebre, la Oda a Stalin, donde declara:

Stalinianos. Llevamos este nombre con orgullo.
Stalinianos. Es esta la jerarquía de nuestro tiempo.

Stalin, predicaba Neruda, encarnaba los ideales de paz y progreso humanos, la esperanza de los oprimidos del mundo. Y por ello, al leer los dos poemas juntos, salta a la vista la perfecta insensibilidad de poeta con respecto a las víctimas, especialmente los niños, cuyas imágenes usa para elevar al paroxismo la indignación moral contra la figura del general. Pues si realmente le indignaran a él tanto como sugiere, mucho más le habrían indignado las víctimas de todas las edades causadas por el stalinismo, en cantidad incomparablemente superior a las atribuibles a Franco. Pero las de Stalin no merecían a Neruda una simple alusión compasiva. Y no porque ignorase su existencia, pues sólo la ignoraba quien cerrase deliberadamente los ojos. Cuando, tres años después de la oda, Jrúschof, sucesor de Stalin, admitió en su célebre informe una parte de los crímenes del déspota, no pillaba a nadie de nuevas, y menos todavía a los comunistas, que tanto habían imitado, donde habían podido, los métodos del “padre de los pueblos”. Jrúschof reconocía simplemente algo de lo archisabido, y la trascendencia de su informe radica sólo en el carácter oficial del reconocimiento.

No. Para Neruda las muertes hechas por los franquistas constituían asesinatos imperdonables porque afectaban a personas de ideas “avanzadas”, comunistas muchas de ellas, aspirantes a una sociedad perfecta, sin explotación, sin injusticia social, sin opresión. Por el contrario Stalin mataba precisamente al tipo de criminales representados en el mismo Franco, escoria irrecuperable de la humanidad, defensores de los horrores del capitalismo tanto en su forma de democracias burguesas como de regímenes autoritarios o bien fascistas, destinados todos ellos al “basurero de la historia”. Stalin hizo fusilar, entre otros, a más comunistas que nadie, muchos más que el Caudillo; pero cualquier orgulloso staliniano como Neruda sabía que se trataba de falsos comunistas, agentes del imperialismo, fascistas disfrazados.

De ahí el valor simbólico, al margen de su relación con los hechos, de la recurrente imagen de los niños destrozados. No sólo busca exaltar la indignación, sino también identificar a los comunistas y progresistas en general, sobre todo a los primeros, personas de ideales puros, luchadores por un porvenir resplandeciente para la humanidad bajo regímenes como el del preclaro Stalin: a ellos, como a los niños, estaba reservado el futuro. Franco asesinaba a los niños y pisoteaba a las parturientas, es decir, intentaba asesinar el porvenir en un intento criminalmente enloquecido y vano –apenas precisa decirlo–, de frenar la marcha ineluctable de la historia. Neruda, el “staliniano que lleva este nombre con orgullo”, lo expresaba con destreza poética.

La historia ha circulado por otras vías y quienes se atribuían la posesión del futuro han fracasado desastrosamente, pero nadie debería caer en una euforia precipitada y forzosamente banal. Poco adelantaríamos sin una comprensión de los esquemas mentales que llevan al stalinismo o al nazismo, y ya saldrán otros poseedores del futuro, porque está en la naturaleza humana la tentación de pensar y actuar de ese modo.

En todo caso encontramos una primera evidencia: Stalin y Franco representaban formas mentales, morales y políticas opuestas: el primero el porvenir radiante, el segundo el pasado oprobioso. Mirándola en su conjunto, Stalin tuvo una carrera verdaderamente triunfal. A la hora de su muerte dirigía un inmenso imperio extendido por más de media Europa y cerca de la mitad de Asia, y era el venerado líder moral de al menos un tercio de la humanidad donde existían regímenes socialistas, así como de millones de otras personas que luchaban por ese ideal en el seno de sociedades todavía burguesas. Y de tantos otros que sin luchar lo apoyaban o respetaban, aun si en su fuero interno sintieran poco entusiasmo por vivir en un sistema soviético, y prefirieran desarrollar sus carreras en las atroces sociedades capitalistas.

Pero no todo habían sido éxitos y Franco encarnaba, precisamente, uno de los pocos fracasos graves de Stalin. Fracaso en un país quizá poco importante en los órdenes demográfico o económico, aunque bastante más en el orden estratégico, en el cultural e histórico; y, sobre todo en el simbólico. Por algo la bibliografía de la guerra civil española –una derrota de Stalin, entre otras cosas– ha sido tan enorme y sigue hoy en pleno auge. Reflejo a su vez de las pasiones que la acompañaron, más fuertes que las asociadas a otros sucesos del siglo XX de mayores consecuencias materiales.

Evidentemente Stalin no tomó a la ligera la guerra de España, pese a las difíciles condiciones materiales para su intervención en ella. Mandó bastantes de sus mejores armas, y él en persona se ocupó de orientar políticamente a las izquierdas españolas; e hizo cumplir sus instrucciones a través del Partido Comunista español, cuyos jefes ponían a la URSS –patria del proletariado– por encima de la propia España, y sentían orgullo en obrar como agentes del Kremlin. Stalin no debió de encajar con buen ánimo su fracaso después de tanto esfuerzo, y muchos de los asesores enviados por él a España sirvieron de chivo expiatorio, fusilados o desaparecidos oscuramente en el terror de la época. Los supervivientes (Malinofski, Vóronof, etc.), demostrarían pocos años después, luchando contra la Alemania nazi, que Stalin no había mandado a España personal de segunda categoría, sino a muchos de sus mejores elementos militares y policíacos. Inútil decir que los fusilados, en su mayoría, no lo fueron por baja calidad profesional, sino por “desviaciones” ideológicas” más o menos inventadas.

Sería exagerado imaginar un Stalin obsesionado por la victoria de Franco, pues los inmensos triunfos de su carrera le compensaban ampliamente de aquel revés. Con todo, seguía siendo una mancha negra en su expediente, y el aplastamiento final de Alemania le ofreció una segunda oportunidad para destruir a un adversario detestado, a quien su propaganda había logrado identificar con Hitler y Mussolini. Fuera de España muy pocos, si alguno, dudó entonces de la pronta liquidación de Franco y no pocos aspiraban a verle seguir la suerte de Mussolini; dentro del país, la perspectiva agrietó considerablemente al régimen. Aunque España no entraba en la esfera de influencia soviética aceptada por Churchill y Roosevelt, seguía teniendo un gran interés para Stalin, y éste hizo cuanto pudo por aislar al franquismo, declarándolo apestado internacionalmente, como primer paso para su derrocamiento. El segundo paso consistió en el maquis, la guerrilla organizada por los comunistas a fin de reanudar la guerra civil, provocar una intervención de las democracias e implantar un régimen, si no socialista, por lo menos muy avanzado. Y sin embargo, asombrosamente, también fracasó en esta intentona, segunda humillación que no pudo hacerle una gracia excesiva, aun contando con sus éxitos arrolladores en otros ámbitos.

Pasada la dura prueba, Franco, dictador a quien habían auxiliado Hitler y Mussolini, iba a mantenerse en el poder, a contracorriente no sólo de los comunistas sino de los regímenes democráticos anglosajones y europeos, los cuales, si bien renuentes a intervenir en España, casi nunca le obsequiaron con sentimientos mínimamente cordiales y ampararon diversas oposiciones a él. Y así continuaría hasta 1975, año de su muerte por causas naturales tras una penosa agonía muy celebrada por muchos de sus enemigos, y bastante similar a la de otro dictador característico de la época, Tito, el comunista yugoslavo disidente de Moscú.

Las mencionadas expresiones de odio tienen un toque peculiar viniendo, por lo común, de personas ateas. El tema rebasa los límites de este ensayo, pero vale la pena reparar en cómo Neruda sitúa a Franco en un infierno de eternos e indecibles tormentos en el cual, como buen stalinano, no podía creer. Según su doctrina, Franco, hiciera lo que hiciese, como el propio Stalin, como Hitler o él mismo, estaban destinados a convertirse en carroña exactamente igual que todo el mundo, sin ninguna reparación o justicia ulteriores, y por tanto sin ningún significado. Aun si cabía esperar que las generaciones venideras compartieran el odio de Neruda, nada de ese odio podría afectar ya al Caudillo, vencedor hasta el fin, por mucho que le deseasen el imposible infierno.

Por el contrario, Franco era creyente católico, al parecer bastante fervoroso y convencido de la existencia de un cielo y un infierno. En alguna ocasión señaló que la vida sería absurda sin la consideración de un más allá. Pero en general no cultivó ni alentó expresiones de odio tan furiosas como las despertadas por él en sus contrarios, y su testamento político se expresa en términos ponderados, acaso por encontrarse ya a las puertas de la muerte.

Estaría muy lejos de la realidad pretender que toda la literatura antifranquista viene del marxismo. La hay del más variado carácter y de enorme dureza, desde la socialdemócrata a alguna democristiana o monárquica. Pero sí cabe señalar que la más persistente, apasionada y dura ha sido la procedente del comunismo y sus aledaños. Como fue comunista la oposición realmente sostenida y seria contra el régimen de Franco.

La atención despertada por el personaje se revela en la ya abultada colección de biografías y ensayos de diverso tipo, sin excluir los psicoanalíticos, a él dedicada. Bastantes aparecieron ya en tiempos de Franco, como las biografías escritas por J. Arrarás, M. Aznar, C. Martín, B. Crozier, L. Ramírez, G. Hills, de J.W.D. Trythall, H. G. Dahms o R. de la Cierva, en general favorables y algunas laudatorias, exceptuando la de L. Ramírez. Pero puede decirse que todas ellas han quedado poco menos que eclipsadas por el impacto de la publicada en 1994 por P. Preston. La biografía escrita por este autor inglés marcó época, tanto por su extrema hostilidad al biografiado como por haberla promovido en España poderosos medios de comunicación de la derecha, en especial monárquicos, por razones fáciles de entender. El libro no dejó de suscitar réplicas. R. de la Cierva lo criticó duramente y publicó a su vez una nueva y amplia biografía en 2000. El general R. Casas de la Vega y el coronel C. Blanco Escolá han escrito sendos libros sobre la capacidad militar de Franco, con enfoques opuestos, y C. de Meer ha escrito un ensayo laudatorio. En línea similar a la de Preston se encuentran diversos estudios de J. Tusell, S. Juliá o el libro de E. Moradiellos subtitulado Crónica de un caudillo casi olvidado, idea extraña, pues todo indica lo contrario: no cesa de crecer la bibliografía sobre él. Siguieron ensayos biográficos más ponderados, como los de B. Bennasar, S. Payne, A. Bachoud, F. Torres, A. Vaca de Osma o J. P. Fusi, éste anterior al de Preston. En los últimos años vienen apareciendo los gruesos tomos de L. Suárez, refundición ampliada y corregida de otra biografía anterior en ocho volúmenes. Por su abundante documentación de primera mano constituye actualmente la obra fundamental al respecto, de obligada consulta para quien desee aproximarse al tema.

En general, hoy la actitud académica prevalente hacia el viejo Caudillo oscila entre la tradicional aversión, muy reavivada en los últimos años, y la consideración del personaje como un dictador de segundo orden, cruel, vulgar y mediocre. A mi juicio, lo último no puede sostenerse. La profundidad del odio que le ha sido tributado, merecido o no, indica algo muy distinto de la mediocridad, y lo mismo el hecho de que a lo largo de cuarenta años derrotara, militar y políticamente, a todos sus enemigos, nada desdeñables muchos de ellos, sorteando peligros realmente letales. Esto no hace su trayectoria histórica positiva, pero excluye para ella el calificativo de mediocre. Dejo aparte la manía actual de retratarlo como un imbécil o poco menos. Azaña solía quejarse de la poca afición de su gente a usar el cerebro, y quizá repetiría hoy la crítica a quienes así “razonan”.

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Hitler… y les muyeres

19 de enero de 2013

http://www.estudiodehitler.com/2013/01/hitler-y-las-mujeres.html

Ecrito en asturiano se aborda mejor este tema tan importante. Hoy, en el siglo XXI, hanta ideología “feminista” y tan poco información sobre la naturaleza real y la personalidad e idiosincrasia fundamentalmente femeninas, que para mucha gente puede resultar sorprendente lo que aquí, en la dirección arriba reseñada se dice. Lo reproducimos con permiso (presunto) del autor de MEIN FÜHRER:

En sus conversaciones privadas Hitler dijo en 1942:

– Lo peor del matrimonio es esto: crea pretensiones legales. Es mucho más práctico tener una amante.

Claro, que según él, esa regla “sólo se rige para hombres relevantes”.

– Si una mujer empieza a pensar en cuestiones existenciales, mala cosa es. Puede atacarle a uno los nervios.

– El mundo del hombre es grande, comparado con el de la mujer. El mundo de la mujer es el hombre. Sólo de vez en cuando piensa en otra cosa. La mujer puede amar más profundamente que el hombre. La inteligencia no le importa demasiado.

– Cuando una mujer se embellece lo hace a menudo impulsada por el secreto deseo de irritar a alguna otra. Las mujeres poseen una capacidad que nos falta a los hombres para dar un beso a una amiga y al mismo tiempo pincharla con una aguja. Es completamente inútil querer mejorarlas en este aspecto. ¡Dejémoslas con sus pequeñas debilidades! Si con ellas una mujer puede sentirse dichosa, tanto mejor. Es mil veces preferible que se ocupe de semejantes pequeñeces que no que empiece a dedicarse a cosas metafísicas.

Sin embargo, a pesar de la tosquedad de esas palabras, encontramos con que Hitler siempre resultó encantador con las mujeres. Es más, podemos hablar perfectamente de un Hitler completamente diferente en el trato a hombres y a mujeres. Hitler jamás gritaba a una mujer, es más, incluso las tranquilizaba si cometían un error. Un claro ejemplo lo encontramos en sus secretarias. Hitler era un jefe muy amable y simpático con ellas. Quizá por eso sus secretarias le fueron fieles hasta el final.

Muchas mujeres se sorprendían al tratar con Hitler. Esperaban encontrar al hombre fuerte, casi violento y rudo. Pero se encontraban con un hombre amable y simpático, que las agasajaba constantemente. Si Hitler se encontraba con una mujer, cambiaba incluso el tono de voz, que tenía entonces un tono más suave. Incluso se daba el caso de que si una mujer se encontraba indispuesta Hitler le permitiera incluso fumar en su presencia (documentado en Werner Maser). Según el historiador, Hitler toleraba a las mujeres aspectos que a sus colaboradores les hubiera costado el puesto.

Por otra parte, y a pesar de las declaraciones de Hitler (no olvidemos que expuestas en un tono privado y relajado) lo cierto es que Hitler admiró y respetó a mujeres que eran trabajadoras e independientes. Su relación con Winifred Wagner, Leni Riefensthal o Hanna Reitsch le alejan de toda sospecha de menospreciar a la mujer.

También se ha especulado mucho sobre si Hitler fue capaz de amar. La respuesta no puede ser más clara: ¡por supuesto! Su relación con Eva Braun lo deja perfectamente a las claras. Por no hablar del abatimiento que Hitler sufrió tras el suicidio de Geli Raubal. Hitler sufrió una profunda depresión que le llevó incluso a la idea de apartarse de la política y de querer quitarse la vida. Se dice que a raíz de ese acontecimiento Hitler decidió no comer nunca más carne. La habitación de Geli solo la podía visitar él y su ama de llaves. Incluso encargó un busto de Geli que colocó en la nueva Cancillería. Ninguna de las suposiciones sobre las relaciones de Geli Raubal con Hitler, en donde se ha llegado a afirmar que Hitler maltrataba a su medio sobrina, han podido ser demostradas. Incluso se llegó a afirmar, en un alarde de “historia-ficción” impresionante, que Hitler practicaba el masoquismo con Geli.
Su relación con Eva Braun está más que demostrada y ya hemos hablado de ella aquí en muchas ocasiones. No creo que sea necesario añadir más. En todo caso, Hitler hablaba de mujeres muy a menudo:

¡Cuántas mujeres hermosas hay! Estábamos sentados en el Ratskeller de Brema. Entró una mujer: ¡habría podido creerse que descendía del Olimpo! ¡Sencillamente deslumbradora! Los clientes soltaron cuchillos y tenedores. Y todos clavaron sus ojos en ella. ¡Y luego en Braunschwieg! Entonces me hice los más amargos reproches. A todos mis compañeros les pasó como a mi: una criatura rubia se acercó al coche dando saltitos para ofrecerme un ramo de flores. Todo el mundo se acordó del incidente, pero a nadie se le ocurrió preguntarle su dirección para que luego pudiera yo escribirle unas palabras de agradecimiento. ¡Rubia y alta y maravillosa! Pero así ocurren las cosas; aglomeraciones por todas partes. Y, además, teníamos prisa, todavía hoy me duele recordarlo.

En el Bayerischen Hof estuve una vez en una fiesta a la que asistían muchas hermosas mujeres con deslumbrantes brillantes. Pero he aquí que entró una tan bella que a su lado desaparecían todas las demás (no llevaba joyas). Era la señora Hanfstaengl. En casa de Erna Hanfstaengl la vi luego otra vez en compañía de Mary Stuck. Tres mujeres a cual más bella: ¡aquello si que era un cuadro!

A su piloto Hans Baur le dijo Hitler en una ocasión:

– Yo no puedo permitirme otra cosa. Las mujeres me hacen propaganda, y como hombre que continuamente tiene que enfrentarse a la opinión pública tengo que ser precavido. Si usted se desvía un poco del camino recto, nadie dice nada, pero si yo hiciera una cosa así, no podría dejarme ver nunca más. Las mujeres son incapaces de mantener la boca cerrada.
Werner Maser concluye en su biografía que en la vida de Hitler solo hubo 3 mujeres: su madre, Geli Raubal y Eva Braun. Acabo este post con la conclusión que saca este historiador:

En Hitler, los sentimientos, de los que sabía servirse con gran maestría en su favor, estaban detrás del deseo que gobernaba toda su existencia. Solo los aceptaba cuando podían serle de alguna utilidad. En muy raras ocasiones “los golpes del destino”, las graves enfermedades, las desgracias personales, los desengaños y los obstáculos le impulsaron a modificar los objetivos que se había impuesto y a sustituir las personas a las que había otorgado su confianza. En este aspecto era sumamente obstinado e incorregible. Ni la temprana muerte de sus padres, ni sus fracasos de 1907 y 1908 en la Academia de Bellas Artes de Viena, ni el intento de golpe de estado de noviembre de 1923, que produjo un balance de 20 muertos y pudo suponer muy fácilmente el final de su carrera política, ni la prisión en Landsberg, ni otros momentos negativos de su vida posterior le hicieron dudar nunca de que alcanzaría su meta. Prácticamente siempre consiguió lo que se había propuesto, venciendo sin hacer caso de los consejos de los demás y sin tener que modificar sus convicciones. Solamente en dos ocasiones estuvo a punto de lanzar por la borda su ideología y de quitarse la vida que, en su opinión, encarnaba el destino alemán de la época: tras el fracasado golpe de Estado de 1923 y tras el suicidio de su gran amor Geli Raubal en 1931″.

Etiquetas: hitler y las mujeres |

14 comentarios:

Anónimo dijo…
Excelente post. Enhorabuena. El Führer fue siempre muy considerado, también, con sus cocineras. Cada vez que recibía un regalo de una mujer procuraba agradecérselo personalmente o por carta. Repito: excelente post.
13 de enero de 2013 20:00

JMC dijo…
Excelente post Nacho.

Las fotos de Hitler con mujeres son encantadoras. Hitler siempre fue un hombre muy considerado con ellas, un autentico caballero.
Su gusto por ellas es incuestionable y es increible que alguna vez se dudara de ello y se le calificara como homosexual, cosa que desde luego, es un autentico disparate, y que solo sirve para vender revistas para los mas ignorantes.

Un saludo a todos.
14 de enero de 2013 20:41

Anónimo dijo…
AK dice…
Y pensar que hasta no hace muchos años se lo trataba de homosexual. Cuando todavía se permitía ver con recelo el hecho que alguien sea homosexual. Ahora, que ser homosexual es políticamente correcto, ya no se lo tilda de eso, sino más bien de sadomasoquista…Es gracioso.
De todas formas queda claro que Hitler fue un gran admirador de la mujer y muy respetuoso con ellas.
Sí hubieron hombres que estuvieron a su lado y se les ha escapado una queja sobre él, pero a ninguna mujer se la ha escuchado quejarse; por el contrario, a todas se las ha escuchado alabarlo. Saludos!
14 de enero de 2013 22:53

Ivan dijo…
Excelente, Nacho, excelente como siempre.

Saludos,
Iván
15 de enero de 2013 01:17

Hectópolis dijo…
Va por temporadas y lo que toque decir; casi todo gran hombre que haya entrado en la Historia, grande o pequeña, y que además ha sido diferente, pues claro, homosexual, y sino, loco, y sino, sadomasoquista, lo que sea con tal de denigrar al que es distinto.

Pero una cosa muy interesante: Hitler, como Gran Persona que fue, sabía tratar a TODAS las personas, eso es el primer punto, pero además se daba cuenta de algo: quien es sólo el sexo que representa, pues se le trata con la simpleza que requiere, pero si en una persona, sea hombre o mujer, hay… bueno, había algo interesante, Hitler se desharía en poder conocerlo más, pues de ahí seguro que sacaba mucha información y saber si esa persona podría valer para algo al Reich… o no. Alguien tan entregado a un Ideal como es el Reich -el Imperio- no puede darse la idea de que es que le gustaban las mujeres o los hombres para irse a la cama y hala, a lo que hace todo el mundo, todo eso carece de importancia.

Pero lo Intelectual, si además es trascednente y puede servir para algo… eso se mira desde una perspectiva del Espíritu, o sea, de lo que están hechos los ideales.

Muy elegante el artículo, Nacho, enhorabuena, y las fotos muy interesantes.

Un saludo.

H.
16 de enero de 2013 19:16

Frel dijo…
Sobre Hitler y las mujeres se han escritos versiones bien diferentes, por un lado está la versión de que le gustaba rodearse de hermosas mujeres y por otro se ha escrito que tuvo poca relación con el sexo opuesto. Lo cierto y en vista de su relación con Eva Braun, las secretarias que tuvo y las fotografías donde aparece con mujeres, no se puede decir que Hitler no tuviera lazos de amistad con el sexo opuesto. Es cierto que desde hace mucho se le tachó de homosexual con la idea de desacraditarlo(como siempre), pero eso es algo que obviamente nunca se pudo demostrar, para demostrar algo así hay que ofrecer imágenes muy íntimas de una persona, las cuales en el caso de Hitler no existen, al igual que hablar de sadomasoquismo, otra mentira que se han inventado, lo próximo vete tú a saber que dirán, iventándose semejantes falacias lo único que hacen es hacer el ridículo, a ver que será lo próximo que se inventen.
16 de enero de 2013 19:52

Tiesto dijo…
Y Estefanía?
17 de enero de 2013 15:16

Nacho dijo…
Tiesto, evidentemente no he tratado todas las mujeres en la vida de Hitler. Existen muchos estudios sobre ese tema, aunque en mi opinión, muy exagerados. A Hitler se le adjudican muchas relaciones y yo creo que la mayoría no existieron. Hasta con Magda Goebbels. Yo no me aventuraría a afirmar más que lo que he expuesto, que en la vida de Hitler solo existieron 3 mujeres. El resto lo dejamos para la prensa del corazón, je je…

Saludos
17 de enero de 2013 16:50

Anónimo dijo…
Quisiera hacerle una sugerencia como reciente seguidor de su blog ¿no encontraría usted interesante documentar las numerosas e interesantes fotografías que incluye en los post? fechas, personas, lugares u otras circunstancias enriquecerían enormemente los ya de por sí interesantes articulos.
Muchos se lo agradeceríamos mucho. Gracias

17 de enero de 2013 23:52

nasa dijo…
Saludos Amigo!!! Excelente foro.
Oye no podrias hacer un blog acerca de un libro llamado “Er ist wieder da” algo asi como “El ha regresado”…Me tiene intrigado ese libro.
18 de enero de 2013 00:16

Nacho dijo…
Anónimo, suelo elegir las fotografías dependiendo del tema que trato. En ocasiones sí he puesto comentarios a pie de foto, otras me resulta difícil saber con quién está Hitler. En todo caso, tomo nota de tu sugerencia y trataré de hacerlo.

Nasa, la verdad es que no conozco es libro. He mirado en Internet y no lo encuentro.

Saludos
18 de enero de 2013 16:39

Anónimo dijo…
excelente nacho.
A veces entro todos los dias para ver si hay un nuevo post, y otras veces prefiero dejar pasar el tiempo, para por asi decirlo, “darme el gusto” de leer varios posts seguidos, que son un lujo.

Quizas pienses que lo mio es exagerado, pero encontrar tu pagina con este tipo de posts, en el medio de tanta basura que hay… Es como un diamante en el medio del barro.

mathias.

18 de enero de 2013 18:23

Nacho dijo…
Mathias, eres muy amable. Me gustaría actualizar más a menudo, pero por desgracia mis múltiples obligaciones me lo impiden. Por otra parte, tras varios años de blog, es difícil crear entradas que gusten y sorprendan. Pero bueno, yo sigo aquí jiji… saludos!
18 de enero de 2013 18:26

JMC dijo…
Hola a todos.

Yo creo que Estefania si que fue verdaderamente importante para Hitler, lo que pasa es que se trato de un enamoramiento juvenil, platonico, en la distancia, y que jamas llego a confesar a la propia Estefania.
Y al final todo quedo en nada.
La propia Estefania quedo muy sorprendida muchos años mas tarde al saber que fue el centro de atencion del que fue, Führer de Alemania.
Pero por aquellos años,¿ quien iba a imaginar que Hitler llegaria a ser jefe del estado aleman?
Por otra parte y de lo se deduce de la lectura del libro de August Kubizek: Hitler mi amigo de juventud, al parecer Adolf era un hombre que atraia bastante al sexo femenino.

Bueno, me despido, un saludo.

18 de enero de 2013 20:24
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