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Ideología de ODIO: …poesia de Neftalí Reyes (alias “Neruda”)

27 de enero de 2013

Ahora que en los medios de in-comunicación tanto se habla de denunciar a los promotores del odio… (se refieren, claro está, a los europeos que protestan contra la invasión de gente no deseable, o contra las personas que denuncian al “lobby” homosexual como ariete contra la institución familiar)… es conveniente dar a conocer un típico ejemplo de odio y esta vez de odio gratuito, manifestado por un poeta que no sólo odió al caudillo Francisco Franco… sino que además, amó ó idolatró a otro caudillo, el generalísimo José Stalin, quien
seguramente no era tan “malo” como se suele decir…
En todo caso… copio de un blog cuyo nombre no quiero recordar el siguiente texto,”El general Franco en los Infiernos”, escrito en 1939 por el poeta narigudo que fue embajador de Chile en Paris:

Desventurado, ni el fuego ni el vinagre caliente

en un nido de brujas volcánicas, ni el hielo devorante,

ni la tortuga pútrida que ladrando y llorando con voz

de mujer muerta te escarbe la barriga

buscando una sortija nupcial y un juguete de niño

degollado,

serán para ti nada sino una puerta oscura

arrasada.

En efecto:

De infierno a infierno, que hay? En el aullido

de tus legiones, en la santa leche

de las madres de España, en la leche y los senos

pisoteados

por los caminos, hay una aldea más, un silencio más,

una puerta rota

Aquí estás. Triste párpado, estiércol

de siniestras gallinas de sepulcro, pesado esputo,

cifra de traición que la sangre no borra. Quien, quien eres,

oh miserable hoja de sal, oh perro de la tierra,

oh mal nacida palidez de sombra.

Retrocede la llama sin ceniza,

la sed salina del infierno, los círculos

del dolor palidecen.

Maldito, que sólo lo humano

te persiga, que dentro del absoluto fuego de las cosas,

no te consumas, que no pierdas

en la escala del tiempo, y que no te taladre el vidrio

ardiendo ni la feroz espuma.

Solo, solo, para las lágrimas

todas reunidas, para una eternidad de manos muertas

y ojos podridos, solo en una cueva

de tu infierno, comiendo silenciosa pus y sangre

por una eternidad maldita y sola.

No mereces dormir

aunque sea clavados de alfileres los ojos: debes estar despierto,

general, despierto eternamente

entre la podredumbre de las recién paridas,

ametralladas en Otoño. Todas, todos los tristes niños

descuartizados,

tiesos, están colgados, esperando en tu infierno

ese día de fiesta fría: tu llegada.

Niños negros por la explosión,

trozos rojos de seso, corredores

de dulces intestinos, te esperan todos, todos, en la misma actitud

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NOTA DE JRANIA:
Lo que sigue es un extenso comentario de Pio Moa sobre el tema del “Odio a Franco”: Copio:

No todo el mundo detestaba o detesta a Franco, claro está, pero quienes lo han detestado lo han hecho con una intensidad nada común, y en ese sentido puede considerársele uno de los personajes más odiados del siglo XX.

Cuando murió, el 20 de noviembre de 1975, el Partido Comunista de España (reconstituido), que pronto crearía el GRAPO, difundió por todas las ciudades donde tenía militantes (Madrid, Barcelona, Cádiz, Sevilla, Vigo, Córdoba, Bilbao y algunas otras), muchas decenas de miles de hojas con el célebre poema de Pablo Neruda El general Franco en los infiernos. Recuerdo haberlo tirado en el metro de Madrid, regando los andenes desde la última puerta del convoy en marcha, mantenida entreabierta. Uno o dos camaradas se situaban de modo que la gente dentro del vagón no se percatara de la maniobra, y quienes volvían a llenar los andenes recogían los papeles. Los dirigentes no debíamos hacer aquellas cosas, pero a algunos nos proporcionaba una peculiar satisfacción, también por su cuota de riesgo.

Las maldiciones de Neruda a Franco eran tan retumbantes que causaban perplejidad, y mucha gente se llevaba la hoja, seguramente para enseñarla a otros. Ningún panfleto agitativo de los muchísimos que tiramos a lo largo de años tuvo tanta difusión, si bien, sospecho, más por curiosidad que por aquiescencia de la mayoría de sus lectores. Empieza así:

Desventurado, ni el fuego ni el vinagre caliente
en un nido de brujas volcánicas, ni el hielo devorante,
ni la tortuga pútrida que ladrando y llorando con voz de mujer muerta
te escarbe la barriga…

Le llama “estiércol de siniestras gallinas de sepulcro, pesado esputo, cifra de traición que la sangre no borra”; evoca “la santa leche de las madres de España” pisoteada, con sus senos, por los aullantes legionarios; alude a “los niños descuartizados”, a la salud, la “paz de herrerías”, la vida destrozada por el general; y tras una larga serie de improperios y consideraciones sobre su infernal destino, concluye el vate:

Solo y maldito seas,
solo y despierto seas entre todos los muertos,
y que la sangre caiga en ti como la lluvia,
y que un agonizante río de ojos cortados
te resbale y recorra mirándote sin término.

Los versos de Neruda respiran y quieren desperatar en el lector un odio absoluto, telúrico, por así llamarlo, que da sentido a las figuras empleadas, a veces extravagantes. Odio cultivado también por muchos intelectuales durante decenios, tano en expresiones literarias como políticas. Muy conocido y recitado ha sido también el poema de León Felipe sobre las dos Españas, que empieza:

Franco, tuya es la hacienda,
la casa,
el caballo
y la pistola…

El general había dejado a su adversario, dice Felipe, “desnudo y errante por el mundo”. Pero la España derrotada se llevaba consigo la canción, “la voz antigua de la tierra”, y dejaba a Franco, por ello, incapaz para “recoger el trigo o alimentar el fuego”. Describe el poeta un poder tiránico impuesto por la pura violencia, productor de tristeza y miseria, en versos de belleza y vigor poético no muy frecuentes en la poesía política. Su veracidad histórica ya es harina de otro costal.

Mencionaré, entre otros muchos ejemplos, el soneto de Antonio Machado donde, sin nombrarlo, pide para él la horca, quizá por suicidio:

Que trepe a un pino en la alta cima
y en él, ahorcado, que su crimen vea
y el horror de su crimen le redima.

En su misma muerte le acompañaron tales denuestos. Creo que los resumen perfectamente los versos que su óbito inspiró al conocido psiquiatra comunista o ex comunista Castilla del Pino, según anota en sus memorias:

Pene no tuvo, ¿te cabe alguna duda?
Pellejo vano entre sus ingles cuelga
Que usó para mear certeramente
Encima de sus muertos y sus tumbas
Millonario en muertes…

Y termina:

Nunca fue muerte por tantos tan deseada.
Nunca fue muerte por tantos bendecida.

Castilla del Pino hizo pocos años ha unas declaraciones interesantes: “Gracias al odio, la humanidad ha progresado”; “Yo odio a Pinochet, y a Franco lo he odiado durante cuarenta años”. Significativamente, no mencionó entre sus odiados a Stalin, Pol Pot o Fidel Castro.

En fin, las imprecaciones más hirientes y cargadas de aborrecimiento han acompañado toda la carrera del Caudillo desde la guerra civil. Y le siguen acompañando, con sorprendente vitalidad, treinta años después de su muerte, en forma de biografías, ensayos o alusiones de intención ultrajante; o de numerosos libros sobre la represión franquista, represión de crueldad sólo comparable con el terror nazi, si hemos de dar crédito a esos escritos: se le aplica incluso el término Holocausto.

Su victoria militar está en el origen de todo ello, y las diatribas contra él transmiten la impresión de que esa victoria constituye un crimen gigantesco, inexpiable, contra el pueblo español, contra la libertad, la paz y el progreso, contra la Historia. Ahora bien, ¿a quién venció Franco, realmente? ¿a la democracia o a una revolución multiforme, aunque principalmente comunista? De esto trataremos más adelante, pero evidentemente fue, en parte muy importante al menos, una victoria sobre los comunistas, defendieran éstos la democracia o su revolución peculiar, como muchos discuten. Por ello no extraña que entre los imprecadores contra Franco destaquen especialmente las izquierdas marxistas y los políticos o intelectuales próximos a ellas. A este respecto los versos de Neruda impresionan sobre los de cualquier otro, pero entenderlos bien exige leerlos al lado de otro poema suyo no menos célebre, la Oda a Stalin, donde declara:

Stalinianos. Llevamos este nombre con orgullo.
Stalinianos. Es esta la jerarquía de nuestro tiempo.

Stalin, predicaba Neruda, encarnaba los ideales de paz y progreso humanos, la esperanza de los oprimidos del mundo. Y por ello, al leer los dos poemas juntos, salta a la vista la perfecta insensibilidad de poeta con respecto a las víctimas, especialmente los niños, cuyas imágenes usa para elevar al paroxismo la indignación moral contra la figura del general. Pues si realmente le indignaran a él tanto como sugiere, mucho más le habrían indignado las víctimas de todas las edades causadas por el stalinismo, en cantidad incomparablemente superior a las atribuibles a Franco. Pero las de Stalin no merecían a Neruda una simple alusión compasiva. Y no porque ignorase su existencia, pues sólo la ignoraba quien cerrase deliberadamente los ojos. Cuando, tres años después de la oda, Jrúschof, sucesor de Stalin, admitió en su célebre informe una parte de los crímenes del déspota, no pillaba a nadie de nuevas, y menos todavía a los comunistas, que tanto habían imitado, donde habían podido, los métodos del “padre de los pueblos”. Jrúschof reconocía simplemente algo de lo archisabido, y la trascendencia de su informe radica sólo en el carácter oficial del reconocimiento.

No. Para Neruda las muertes hechas por los franquistas constituían asesinatos imperdonables porque afectaban a personas de ideas “avanzadas”, comunistas muchas de ellas, aspirantes a una sociedad perfecta, sin explotación, sin injusticia social, sin opresión. Por el contrario Stalin mataba precisamente al tipo de criminales representados en el mismo Franco, escoria irrecuperable de la humanidad, defensores de los horrores del capitalismo tanto en su forma de democracias burguesas como de regímenes autoritarios o bien fascistas, destinados todos ellos al “basurero de la historia”. Stalin hizo fusilar, entre otros, a más comunistas que nadie, muchos más que el Caudillo; pero cualquier orgulloso staliniano como Neruda sabía que se trataba de falsos comunistas, agentes del imperialismo, fascistas disfrazados.

De ahí el valor simbólico, al margen de su relación con los hechos, de la recurrente imagen de los niños destrozados. No sólo busca exaltar la indignación, sino también identificar a los comunistas y progresistas en general, sobre todo a los primeros, personas de ideales puros, luchadores por un porvenir resplandeciente para la humanidad bajo regímenes como el del preclaro Stalin: a ellos, como a los niños, estaba reservado el futuro. Franco asesinaba a los niños y pisoteaba a las parturientas, es decir, intentaba asesinar el porvenir en un intento criminalmente enloquecido y vano –apenas precisa decirlo–, de frenar la marcha ineluctable de la historia. Neruda, el “staliniano que lleva este nombre con orgullo”, lo expresaba con destreza poética.

La historia ha circulado por otras vías y quienes se atribuían la posesión del futuro han fracasado desastrosamente, pero nadie debería caer en una euforia precipitada y forzosamente banal. Poco adelantaríamos sin una comprensión de los esquemas mentales que llevan al stalinismo o al nazismo, y ya saldrán otros poseedores del futuro, porque está en la naturaleza humana la tentación de pensar y actuar de ese modo.

En todo caso encontramos una primera evidencia: Stalin y Franco representaban formas mentales, morales y políticas opuestas: el primero el porvenir radiante, el segundo el pasado oprobioso. Mirándola en su conjunto, Stalin tuvo una carrera verdaderamente triunfal. A la hora de su muerte dirigía un inmenso imperio extendido por más de media Europa y cerca de la mitad de Asia, y era el venerado líder moral de al menos un tercio de la humanidad donde existían regímenes socialistas, así como de millones de otras personas que luchaban por ese ideal en el seno de sociedades todavía burguesas. Y de tantos otros que sin luchar lo apoyaban o respetaban, aun si en su fuero interno sintieran poco entusiasmo por vivir en un sistema soviético, y prefirieran desarrollar sus carreras en las atroces sociedades capitalistas.

Pero no todo habían sido éxitos y Franco encarnaba, precisamente, uno de los pocos fracasos graves de Stalin. Fracaso en un país quizá poco importante en los órdenes demográfico o económico, aunque bastante más en el orden estratégico, en el cultural e histórico; y, sobre todo en el simbólico. Por algo la bibliografía de la guerra civil española –una derrota de Stalin, entre otras cosas– ha sido tan enorme y sigue hoy en pleno auge. Reflejo a su vez de las pasiones que la acompañaron, más fuertes que las asociadas a otros sucesos del siglo XX de mayores consecuencias materiales.

Evidentemente Stalin no tomó a la ligera la guerra de España, pese a las difíciles condiciones materiales para su intervención en ella. Mandó bastantes de sus mejores armas, y él en persona se ocupó de orientar políticamente a las izquierdas españolas; e hizo cumplir sus instrucciones a través del Partido Comunista español, cuyos jefes ponían a la URSS –patria del proletariado– por encima de la propia España, y sentían orgullo en obrar como agentes del Kremlin. Stalin no debió de encajar con buen ánimo su fracaso después de tanto esfuerzo, y muchos de los asesores enviados por él a España sirvieron de chivo expiatorio, fusilados o desaparecidos oscuramente en el terror de la época. Los supervivientes (Malinofski, Vóronof, etc.), demostrarían pocos años después, luchando contra la Alemania nazi, que Stalin no había mandado a España personal de segunda categoría, sino a muchos de sus mejores elementos militares y policíacos. Inútil decir que los fusilados, en su mayoría, no lo fueron por baja calidad profesional, sino por “desviaciones” ideológicas” más o menos inventadas.

Sería exagerado imaginar un Stalin obsesionado por la victoria de Franco, pues los inmensos triunfos de su carrera le compensaban ampliamente de aquel revés. Con todo, seguía siendo una mancha negra en su expediente, y el aplastamiento final de Alemania le ofreció una segunda oportunidad para destruir a un adversario detestado, a quien su propaganda había logrado identificar con Hitler y Mussolini. Fuera de España muy pocos, si alguno, dudó entonces de la pronta liquidación de Franco y no pocos aspiraban a verle seguir la suerte de Mussolini; dentro del país, la perspectiva agrietó considerablemente al régimen. Aunque España no entraba en la esfera de influencia soviética aceptada por Churchill y Roosevelt, seguía teniendo un gran interés para Stalin, y éste hizo cuanto pudo por aislar al franquismo, declarándolo apestado internacionalmente, como primer paso para su derrocamiento. El segundo paso consistió en el maquis, la guerrilla organizada por los comunistas a fin de reanudar la guerra civil, provocar una intervención de las democracias e implantar un régimen, si no socialista, por lo menos muy avanzado. Y sin embargo, asombrosamente, también fracasó en esta intentona, segunda humillación que no pudo hacerle una gracia excesiva, aun contando con sus éxitos arrolladores en otros ámbitos.

Pasada la dura prueba, Franco, dictador a quien habían auxiliado Hitler y Mussolini, iba a mantenerse en el poder, a contracorriente no sólo de los comunistas sino de los regímenes democráticos anglosajones y europeos, los cuales, si bien renuentes a intervenir en España, casi nunca le obsequiaron con sentimientos mínimamente cordiales y ampararon diversas oposiciones a él. Y así continuaría hasta 1975, año de su muerte por causas naturales tras una penosa agonía muy celebrada por muchos de sus enemigos, y bastante similar a la de otro dictador característico de la época, Tito, el comunista yugoslavo disidente de Moscú.

Las mencionadas expresiones de odio tienen un toque peculiar viniendo, por lo común, de personas ateas. El tema rebasa los límites de este ensayo, pero vale la pena reparar en cómo Neruda sitúa a Franco en un infierno de eternos e indecibles tormentos en el cual, como buen stalinano, no podía creer. Según su doctrina, Franco, hiciera lo que hiciese, como el propio Stalin, como Hitler o él mismo, estaban destinados a convertirse en carroña exactamente igual que todo el mundo, sin ninguna reparación o justicia ulteriores, y por tanto sin ningún significado. Aun si cabía esperar que las generaciones venideras compartieran el odio de Neruda, nada de ese odio podría afectar ya al Caudillo, vencedor hasta el fin, por mucho que le deseasen el imposible infierno.

Por el contrario, Franco era creyente católico, al parecer bastante fervoroso y convencido de la existencia de un cielo y un infierno. En alguna ocasión señaló que la vida sería absurda sin la consideración de un más allá. Pero en general no cultivó ni alentó expresiones de odio tan furiosas como las despertadas por él en sus contrarios, y su testamento político se expresa en términos ponderados, acaso por encontrarse ya a las puertas de la muerte.

Estaría muy lejos de la realidad pretender que toda la literatura antifranquista viene del marxismo. La hay del más variado carácter y de enorme dureza, desde la socialdemócrata a alguna democristiana o monárquica. Pero sí cabe señalar que la más persistente, apasionada y dura ha sido la procedente del comunismo y sus aledaños. Como fue comunista la oposición realmente sostenida y seria contra el régimen de Franco.

La atención despertada por el personaje se revela en la ya abultada colección de biografías y ensayos de diverso tipo, sin excluir los psicoanalíticos, a él dedicada. Bastantes aparecieron ya en tiempos de Franco, como las biografías escritas por J. Arrarás, M. Aznar, C. Martín, B. Crozier, L. Ramírez, G. Hills, de J.W.D. Trythall, H. G. Dahms o R. de la Cierva, en general favorables y algunas laudatorias, exceptuando la de L. Ramírez. Pero puede decirse que todas ellas han quedado poco menos que eclipsadas por el impacto de la publicada en 1994 por P. Preston. La biografía escrita por este autor inglés marcó época, tanto por su extrema hostilidad al biografiado como por haberla promovido en España poderosos medios de comunicación de la derecha, en especial monárquicos, por razones fáciles de entender. El libro no dejó de suscitar réplicas. R. de la Cierva lo criticó duramente y publicó a su vez una nueva y amplia biografía en 2000. El general R. Casas de la Vega y el coronel C. Blanco Escolá han escrito sendos libros sobre la capacidad militar de Franco, con enfoques opuestos, y C. de Meer ha escrito un ensayo laudatorio. En línea similar a la de Preston se encuentran diversos estudios de J. Tusell, S. Juliá o el libro de E. Moradiellos subtitulado Crónica de un caudillo casi olvidado, idea extraña, pues todo indica lo contrario: no cesa de crecer la bibliografía sobre él. Siguieron ensayos biográficos más ponderados, como los de B. Bennasar, S. Payne, A. Bachoud, F. Torres, A. Vaca de Osma o J. P. Fusi, éste anterior al de Preston. En los últimos años vienen apareciendo los gruesos tomos de L. Suárez, refundición ampliada y corregida de otra biografía anterior en ocho volúmenes. Por su abundante documentación de primera mano constituye actualmente la obra fundamental al respecto, de obligada consulta para quien desee aproximarse al tema.

En general, hoy la actitud académica prevalente hacia el viejo Caudillo oscila entre la tradicional aversión, muy reavivada en los últimos años, y la consideración del personaje como un dictador de segundo orden, cruel, vulgar y mediocre. A mi juicio, lo último no puede sostenerse. La profundidad del odio que le ha sido tributado, merecido o no, indica algo muy distinto de la mediocridad, y lo mismo el hecho de que a lo largo de cuarenta años derrotara, militar y políticamente, a todos sus enemigos, nada desdeñables muchos de ellos, sorteando peligros realmente letales. Esto no hace su trayectoria histórica positiva, pero excluye para ella el calificativo de mediocre. Dejo aparte la manía actual de retratarlo como un imbécil o poco menos. Azaña solía quejarse de la poca afición de su gente a usar el cerebro, y quizá repetiría hoy la crítica a quienes así “razonan”.

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…quieren violentar a la Madre Naturaleza!

11 de abril de 2012

El “Sistema mundialista” ó globalizador, en sus extremosidades más aberrantes, no sólo pretende disminuir peligrosamente la natalidad entre las naciones de raza blanca, sino que además… pretende que toda la sociedad contribuya a la fabricación de “úteros artificiales” para que las mujeres dejen de parir y criar a sus propios hijos…

Esto no es una novela futurista sino lo que se expone en una publicación titulada “BioEdge”. Copiamos la información tal como la transcribe “El trasgo” en el diario de Madrid “La Gaceta(10 de abril de 2012, pág. 5):

La revista “BioEdge”  comenta: “¿Es poco ético el embarazo?  Sí, dice una experte británica de bioética”.

“El embarazo y el parto son tan dolorosos, peligrosos y socialmente restrictivos para las mujeres que urge dedicar fondos públicos  al desarrollo de úteros artificiales. Es el único medio de lograr la verdadera igualdad entre hombres y mujeres”

Otro crimen morisco… en "Britanistán" !!!

8 de mayo de 2010

Young father has face sliced open in race attack as his

terrified son, 5, looks on

By Daily Mail Reporter
Last updated at 3:36 PM on 5th May 2010

Enlarge   Reece Johnson Victim: Reece Johnson, 23, has been scarred for life after the random attack

A young father was slashed across the face as his five-year-old son looked on in what claimed was a random ‘anti-white’ revenge attack sparked by the murder of an Asian teenager.

Reece Johnson told how he and his son, Tyrel, were walking with Mr Johnson’s girlfriend when a mob of 20 Asian youths surrounded him.

He claims one of the youths said, ‘Your lot killed one of ours’, before he was set upon.

The attack ended when one of the gang sliced open his left cheek with a craft knife.

As Tyrel screamed in horror, his father was left reeling with a giant gaping wound in his face which later needed 68 stitches.

Police are investigating whether the attack was sparked by the murder of student Saffer Khan, 19, by two white youths in the same area more than two years ago.

Mr Johnson, a labourer from Great Lever, near Bolton, today said: ‘My face is a mess but the fact is I’m very lucky to be alive.

‘The doctors told me if the blade had continued another few millimetres then it would have hit my jugular vein. The nurse said it must have been a very sharp blade, like a razor.

‘She said another finger tip across my neck and that would have been it, I would have died. These guys picked on me for no other reason than because I was a white and killers of that young lad were white.

‘It’s just unbelievable. Obviously I had nothing to do with what happened to Mr Khan yet I was tarred with the same brush as the killers simply because of the colour of my skin.

‘I’m scarred for life now and people might look at me and think I?m a violent thug.’

Mr Johnson had been for a day out with the friends in Blackpool and was walking past the entrance of Bobby Heywood Park in Great Lever where Mr Khan was beaten to death by two teenagers in November 2007.

Mr Johnson said: ‘I was with my son and a girlfriend when this mob of 20 Asian youths came up to us. They were saying “Your lot killed one of ours” – meaning white people killed an Asian lad.

‘One of the guys was acting aggressively and the group was swearing and hurling racist abuse. They attacked me because of the colour of my skin. They were very racist.

‘I saw one of them in front of me with a small hand knife and I was watching him. But then another lad came at the side of me and punched me and that’s when I was slashed.

Enlarge   Heywood Park in Great Lever Crime scene: Mr Johnson was set upon near the entrance to Heywood Park in Great Lever, Bolton. He was rushed to hospital, where medics told him he could have bled to death

‘I was scared for my life. The lads who attacked me have no respect. My little son was with me – he’s five years old and he was traumatised.

‘He was screaming, clinging on to one of my friend’s legs.’

Mr Johnson was taken to a specialist facial unit at the Royal Blackburn Hospital on Saturday night. He was given 20 stitches inside his face and another 48 on the outside.

He left hospital at 6.30am on Sunday and is now recovering at his parents’ home.

race attackThe cause: Joseph Booth pleaded guilty to the murder of Seffar Iqbal Khan in 2008

The father-of-three said he and his girlfriend will now move home because they are scared to return to the area.

He said his son has been badly affected by the attack.

Mr Johnson added: ‘Tyrel was very upset, he was hysterical. He woke up the other night crying. That is not normal for him. There are people in the community that know who has done it but it is whether they are brave enough to admit it.’

A Greater Manchester police spokesman said: ‘The 23-year-old man had been out with his girlfriend when he was confronted by a group of up to 20 youths.

‘An argument broke out and during this, the man was slashed across the left cheek, suffering a six-inch wound. Inquiries are ongoing.’   A 16-year-old was arrested but later released without charge.

Mr Khan was kicked to death by 18-year old Joseph Booth who ripped off an electronic tag he had been ordered to wear as a condition of his early release from jail.

Manchester Crown Court was told in the hours before the killing Booth had been on a boozing spree and after downing cheap cider simply broke open the tag and threw it away.

As the authorities alerted by a fault on the tag began a search for Booth, the teenager and a 15-year old boy began prowling the park looking for a victim to mug and ambushed Mr Khan who was punched kicked and and had his head stamped on.

Booth and the 15-year old were later jailed for life for murder.

asesinatos de ciudadanos “blancos” en Sudáfrika

13 de abril de 2010

Copiamos de

http://www.minutodigital.com/noticias/2010/04/12/los-blancos-se-van-de-sudafrica/

lo siguiente:

El ‘racismo inverso’ de Sudáfrica

Redacción | Publicado el 12 Abril, 2010 | Comentarios desactivados

Con tres homicidios cometidos la semana pasada, el número de granjeros blancos asesinados en Sudáfrica desde el fin del Apartheid, supera ya los 3.000.

El estado vecino Zimbabue, inició en 2000 una política de intimidación tras la que más de 4.000 granjeros blancos fueron forzados a abandonar su tierra, y por la que resultaron asesinadas unas 20 personas. La situación en Sudáfrica es mucho más peligrosa. En ése territorio viven 40.000 granjeros blancos que podrían ser víctimas de las agrupaciones radicales vinculadas con la organización juvenil del partido gobernante, el Congreso Nacional Africano. Hace poco su líder, Julius Malema, cantó públicamente la canción ‘Mata al Afrikaner” (Los afrikaner son los descendientes de los holandeses que fundaron la república Sudafricana). El representante de la Alianza Democrática de la oposición, Tom Stokes, reprobó con firmeza esta acción, afirmando que la asociación del CNA con la llamada a matar a los afrikaners no podía ser justificada.

La política de Apartheid protagonizó la vida política sudafricana desde 1948 hasta 1994, pero actualmente la situación ha cambiado. La minoría de los blancos del país casi no puede influir sobre su política interior, y temen por el menosprecio de sus derechos en muchas esferas de la vida social.

LOS BLANCOS QUE PUEDEN… SE VAN

Lo han bautizado como el Great Trek (la Gran Expedición) al revés. El fenómeno inverso a la incursión entre 1830 y 1840 de centenares de granjeros blancos, la mayoría descendientes de holandeses, en las regiones interiores de Suráfrica en busca de nuevas tierras donde asentarse y forjar un futuro para sus familias. Ahora, el Great Trek no se hace con carromatos de bueyes y aperos de labranza, sino en avión hacia Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos o Canadá y supone una fuga de capital humano especializado que puede hipotecar el crecimiento económico del país. Se calcula que un millón de blancos ha abandonado Suráfrica en los últimos años, un fenómeno que continuará, y del que se culpa a la alta criminalidad que sufre el país y a las políticas de discriminación positiva del Gobierno en beneficio de la población negra.

De una población total de 45 millones de habitantes en 1995, los blancos surafricanos alcanzaban los 5,2 millones. Hoy esa cifra podría no llegar a los 3 millones.

Los que emigran son jóvenes profesionales y parejas con hijos menores de 10 años. Las consecuencias a largo plazo son nefastas para la economía surafricana, tanto por la pérdida de profesionales especializados, de los que el país se encuentra carente, como por la pérdida de contribuyentes a las arcas del Estado. La población blanca envejece y sólo pagará impuestos durante los próximos 20 años, según un estudio publicado por el Instituto Surafricano de Relaciones Raciales, cuyos autores son Frans Cronjé y Marco Macfarlane. Mientras, la población negra se emplea en el sector informal, que no paga impuestos.

Cronjé y Macfarlane creen que la alta criminalidad es la responsable de este éxodo. Suráfrica es uno de los países más peligrosos del mundo, de acuerdo con las estadísticas.

DISCRIMINACIÓN POCO POSITIVA

Las políticas de discriminación positiva emprendidas por el Gobierno del Congreso Nacional Africano (ANC, en sus siglas en inglés) han sido duramente criticadas -y no sólo por los partidos de la oposición- por no ser efectivas en la lucha contra la pobreza y el desempleo, que se sitúa en más del 40% (en algunos guetos como Soweto la cifra puede llegar al 70% entre los jóvenes de entre 20 y 30 años).

La política llamada de BEE (Black Economic Empowerment, es decir, la potenciación económica negra) ha supuesto la llegada a la élite económica de Suráfrica de un número de empresarios negros, convertidos rápidamente en millonarios, algunos de ellos sospechosamente ligados al ANC, y una tímida generación de clase media, pero aún exigua.

La fuga de cerebros, de no frenarse o suplirse de alguna manera, sólo puede empeorar la situación: “Tendría que haber un enorme flujo de trabajadores capacitados para suplir las vacantes, y desafortunadamente ése no es el caso”, dice Cronjé.

Se calcula que por cada trabajador especializado que emigra del país se dejan de generar 10 puestos de trabajo de menor especialización.

La falta de trabajadores con una especialización, ocasionada por la fuga de cerebros, es especialmente notoria en el sector sanitario, exhausto además por tener que lidiar con la pandemia del sida, con más de cinco millones de surafricanos afectados, una de las cifras más altas del mundo.

Se calcula que existen 32.000 vacantes sólo de enfermeras en el sector público y, pese a que se ha puesto en marcha un plan para la construcción de hospitales y la mejora de los salarios y las condiciones laborales de los trabajadores, el éxodo sigue imparable. Suráfrica ha tenido que firmar un pacto con Reino Unido para que éste no contrate a sus médicos y enfermeros (el 6% del personal médico en tierras inglesas es surafricano). Suráfrica se ve obligada a contratar médicos de países más pobres, con lo que se empeora la situación sanitaria de otros, como Ghana, que tiene más médicos trabajando fuera del país que dentro.

más sobre un crimen silenciado: DRESDEN

20 de febrero de 2010

Del blog filosofía crítica tomamos el siguiente comentario:

La noche del 13 al 14 de febrero de 1945, a las 23.13 h., los aliados occidentales desencadenaron la mayor atrocidad en su directriz estratégica de exterminio aéreo de la población germana. El objetivo fue esta vez la bellísima localidad sajona de Dresde, repleta de refugiados que huían del Este, donde el Ejército Rojo ya había dado muestras de lo que significaba en realidad la supuesta “cruzada antifascista en defensa de los derechos humanos y de la civilización”, con millones de víctimas civiles. En Dresde se  trataba de quemar vivos a unos 160.000 ancianos, mujeres y niños acampados en las calles, además de  los 640.000 habitantes de la ciudad. Dresde carecía de toda importancia militar y además Alemania estaba ya completamente derrotada por esas fechas. La masacre no tiene justificación. Sólo puede explicarse como consumación de una política de exterminio diseñada por judíos estadounidenses y que empezó a ponerse en práctica ya en 1941 con el  plan del Bomber Command británico de asesinar mediante incineración a 15 millones de civiles alemanes. Por las mismas fechas, las autoridades alemanas planeaban trasladar a los judíos a Madagascar, es decir, a la sazón no tenían intención de exterminarlos. Más tarde, ante los cadáveres quemados de centenares de miles de personas inocentes, en algunos casos sus propios familiares, cuya horrible muerte no podrían ya olvidar, los nazis que custodiaban los campos de concentración perderían todo escrúpulo moral con respecto a los judíos. El mayor ejemplo de inhumanidad se lo dieron a los ciudadanos del Tercer Reich los demócratas y progresistas, aliados del tirano Stalin. Dresde es sólo el símbolo de lo que representó una de las líneas de actuación en el proyecto de genocidio contra los alemanes, a saber, la mal llamada “guerra aérea” en forma de “bombardeo moral”. En el presente post pretendemos demostrar que todos los tópicos con que se ha pretendido justificar las atrocidades de los aviadores británicos ocultan la realidad de una voluntad genocida que queda perfectamente reflejada en Dresde, carnicería gratuita e inútil carente de la más mínima coartada técnico-militar, jurídica o política. Sólo una mente criminal puede agazaparse detrás de un hecho histórico como el bombardeo de Dresde, pero también de todas las actuaciones pseudo militares similares que precedieron y siguieron a ésta. No nos engañemos ya más: se trataba de matar al máximo número de alemanes que fuera posible: por tierra los comunistas rusos, como auténticas hordas de violadores y asesinos, se encargaban de ello a destajo y con placer; por aire eran los aliados occidentales quienes mostraban el significado de la palabra “democracia” frente a la “barbarie” nazi. Más tarde, y ya en tiempo de paz, vendrían las hambrunas organizadas contra los prisioneros de guerra y los civiles de la nación vencida a efectos de conseguir su empequeñecimiento demográfico. La ofensiva aérea representó, por tanto, sólo el primer recurso en la implementación del “plan Kaufmann” Germany must perish, ideado por el judío Theodore N. Kaufmann antes de que empezara el holocausto y culminado en 1945 por otro judío: el banquero neoyorkino Henry Morgenthau.

(continuará)


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