Archive for the ‘HITLER’ Category

“Los éxitos de Hitler”

18 de marzo de 2011

“Es evidente que el nombre de Hitler se asocia a lo peor del ser humano. (…).”

“(…).Lo que tampoco logro entender es que la sociedad ponga el grito en el cielo cuando aparecen bandas de neonazis, cuando lo cierto es que la información sobre Hitler es abrumadora. No es de extrañar pues, que tras semejante promoción de Hitler, siempre surjan admiradores. Incluso aunque esa promoción sea tan negativa como es el caso de Hitler.

Pero hubo una época en la que Hitler fue un personaje muy popular, admirado y querido, tanto en Alemania como en el extranjero. Hacia 1937 Hitler consiguió éxitos impresionantes.  En solo cuatro años logró elevar la calidad de vida de los alemanes a unos niveles no conocidos. Consiguió elevar la calidad de los servicios sanitarios “a un grado tal que muchos extranjeros quedaron impresionados” (J.Toland). La mortalidad infantil se redujo drásticamente. Muchas enfermedades, como la tuberculosis, disminuyeron notablemente. Los jóvenes tenían una buena forma física. El diputado británico Arnold Wilson quedó tan impresionado que escribió “hasta las personas más pobres van mejor vestidas que antes, y sus rostros alegres atestiguan su buena salud psicológica”. Continuo con Toland: “las condiciones de trabajo mejoraron con más ventanas, menos hacinamientos y mejores lavabos. Todas las oficinas y talleres se mantenían limpios y ordenados; había flores en abundancia, de modo que los trabajadores pudieran también disfrutar su entorno. Nunca el obrero había gozado de privilegios semejantes”. A los obreros se les ofrecía acceso a la cultura y podían ver gratis teatro, exposiciones, películas y cursos educativos. Como ya hemos visto, se inicio lo que ahora conocemos como “turismo”. Hitler pretendió extender la igualdad en todo el país. Incluso el explorador judío Sven Hedin escribió que “Hitler estaba dotado de una pasión irrefrenable por la justicia, una visión política inspirada, una perspicacia infalible y una preocupación genuina por el bienestar de los conciudadanos”.

Toland dijo que si Hitler hubiera muerto en 1937 “sin lugar a dudas habría bajado a la tumba como una de las figuras más grandes de la historia alemana”. De la misma forma que no se puede dudar de que Hitler fue un personaje nefasto para millones de personas, tampoco se puede dudar de su preocupación por el bienestar de sus ciudadanos. En alguna ocasión ya he hablado sobre las ideas de Hitler. Muchas de ellas nos parecen ahora lógicas, pero no cabe duda de que fue un adelantado a su época. Según Toland ” preveía otras innovaciones para el futuro. En las grandes ciudades habría aparcamientos subterráneos automatizados, centros libres de tránsito, numeroso parques y espacios verdes, y un control estricto de la contaminación. Como parte de su obsesión personal por la limpieza, el problema de la polución lo preocupaba de tal modo que exhortaba a la industria a comprometerse con la eliminación completa de los gases nocivos”. Como vemos, Hitler ya se anticipó a los problemas de contaminación que sufrimos en la actualidad y cabe preguntarse si con un Hitler triunfante hubiera sido posible el deterioro de la capa de ozono.

Otro logro importante en la política de Hitler fue la consecución del pleno empleo, algo que pocos regímenes han conseguido. Como es conocido, Hitler fue un apasionado de la arquitectura y el urbanismo. En la biografía de Toland podemos leer en boca de Hitler:

“El espacio es esencial y me deleita ver a nuestros arquitectos trazar proyectos amplios y espaciosos. Sólo así evitaremos el surgimiento de ciudades en las que las casas están amontonadas casi unas encima de las otras, como puede verse en Zwickau, Gelsenkirchen y muchas más. Si me desterraran a una ciudad de este tipo, privada de toda belleza, perdería el ánimo y la alegría con tanta seguridad como si me desterraran de mi patria. Por lo tanto estoy decidido a que por lo menos cierto grado de cultura y belleza penetre hasta la más humilde de nuestras aldeas para que, paso a paso, el atractivo de todas nuestras ciudades alcance un grado elevado”

En todo caso, lo cierto es que las democracias ven en Hitler a un peligro porque su régimen ha sido la única alternativa con éxito que ha surgido en la historia. Ningún otro regimen cosechó los éxitos de Hitler. Es evidente que las democracias “copiaron” muchas de las ideas de Hitler.

http://estudiodehitler.blogspot.com/2009/11/los-exitos-de-hitler.html

Nota de JRANIA: Espero que Nacho no tenga inconveniente en que haya copiado una muestra de su interesantsima aportación en la investigación de la verdad histórica.

…AHORA nos dicen que acaba la I guerra mundial…

3 de octubre de 2010

Es asombroso el cinismo de los poderes mundialistas que, hoy 3 de octubre de 2010, nos informan que Alemania acada de pagar el último centavo de una astronómica cantidad de dinero… No nos dicen a “quiénes” ha estado pagando durante 92 años… sin que hasta ahora se hayan dignado de informar –ni siquiera al sacrificado pueblo alemán– de que la dictadura del Tratado de Varsovia estaba en plena vigencia…

También es significativo de  que el diario New York Times se haya hecho eco de un nuevo fenómeno que se está produciendo en Alemania…: el renacer del “orgullo alemán”… lo llaman… :

Jens John raising a variation of the German flag in his garden in Brandenburg an der Havel, Germany.

BERLIN — As a youth in the 1950s, the film director Volker Schlöndorff tried to hide his German origins by learning to speak unaccented French. This summer, his daughter painted German flags on her cheeks and joined crowds of thousands on the Kurfürstendamm, a historic avenue, waving their black, red and gold banners to celebrate the country’s World
Elena Schlöndorff confessed that she never watched her father’s Academy Award-winning adaptation of “The Tin Drum,” Günter Grass’s World War II epic, until a new director’s cut was released earlier this year. She had little interest in the Nazi era. “I don’t really feel touched by it,” said Ms. Schlöndorff, 18, with a teenage shrug. “In our generation, we’ve gotten past it.”

Twenty years after reunification, Germany has come to terms with itself in a way that the postwar generation proclaimed would never be possible and Ms. Schlöndorff’s post-Berlin Wall generation finds completely natural.

The shift is evident on the airwaves, where German songs are staging a comeback against the dominance of American pop, and in best sellers about Goethe and Schiller or in discovering Germany by foot, by car and by train from the Bavarian Alps to the old Hanseatic ports on the Baltic Sea.

In Parliament, politicians have debated ending conscription, threatening the post-Nazi ideal of an army of ordinary citizens, as German soldiers fight in Afghanistan. Despite fears of rising income inequality, Germany’s economic engine is humming and unemployment has fallen significantly in the former East Germany.

And Chancellor Angela Merkel has led a bloc of countries fending off President Obama’s calls for stimulus spending to combat the economic crisis, certain that the world should follow Germany’s example of austerity.

German pride did not die after the country’s defeat in World War II. Instead, like Sleeping Beauty in the Brothers Grimm version of the folk tale, it only fell into a deep slumber. The country has now awakened, ready to celebrate its economic ingenuity, its cultural treasures and the unsullied stretches of its history.

As Germany embarks on this journey of self-discovery, the question is whether it will leave behind a European project which was built in no small measure on the nation’s postwar guilt and on its pocketbook.

“Maybe it’s our time again,” said Catherine Mendle, 25, a school social worker strolling the grounds and halls of the square glass and concrete Chancellery building on a recent afternoon as part of a government open house. A military band played in the background, and Mrs. Merkel signed autographs for curious visitors.

“We have this extreme helper syndrome, to try to make the world love us again, and it’s completely overdone,” Ms. Mendle said. Germany, she said, had been reduced to simple stereotypes — Oktoberfest, auto factories, the Holocaust. Its rich traditions in music and literature, and its enduring emphasis on social welfare and a strong commitment to the environment, deserve more respect abroad and at home, Ms. Mendle said.

When Mr. Grass’s latest book came out in August, it was not the sort of recapitulation of Nazi crimes that made the Nobel Prize-winning writer world famous, but a “declaration of love,” as the subtitle states, to Jacob and Wilhelm Grimm’s collection of German words into an unfinished dictionary.

“There is a lust to explore our contribution to world culture in Germany right now,” said Matthias Matussek, a journalist for the magazine Der Spiegel and author of a book exploring reasons Germans could be proud. His book generated significant controversy when it appeared in 2006 and now would be “just one of dozens on the shelf,” Mr. Matussek said.

In ways large and small Germany is flexing its muscles and reasserting a long-repressed national pride. Dozens of recent interviews across the country, with workers and businessmen, politicians and homemakers, artists and intellectuals, found a country more at ease with itself and its symbols, like its flag and its national anthem — a people still aware of their country’s history, but less willing to let it dictate their actions.

Concerns and Cautions

The change has not been universally welcomed, even in Germany. It has led to unusual scenes, such as antinationalist German leftists twice tearing down a more than 50-foot German flag that Lebanese immigrants had draped down the front of a building in the Berlin neighborhood of Neukölln this summer during the World Cup, when a soccer team full of immigrants’ children captivated the country.

There are fears of emerging (or resurgent) chauvinism, seen recently in broadsides against Muslims by Thilo Sarrazin, who is stepping down from the board of the German central bank, after publishing a divisive best seller saying that Muslim immigrants are draining the social-welfare state and reproducing faster than ethnic Germans.

Diplomats and politicians have voiced rising concern over Germany’s direction in recent years, whether in striking a contentious gas-pipeline deal with Russia or blocking NATO membership for Georgia and Ukraine.

The leading philosopher Jürgen Habermas warned recently that Germany had become a “self-absorbed colossus.” The financier George Soros said this summer in a speech in Berlin that the government was “endangering the European Union” with its economic policies.
Refugiados alemanes (“Sudetes”) expulsados por  las autoridades de Checoslovaquia…

los Sudetes,

Nota de JRANIA: Por su parte, EL PAIS (Madrid, 3 oct.2010) publica hoy el siguiente artículo:

Dice el refrán que las deudas del juego son deudas de honor. Las de la guerra, también. Y si no, que se lo digan a la canciller alemana, Angela Merkel, que hoy abonará el último pago correspondiente a las indemnizaciones de guerra que los países vencedores impusieron a Alemania tras su rendición en la Primera Guerra Mundial. Todo quedó plasmado en el Tratado de Versalles, firmado el 28 de junio de 1919, que de esta manera se podrá dar formalmente por expirado.

Algunas deudas quedaron en suspenso hasta que Alemania volviera a ser un Estado unificado

El pago pone fin, 92 años después, a un tratado considerado por muchos historiadores como una chapuza

Recién terminada la Gran Guerra (1914-1918) -el episodio que el historiador estadounidense George F. Kennan define como “la madre de todos los desastres de siglo XX”- y tras un armisticio firmado en un vagón de tren en Compiègne, la Alemania derrotada suscribió un tratado de paz que entre otras condiciones leoninas imponía a Berlín el pago de fortísimas indemnizaciones de guerra, en concreto 226.000 millones de marcos del Reich, suma que fue reducida poco después a 132.000 millones. Desde entonces, a Alemania le ha pasado prácticamente de todo: se hundió en la depresión, vivió el delirio del nazismo, desencadenó una guerra mundial, fue nuevamente derrotada -y esta vez troceada-, fue escenario mudo de cómo se medían las dos mayores superpotencias de la Tierra, construyó el mayor símbolo de división del siglo XX y luego lo derribó, se reunificó y pasó a ser la locomotora de Europa. En medio de estos avatares, el Tratado de Versalles y algunas de sus cláusulas siempre estuvieron allí.

Y precisamente coincidiendo con el 20º aniversario de la reunificación alemana, la Oficina Federal de Servicios Centrales y Asuntos de Propiedad Irresueltos (BADV en sus siglas en alemán) abonará 70 millones de euros correspondientes a unos bonos emitidos para pagar la deuda. Al cambio actual, Alemania habrá pagado en total unos 337.000 millones de euros.

“¿Pero todavía estamos pagando por la Primera Guerra Mundial?”, se sorprende Thomas Hanke, editorialista del diario económico alemán Handelsblatt. Una sorpresa similar a la de la mayoría de la opinión pública alemana. Unos, los más, creían que el Tratado de Versalles era cosa ya de los libros de historia, y otros, los menos, estaban convencidos de que aquello había quedado solventado en la Conferencia de Londres de 1953, cuando a la vista de la monumental deuda contraída por Alemania en la que los intereses superaban largamente al capital, a lo que había que sumar las indemnizaciones de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), se decidió reestructurar los pagos que debía realizar la entonces República Federal de Alemania, considerada heredera legal del Reich hitleriano.

Los pagos quedaban perfectamente estructurados y definidos, pero, como suele suceder, los acuerdos de la Conferencia de Londres tenían letra pequeña. Y esta decía que algunas deudas de la Primera Guerra Mundial (unos 3.076 millones de euros de hoy correspondientes a intereses) quedaban en suspenso hasta que Alemania volviera a estar reunificada, algo que en un país destruido física y moralmente, ocupado, dividido y con la guerra fría en sus inicios, parecía más una versión moderna del ad calendas graecas que una previsión realista de cumplimiento total del tratado.

Pero en noviembre de 1989, la historia de Europa dio un giro inesperado cuando miles de berlineses se subieron al Muro y comenzaron a derribarlo. Así, mientras un año después los fuegos artificiales iluminaban la puerta de Brandeburgo a los sones de la Novena sinfonía de Beethoven, celebrando el renacimiento de la Alemania unida, de una manera más discreta, la Administración alemana comenzaba a pagar de nuevo esta parte de la deuda. Pocos suponían entonces en el centro de Berlín que el Tratado de Versalles seguía en vigor. El pasado miércoles, el Ministerio de Finanzas alemán explicaba la operación y añadía que “ya desde los años ochenta se ha pagado además la deuda externa alemana anterior a la guerra mundial”. El mensaje es claro. Alemania no se olvida de sus deudas.

“En general, la población alemana está de acuerdo en reparar el daño que ha hecho, si bien hay una notable diferencia entre la Primera Guerra Mundial y la Segunda”, explica Hanke. “Lo que no se acepta tan bien es que se trate de forzar la postura alemana en determinados temas internacionales con el argumento de que ‘vosotros iniciasteis la guerra”.

Con el pago terminan 92 años de un tratado que algunos de los más reputados historiadores alemanes consideran una chapuza en sus términos económicos. “Que la suma total de las indemnizaciones no fuera fijada por el tratado de paz tuvo consecuencias fatales: la constante incertidumbre sobre el volumen de la indemnización impidió que los potenciales donantes valorasen la solvencia de Alemania, con lo que cerraba la posibilidad de que Alemania pudiera pedir préstamos al extranjero a largo plazo”, subraya Heinrich August Winkler en su libro Der lange Weg nach Westen (El largo camino al oeste). Alemania no podía pagar, y al faltar a sus obligaciones en 1923, vio cómo Bélgica y Holanda invadían con 70.000 soldados su cuenca minera. El paro pasó del 2% al 23%; la inflación se desbocó; y el país se precipitó a un abismo social al final del cual esperaba Adolf Hitler. Pero esto, al igual que ocurre desde hoy con el Tratado de Versalles, ya es historia.


A %d blogueros les gusta esto: