Posts Tagged ‘Filosofía’

Fundamentos de F. / Lógica / AMP /

24 de abril de 2017

Fundamentos de F. / Lógica / AMP /
By Vuelosinfin
LÓGICA

PRIMERA PARTE

EL ENTE LÓGICO

CAPÍTULO III

OBJETO Y NATURALEZA DE LA LÓGICA

La lógica como instrumento de la ciencia

Toda ciencia supone en el hombre la capacidad natural del entendimiento para inferir unas verdades de otras. Si el hombre no tuviera este poder, no le sería dado establecer la prueba [1] de ninguna verdad, y sus conocimientos, por tanto, no serían “científicos”. A esa capacidad de deducción, sin la cual no es posible ciencia alguna, se la denomina en filosofía “lógica natural”, y no es otra cosa que el poder discursivo del entendimiento, empleado lo mismo en la ciencia que en cualquier clase de raciocinio. Todo hombre, por ende, aunque no haya hecho ciencia, tiene en principio la capacidad de hacerla, gracias precisamente a esa lógica natural de su entendimiento.

No significa esto, sin embargo, que “entendimiento” y “lógica natural” sean exactamente lo mismo. Cuando se infiere una conclusión, es el entendimiento el que la obtiene; pero esto no quiere decir que la haya extraído de su propio ser. El entendimiento es el poder humano que logra inferir una conclusión; pero esta, no obstante, de lo que resulta objetivamente obtenida es de una “premisa“, es decir, de algo antepuesto y que hace de principio activo sobre el entendimiento. Por eso, con distintas premisas logra el entendimiento, que es el mismo, conclusiones distintas.

Siendo ello así, se comprende que el entendimiento, enteramente desnudo de toda noticia, no pueda elaborar ninguna conclusión. Lo único que tiene es un poder abstracto, todavía ineficaz, y que está, por así decirlo, aguardando principios sobre los cuales ejercer su fuerza. De estos principios podrá extraer una conclusión, y de estas, sucesivamente otras; pero si falta lo pri­mero, no podrá hacer absolutamente nada.

En general, se conviene en llamar “primeros principios” a las verdades enteramente evidentes en que se apoyan tanto las conclusiones de la ciencia como las de cualquier raciocinio vulgar. Y que esos principios primeros hayan de ser verdades evidentes, y además conocidas por todos, es cosa que fácilmente se echa de ver si se tiene en cuenta que, para ser primeros, no han de ser demostrables por otras, y que si de ellos han de partir las ciencias, no deberá hacer falta ciencia alguna para su posesión. De ahí que Tomás DE AQUINO los haya denominado “semillas de las ciencias”[2], como gérmenes de todo conocimiento científico.

Ni el entendimiento sin los primeros principios, ni estos sin aquel, pueden dar lugar a conclusiones. Tal es la razón por la cual lo que arriba llamamos lógica natural no se identifica estrictamente con el entendimiento, sino que es este mismo, pero en cuanto ya tiene los principios primeros. Y es claro, por lo demás, que no hay ningún problema tocante a la necesidad de esta lógica natural o precientífica; sin ella toro raciocinio es imposible.

Otra cosa es, no obstante, que con ella se tenga todo lo que es preciso para el difícil cometido de la ciencia. ¿No será necesaria en el quehacer científico, además de la lógica natural, otra especie de lógica conocida y refleja? Si la razón es el instrumento de la ciencia, ¿no será, al menos, conveniente que conozcamos este instrumento y nos aseguremos de la mejor manera de entenderlo?

Esta cuestión no se plantearla, tal como acaba de hacerse, si el poder discursivo de la mente fuese algo infalible, es decir, si por fortuna estuviera constreñido a proceder siempre de una manera ordenada, expedita y sin posibilidad de error. Mas la propia experiencia nos enseña que en muchas ocasiones caemos en in-voluntarios errores, o no procedemos de una manera enteramente sistemática, o tal vez nos envolvemos en dificultades que no di-manan siempre, por completo, de las cosas mismas[3]. Por todo lo cual, aunque el poder de nuestro entendimiento sea realmente bueno y efectivo, no parece que sobre, sino que sea muy conve­niente rectificarlo con el conocimiento de su legalidad y de las condiciones de su empleo. De esta suerte aparece la idea de una lógica científica, que comienza por ser un arte lógica: una técnica, sistemáticamente elaborada, del uso de la razón. Así ocurrió en los tiempos de ARISTÓTELES, quien concebía la Lógica como un οργανον (instrumento) de la ciencia.

Se ha discutido mucho acerca de si esta lógica es, o no, enteramente indispensable para el ejercicio de toda actividad científica. Pos supuesto, la lógica natural queda fuera de problema; sin ella seria imposible la misma adquisición de una presunta lógica artificial. No parece, en cambio, que esta última sea absolutamente necesaria para la ciencia; de la misma manera que tampoco el artista ha menester de reflexiones estéticas, sino que puedebastarle, de hecho, el dejarse llevar de su instinto creador. No obstante, aunque es cierto que todo lo que se hace según arte puede hacerse también de una manera natural, no lo es menos que en el último modo de proceder existe siempre riesgo, y en los largos procesos científicos este riesgo es verdaderamente serio. En tales procesos se hace con frecuencia necesario volver la vista atrás, esto es, reflexionar; de tal manera, que lo que entonces se toma en consideración no son las cosas mismas de que la ciencia en cuestión se ocupe, sino las series y cadenas conceptuales que intelectualmente las enlazan.

Al encontrarse en esta situación el “científico” asume de hecho el oficio y papel del “lógico”. Hace lógica y la adquiere, por cuya adquisición se capacita para llevar su tarea a un grado de perfección intelectual, que no tendría si únicamente se gobernara por la lógica instintiva o natural. De ahí que la opinión más extendida, entro quienes discuten el problema de la necesidad de la lógica para la ciencia, sea la que sustenta que un arte lógica, aunque no indispensable para la ciencia en estado imperfecto, es necesaria, en cambio, para la perfección interna de todo quehacer científico.

Como instrumento del saber, la lógica no es propiamente una ciencia al lado de las demás. Sus enseñanzas no interesan tanto por sí mismas cuanto por su servicio y utilidad para las otras ciencias [4]. Por ello, así entendida como órgano científico, no es realmente parte de la filosofía, sino una cierta ciencia precientífica o, en general, un arte de las artes o ciencia de las ciencias. Tal 1ógica artificial -precientífica en un sentido muy diferente del que conviene a la lógica natural- se hace posible merced a la capacidad que la razón tiene de reflexionar sobre sí misma, y por ello se dice que la lógica es ciencia racional en un doble sentido: de una manera genérica, en cuanto que, como toda ciencia o arte, ha de ser racionalmente elaborada; y de una manera específica, en cuanto que el objeto o materia de su estudio es justamente la misma razón en su ordenación a la verdad.

El objeto de la lógica

Hasta aquí hemos venido considerando el posible objetivo de la lógica o, lo que es lo mismo, su finalidad. Conviene ahora que procedamos a determinar su objeto, es decir, la materia sobre la cual versan las consideraciones de la lógica. Algo de esto queda establecido en lo que se ha venido diciendo, pues sabemos que el arte lógica se refiere a algo que afecta a todo arte y toda ciencia, y que ello es justamente la razón en cuanto está ordenada a la verdad. De modo general puede afirmarse, por tanto, que la razón es el tema de la lógica.

Pero ahora se trata de precisar y profundizar esta vaga noción. Comencemos por unas consideraciones do carácter muy amplio. Todo arte o técnica se refiere a alguna actividad humana, para la cual establece normas directivas. Tales normas suponen la existencia de estas tres cosas : 1) la facultad o poder del cual emana la actividad que se trata de dirigir; 2) una finalidad, que se intenta lograr poniendo en juego ese poder activo; 3) la posibilidad de que este, aun cuando tenga capacidad para alcanzar aquel fin, sea defectible, es decir, que no llegue a veces a alcanzarlo, o que lo haga con dificultades que conviene anular. Ninguna de estas tres cosas es estudiada aisladamente por el arte o técnica que las supone, sino las tres, precisamente en su mutua relación.

De esta manera la lógica, por su parte, no ha de estudiar la razón o poder discursivo en sí mismo, sino que se interesará por la razón únicamente en la medida en que esta es un poder al que cabe fijar la finalidad de hacer ciencia. Tampoco ha de estudiar la lógica a la ciencia como algo aislado y sin conexión con la razón, sino que la tomará como algo elaborado por esta, como una cierta obra de la razón. Por último, tampoco es la lógica una simple meditación ineficaz de la posibilidad que la razón tiene de desviarse en la búsqueda de la verdad científica. La lógica cuenta con tal posibilidad; pero de lo que se trata es de evitar los riesgos consiguientes, o sea, de aproximar de una manera fácil y adecuada la razón a su obra científica.

Es claro, en suma, que si bien la razón puede desfigurar la verdad, le es hacedero y esencial “configurarla”, lo cual, por cierto, es cosa muy distinta de crearla. Tal configuración es justamente lo que la razón pone, por su parte, en la ciencia. Lo demás viene de las cosas mismas. Naturalmente, el modo de reunir y ordenar las cosas en estructuras científicas (a lo cual se reduce, en definitiva, aquella configuración) no ha de ser arbitrario y caprichoso; antes bien, deberá estar fundamentado en el modo de ser natural de las cosas mismas. Mas no depende únicamente de estas, sino que es consecuencia también del peculiar modo de ser de la razón: según reza el adagio de la Escuela, que afirma que todo lo que se recibe es recibido según el modo del recipiente [5].

Conviene, pues, distinguir en toda ciencia, de una manera general, lo que la razón toma a las cosas y lo que ella, por su parte, añade. Y eso que añade no puede ser, a su vez, cosa alguna real, pues en tal caso la razón no configuraría la verdad, sino que ciertamente la desfiguraría, dándole un incremento que no posee de suyo. Lo que la razón pone en la ciencia no es más -según se dijo arriba- que la ordenación y encadenamiento de las cosas en el organismo científico.

Todas las ciencias se nos presentan, de este modo, como articulaciones o sistemas de verdades. Pero aunque toda ciencia ordene sus objetos, esto no significa que estudie la ordenación en sí misma. Lo que realmente estudia son los objetos o cosas que va enlazando en sistema. Ahora bien: no es imposible una disciplina que, en vez de estudiar las cosas mismas, se haga cargo del modo como las ordenamos en la ciencia. Tal disciplina no sería ya una ciencia como las otras, una ciencia de objetos o de cosas, sino una ciencia de las ciencias: un estudio cuyo tema sería la ordenación de los objetos en el sistema científico.

La lógica es precisamente ese estudio. La ciencia de la razón, de que hemos venido hablando, no pretende sustituir a ninguna otra ciencia. Su tema es la obra de la razón en el conocimiento: el artificio, que podernos llamar “lógico”, por el que las cosas se organizan y articulan en estructuras científicas. Que ese artificio o dispositivo esté bien establecido, rectamente logrado, es, por cierto, la finalidad de la lógica considerada como arte o técnica de la razón. Pero es claro que esta finalidad no se puede cumplir más que teniendo el conocimiento de las leyes internas de aquel artificio: sabiendo cómo es, de qué factores y elementos se compone, cuáles sean las maneras de enlazar o reunir sus componentes. En una palabra, el arte de la razón requiere una ciencia del artificio lógico, la cual no estudiará los elementos reales de la ciencia (a saber, las cosas mismas), sino sus elementos racionales, es decir, los que la razón pone, fundándose en aquellos, para ordenarlos en forma de sistema.

La ciencia del artificio lógico, supuesta por el arte de la razón, no es la psicología. Esta se ocupa de la razón como algo real, siendo, por tanto, en este sentido, una ciencia como otra cualquiera de las que estudian objetos o cosas reales: y ya hemos dicho que lo que aquí interesa no es nada “real”. sino la ordenación artificial que se da en toda ciencia, hasta en la propia psicología. Se llama psicologismo, en el dominio de las teorías sobre la lógica, a la manera de entender a esta, según la cual es la psicología la ciencia que fundamenta al arte de la razón [6]. Si todo arte ha de fundamentarse en una ciencia, la lógica-arte estaría sustentada, según esto, por la ciencia psicológica. En definitiva, la lógica quedaría reducida a la condición de un capítulo de la psicología: el dedicado al funcionamiento normal de la razón humana.

Es, desde luego, cierto que todo arte se basa en una ciencia. En este punto convienen psicologistas y antipsicologistas. Pero el arte lógica puede fundamentarse en una ciencia lógica, que no tiene por qué ser un capítulo de la psicología. Existe, efectivamente, un conocimiento teórico del artificio u ordenación estructural que en las ciencias revisten las cosas conocidas. Y el conocimiento especulativo de esta ordenación no se refiere, según dijimos, a ninguna cosa real, sino a los elementos ideales de que se compone el sistema científico. En tal sistema no entra, de hecho, la misma razón, ni tampoco ninguno de sus actos. No se puede decir que en un sistema científico sea parte integrante la propia razón, ni que los actos de esta se hallen físicamente integrados en él. Lo que la razón pone en la ciencia, que es un sistema ideal, no son más que factores ideales. Las leyes psicológicas, empero, se refieren a hechos y procesos reales. Es cierto que, al ordenar las cosas en un sistema científico, la razón no deja de cumplir sus leyes psicológicas, pero esto ocurre también cuando las ordena mal. Las leves psicológicas no son, por tanto, las leyes lógicas.

Análogamente, los movimientos de la mano al desplazar una pieza en un tablero de ajedrez están indudablemente regidos por leyes “físicas”, que nadie confundirá con las leyes específicas del juego. El movimiento ajedrecístico supone el de la mano o cualquier otra cosa que lo sustituya; pero esto ocurre lo mismo en las jugadas buenas que en las malas, y tanto en las que son lícitas como en las excluidas por la especial legalidad del ajedrez.

Por lo demás, ninguna falta le hace al ajedrecista la noticia científica de las leyes que rigen físicamente los movimientos de su mano, ni gana nada con ello para sus fines de jugador.

La distinción entre propiedades lógicas y propiedades reales

Sean las dos proposiciones siguientes:

1) el hombre es un animal racional; 2) el hombre es el sujeto de la proposición 1).

No cabe duda de que podemos formar todavía proposiciones tales como: 3) el hombre es el sujeto de la proposición 2), y así cuantas se quieran. Pero inmediatamente se advierte que todas las proposiciones a partir de 2) tienen algo en común y que ello las hace esencialmente distintas de la proposición 1). En efecto: lo que del hombre se dice en 1), a saber, que es un animal racional, expresa algo que es real y efectivo en el hombre, si es verdad que el hombre es un animal racional; y en el caso de que esta definición no fuese buena, su defecto consistiría en atribuir al hombre algo que “realmente” no es; en cambio, lo que se dice en todas las proposiciones a partir de 2), a saber, que el hombre es “sujeto” de alguna proposición, no es nada que pretenda expresar lo que realmente es el hombre, puesto que el hombre, de suyo, ni es ni deja de ser sujeto de proposición alguna. De tal manera, que si las proposiciones a partir de 2) son verdaderas, es justamente porque en ellas no se pretende decir lo que el hombre es realmente. De ahí que, aunque fuera falsa la proposición l), seguirían siendo justas las proposiciones a partir de 2). E inversamente: todas las proposiciones a partir de 2) serían falseadas si se las concibiera provistas de la misma intención que tiene la proposición 1), aunque esta sea verdadera.

El “hombre” del cual se dice que es un animal racional no está en una situación completamente idéntica al “hombre” del que se afirma que es sujeto de una proposición. El primero es el hombre directamente considerado en sí mismo; el segundo es también el hombre, pero considerado reflejamente, según una situación que le es extrínseca: la de estar siendo objeto de un juicio. Existen, según esto, dos clases de propiedades que corresponden a dos modos distintos de referirnos a las cosas: las propiedades o predicados reales, que se atribuyen directamente a las cosas según su propio ser, y otras propiedades o predicados de naturaleza puramente “lógica”, puesto que se atribuyen a las cosas, no en atención a su propio ser, sino en cuanto que “son conocidas”.

En general, todo ser de que hablemos es un objeto de conocimiento. Tan conocido es, así, el hombre del que decimos que es un animal racional, como el hombre del cual afirmamos que es el sujeto de una proposición. Pero aunque todas las cosas de, que hablemos tengan que ser, de algún modo, conocidas, no siempre estamos conociendo que las conocemos, ni es necesario que lo que digamos de ellas sean solamente las consecuencias que se derivan de su situación de “conocidas”. Si convenimos en llamar objetos [7] a las cosas que conocemos, precisamente en cuanto conocidas, y reservamos la palabra cosa para designar con ella a lo que conocemos considerado en sí mismo y de suyo, podremos decir que las propiedades lógicasson propiedades de objetos, mientras que las propiedades reales son propiedades de cosas. Y así, del “hombre real” decimos que es un animal racional, y del “objeto hombre” decimos que es el sujeto de una proposición.

Cuando las cosas se ordenan en un sistema científico, adquieren propiedades que no son reales, pues estas las poseen previamente. Se trata, pues, de propiedades lógicas. De ahí que sea lo mismo decir que la lógica es la ciencia que estudia el artificio científico, y afirmar que su objeto lo constituyen las propiedades lógicas. Á estas se las designa en la Escuela con el tecnicismo de secundae intentiones, es decir, intenciones [8] o predicados secundarios. Son primarios los que convienen a las cosas independientemente de su situación de conocidas. De la misma manera, en efecto, que el ser de las cosas es, por naturaleza, previo a su ser conocidas, así las intenciones o predicados que se refieren a aquel ser son también naturalmente anteriores a las que se derivan de las cosas en cuanto son objeto de conocimiento.

La lógica, pues, tiene por objeto algo que no es real. Las “propiedades lógicas” no tienen existencia más que ante y para la razón. Si esta se suprime, aquellas desaparecen. Su ser es solamente el ser objeto de conocimiento. Son, en una palabra, entes de razón. Pero esto nos obliga a hacer algunas precisiones.

A diferencia del ente real, el ente de razón es algo que únicamente se da en el entendimiento como objeto de este[9]. También los seres reales pueden hacer de objeto para el entendimiento; pero su ser no se agota en ello. Para un ente real, el estar siendo objeto del entendimiento es algo extrínseco y accidental. Para el ente de razón, por el contrario, ese es todo su ser: no tiene otro. No es, pues, lo mismo “ente de razón” que “ente posible”. Una cosa posible es algo que de suyo no repugna la existencia real, algo que puede ejercer esa existencia, aunque no la esté cumpliendo. Su ser es justamente un “poder ser”. Pero este poder ser no le viene de ser conocido; mientras que el único ser que tiene el ente de razón es el que le resulta de hacer de objeto de un conocimiento. El ente de razón, independientemente de la razón misma, es un imposible. Por consiguiente, para precisar el concepto de ente de razón conviene tener en cuenta que el ser posible es una suerte de ente real. (En general, ser real es el que tiene capacidad de ser independientemente del entendimiento, bien ejercite esa capacidad, bien la tenga en suspenso; si la ejercita, es un ente real actual; en el caso contrario, es un ente real meramente posible. Y en verdad, todo ente real actual es también un ser posible -pues todo cuanto existe es algo que “puede” existir-, aunque no sea solamente posible, sino también actual y efectivo.)

El ente de razón se define, frente al ente real actual o posible, por su imposibilidad de verdadera existencia, ya que no merece el nombre de esta última la modesta presencia de un ser irreal ante el entendimiento. De ahí que haya tantas especies de ente de razón como maneras de imposibilidad de ser. 0 lo que es igual: las especies del ente de razón serán tantas cuantas sean las formas de oposición al ser real. Este último, empero, se divide, de un modo general, en absoluto y relativo. Por “absoluto” se entiende aquí, en un sentido muy amplio, todo lo que no es una relación, aun cuando tenga o pueda tener relaciones con otras cosas y aunque estas relaciones le sean necesarias. E inversamente: entendemos aquí por “relativo”, no lo que tiene o puede tener relaciones con algo, sino la relación misma que, como un puente, se tiende entre dos cosas determinadas.

A las cosas que son absolutas (es decir, algo en sí mismas) lo que se les puede oponer es su negación, la falta de ellas. Así, a la vista se opone la ceguera, y al bien, el mal. La ceguera y el mal, en efecto, no son propiamente seres, sino faltas de ser. Esto no significa que la ceguera y el mal no existan en absoluto. Realmente existen. Pero su realidad no es positiva, sino negativa. Lo que real y “positivamente” existe es aquello que es ciego y aquello que es malo. La falta de vista y la falta de bien son justamente eso: faltas; y la ausencia de ser no puede, en estricto rigor, llamarse ser. Sin embargo, como quiera que la falta de ser tiene una cierta realidad (aunque no sea más que negativa), no se puede decir que constituya un ente de razón. Es un ente “real deficiente”. El ente de razón surge aquí cuando se toma la falta de ser como un verdadero ser: así cuando concebimos la ceguera como si esta añadiese algo al que la tiene, siendo la verdad que lo que hace es disminuirle.

Siempre que concebimos la falta de algo absoluto -esto es, un absoluto negativo- “como si fuese” un absoluto positivo suscitamos un ente de razón[10].

Una primera clase de entes de razón son, pues, las negaciones concebidas como entes positivos. Por oposición al ser real relativo surge, en cambio, la segunda especie de ente de razón: la relación de razón. Por ella se entiende toda relación que únicamente es para el entendimiento que la piensa, de tal manera, que si se la deja de pensar deja de darse. Las demás relaciones son relaciones reales. Así, la filiación que enlaza al hijo con el padre es un ejemplo de relación real, puesto que es algo en el hijo independientemente de que se la piense o no se la piense. En cambio, es una relación de razón la que, por ejemplo, tiene Pedro con el concepto “hombre” como sujeto de la proposición “Pedro es hombre”; porque si bien es cierto que Pedro sigue siendo hombre aunque no se piense en ello, también es cierto que Pedro sólo es sujeto de aquella proposición mientras alguien la piense, y aun entonces el puro hecho lógico de estar siendo sujeto de un juicio no afecta realmente a su ser ni nos dice nada de lo que él es de suyo.

¿A cuál de las dos especies mencionadas de ente de razón (las negaciones y las relaciones de razón) corresponden las propiedades que llamamos lógicas? Si se tiene presente que estas propiedades sólo son revestidas por las cosas cuando están ordenadas en un sistema, fácilmente se advierte que no pueden ser nada absoluto, ni positivo ni negativo. Lo que se adquiere por el hecho de pertenecer a algo plural y ordenado son meramente “relaciones” con los otros miembros del todo y, por supuesto, con ese mismo todo. Tales relaciones no pueden ser reales para las propiedades de que hablamos, que, por definición, tienen una naturaleza puramente lógica (tal como ya se señaló al describirlas). En consecuencia, las propiedades lógicas o intenciones segundas no pueden ser otra cosa que simples relaciones de razón.

No se sigue de aquí que toda relación de razón sea una propiedad lógica. Únicamente lo son aquellas que se dan en la ordenación de los objetos en el sistema científico. Y el mismo sistema, visto ahora a la luz de las precedentes consideraciones, no es más que un tejido de relaciones de razón, mera estructura ideal, que no tiene sentido fuera del entendimiento.

La lógica-arte no hace otra cosa que aplicar las leyes que se derivan de aquellas propiedades. La lógica-ciencia es el estudio, puramente especulativo, del artificio que con ellas se establece y de las leyes que lo determinan. En suma: el objeto de la lógica son las relaciones de razón por virtud de las cuales las cosas conocidas son intelectualmente enlazadas en el sistema científico[11].

Relaciones de la lógica con otras ciencias

Se ha esbozado hasta aquí una idea de la Lógica, que asigna a esta un objetivo específico y propio, según los resultados de lo que se ha venido haciendo, desde los tiempos de ARISTÓTELES y a través de sus seguidores, en la filosofía de la Escuela. Un largo proceso de elaboración ha hecho posible esta Lógica, dotándola de un claro y riguroso perfil. Ninguna otra concepción de la lógica puede compararse a la inspirada por ARISTÓTELES, en lo que toca a la pulcritud y científico esmero en la determinación de su objeto.

Por ello mismo, conviene establecer de una manera explícita algo de lo que virtualmente está ya dicho acerca de los límites de la lógica y sus conexiones con otras disciplinas relativamente afines. Veamos, en concreto, las relaciones de la Lógica con la Psicología, la Crítica y la Ontología.

a) Ya se aludió antes a la ciencia psicológica, con ocasión de la fundamentación psicologista de la lógica. El psicologismo pierde su eficacia cuando se distingue entre la razón o sus actos, como entes reales, y artificio, puramente “de razón”, que el entendimiento añade a las cosas conocidas al encuadrarlas en un dispositivo científico.

No resulta de ello, sin embargo, que la lógica esté exenta de toda relación con la psicología. La primera se ocupa de las propiedades lógicas, las cuales no tienen sentido si no se supone que las cosas afectadas por ellas son, o pueden ser, objeto de conocimiento. Sin este último, no habría propiedades lógicas; de la misma manera que, de no haber razón, tampoco habría entes de razón. Al lógico, pues, le interesa saber acerca del entendimiento todo lo que hace al caso para el estudio de las propiedades lógicas. Así, deberá conocer la diferencia que hay entre el acto de la simple aprehensión, el de juzgar y el de discurrir, para que pueda derivar de ellos la diferencia existente, por ejemplo, entre las propiedades lógicas que se llaman “ser universal” “ser sujeto de una proposición” o “ser término medio en un raciocinio”.

De la misma manera, el ajedrecista no podría distinguir funcionalmente lo que es un “alfil” de lo que es una “torre” si no tuviese ninguna idea de la diferencia existente entre las direcciones de los movimientos. Mas no se sigue de aquí que el ajedrecista haya de conocer todas las leyes de la geometría y de la física[12]. El lógico, a su vez, tampoco necesita de la psicología sino lo imprescindible para poner en marcha el estudio de las llamadas propiedades lógicas.

Este, por así decirlo, “mínimo psicológico” que el lógico precisa no forma parte de la Lógica misma. Es, más que un fundamento, una condición. Se trata de algo con lo que el lógico tiene que contar; pero esto no significa que la Lógica lo cuente entre sus partes. Una vez establecida una propiedad lógica, se la puede considerar en sí misma, independientemente de su condición o condiciones psicológicas. Algo parecido ocurre cuando se sabe que el “hombre”, como objeto de la proposición “el hombre es un animal racional”, reviste la propiedad de ser sujeto de ella. La lógica puede aislar esa propiedad y estudiarla en sí misma, independientemente de que sea hombre o cosa distinta lo que la esté cumpliendo. Al hacer esto, la lógica prescinde de la condición ontológica de la propiedad en cuestión, igual que antes prescindía de su condición psicológica.

b) La crítica o teoría del conocimiento no estudia la estructura lógica o artificio racional de la ciencia, sino que se hace cargo del problema de la posibilidad de esta última. No le interesa cómo es lo que la razón idealmente pone en la ciencia, ni cuáles sean las leves de ese dispositivo, sino esto otro: ¿puede realmente el entendimiento humano alcanzar el conocimiento científico? Y si ese poder es filosóficamente reconocido, ¿cuál es su alcance?, ¿hasta dónde se extiende?

La lógica, pues, cuenta con la posibilidad del conocimiento científico, que ha de ser verdadero y cierto; pero lo que hace es determinar las condiciones generales para que, efectivamente, sea un conocimiento científico. Mas la ciencia se adquiere por demostración, y toda demostración es un raciocinio en el que conviene distinguir materia y forma. Por la primera se entienden los elementos, simples o complejos, que en el raciocinio se ordenan y distribuyen. La forma, en cambio, es precisamente la ordenación o ¡nodo de disponer en el raciocinio esos elementos para que el resultado sea algo científico. De esta manera se hace patente que con idéntica materia puede obtenerse tanto un raciocinio bueno como uno malo, según que la forma a que aquella se ajuste sea o no la conveniente, y a la inversa, que aunque sea buena la forma, si no es procedente la materia, el raciocinio no termina en una conclusión verdadera.

Así, por ejemplo, el raciocinio “todo ser viviente es racional; el caballo es un ser viviente; luego el caballo es un ser racional” tiene buena forma, pero la conclusión no es verdadera. En cambio, este otro raciocinio: “Pedro es racional; Pedro es hombre; luego todo hombre es racional”, aunque termina en una conclusión verdadera, es deficiente por su forma. Conviene reparar, según esto, en la diferencia que hay entre una conclusión verdadera y una verdadera conclusión. La del primer raciocinio, aunque falsa, es una verdadera conclusión. La del segundo, por el contrario, es una falsa conclusión, aunque sea verdadera.

La Lógica estudia, en general, lo que hace falta para obtener conclusiones verdaderas que sean verdaderas conclusiones. La Crítica no se ocupa realmente, ni en general ni en particular, de las conclusiones como tales. Las conclusiones son estudiadas como tales conclusiones cuando se las pone en relación con las premisas de que han sido extraídas. Si se las examina de manera que se las compare no con sus premisas, sino con la realidad misma de las cosas enunciadas por ellas, entonces no se las estudia como conclusiones, sino como enunciados acerca de la realidad. Consideradas así, ya no son objeto de la lógica pues esta únicamente se ocupa del artificio científico, es decir, del modo en que las cosas han de ordenarse en el conocimiento.

No es correcto, sin embargo, decir que la lógica estudia solamente la forma del raciocinio, mientras que la crítica se ocuparía de su materia. Si la crítica no estudia las conclusiones como tales, no tiene por qué ocuparse ni de la forma ni de la materia del raciocinio, pues esta última sólo es materia para la conclusión como conclusión. El hecho mismo de ser materia de un raciocinio para obtener una conclusión no es nada real, sino una propiedad puramente lógica. Por consiguiente, la Lógica debe hacerse cargo de la materia del raciocinio, estudiándola, claro es, no de una manera independiente, como si no formase parte de aquel, sino de un modo precisamente lógico, es decir, en cuanto entra en el raciocinio demostrativo. De ahí lo que se llama “Lógica material”, que trata, en suma, de responder a esta pregunta: ¿cómo ha de ser, en general, la materia de un raciocinio para que, si este tiene buena forma, la conclusión sea realmente una verdad científica?

Se podría contestar a esta pregunta diciendo simplemente que basta que la tal materia sea verdadera para que, si es buena la forma, la conclusión sea verdadera y sea una verdadera conclusión. Por ejemplo, el raciocinio “todo hombre es mortal: Pedro es hombre-, luego Pedro es mortal” tiene una verdadera conclusión, que es verdadera. Sin embargo, conviene observar que un resultado semejante también puede obtenerse con materia falsa v forma buena. En el raciocinio “todos los franceses son chinos; todos los chinos son europeos: luego todos los franceses son europeos”, la conclusión es verdadera y está bien extraída, aunque las dos premisas son falsas. El científico está expuesto a hacer seudodemostraciones de este tipo, Y es indudable que la ciencia no puede constituirse con ellas.

Es absolutamente cierto que con materia verdadera v forma buena no se pueden extraer conclusiones inadmisibles. Pero es preciso conocer que sea efectivamente verdadera la materia para no incurrir en el caso del raciocinio a que acabamos de referirnos. Si las premisas de una demostración son evidentes de suyo, no hay ningún problema. Pero pueden no serlo. Y enton­ces caben dos cosas: o que la experiencia nos permita com­probar su validez real o que ello no sea posible. En el primer caso también hay garantía de su verdad; en el segundo será preciso que ellas, a su vez, sean demostradas. Y esta nueva demostración sólo será verdadera si se apoya en una materia que lo sea, ya que no podemos fiar únicamente en la bondad de la forma. En último término será preciso apoyarse en proposicio­nes que no necesiten demostración, pues esta siempre se puede falsificar.

El científico, en suma, debe ser capaz de recorrer la distan­cia que separa a lo que ha de demostrarse de aquello que en definitiva lo demuestra. Esta distancia tiene etapas lógicas, que son las verdades en que sucesivamente se apoya lo que se tra­ta de demostrar, hasta llegar a su última base. El recorrido gra­dual de esa distancia es el “análisis material” del raciocinio demostrativo. Su diferencia con el análisis formal se advierte claramente al reparar en que este último no necesita salir de las mismas premisas de que inmediatamente está hecho el raciocinio que se examine. Al que analiza de una manera puramente formal no le interesa, en efecto, más que el juego interno de las proposiciones establecidas.

El análisis material del raciocinio constituye precisamente el tema de la “Lógica demostrativa“, que es el centro de la llamada “Lógica material”. Un asunto, como se ve, muy diferente del que ocupa a la Crítica, porque esta, aun cuando tomase en cuenta la materia completa de una demostración, no la referiría gradualmente a sus últimos principios lógicos, sino directamente a las mismas cosas de la realidad. Por lo demás, la Lógica sólo hace la analítica material del raciocinio de un modo general. Hacerlo en cada caso de una manera concreta no es incumbencia de la Lógica, sino de las ciencias respec­tivas.

c) La Lógica se ocupa de una especie de ente de razón, las propiedades lógicas o atributos puramente racionales de las cosas. La Ontología, en cambio, estudia el ente realen cuanto ente. Es cierto que la ontología trata también del ente de razón, pero de manera muy distinta de aquella en que la lógica lo hace. El lógico, en efecto, se ocupa únicamente de tina especie de entes de razón, a saber: las relaciones de razón que las cosas adquieren en el seno del sistema científico; los demás entes de razón no le interesan. Por el contrario, la ontología, cuyo tema es el ente en cuanto ente, se ocupa del ente de razón en general, como de aquello a lo que se opone el ser real, que es su objeto propio. De aquí una segunda diferencia entre la lógica y la Ontología. La primera se refiere al ente de razón (a la especie que en él considera) de una manera primaria v directa. Le interesa en sí mismo. La segunda, en cambio, se refiere al ente de razón en general, pero de una manera secundaria v derivada, o sea, no porque le interese en sí mismo, sino por su oposici0n y distinción respecto al ser real.

Existe una cierta semejanza entre la lógica v la ontología, fundada en la universalidad que tienen, cada uno a su modo, los respectivos objetos de estas ciencias. Así como no hay ninguna cosa a la que no se pueda atribuir el ser, tampoco la hay que no sea susceptible de revestir alguna propiedad lógica. Cualquier ser puede ser sujeto de un atributo puramente racional. En este sentido es posible decir, par tanto, que el campo de la lógica es tan amplio como el de la ontología. Y es claro entonces que, si no se distingue la diversa forma en que se atribuyen a las cosas el ser y las propiedades lógicas, ambas ciencias se identifican realmente en una sola. Así acontece en el “panlogismo”, que, al identificar el ser con el “ser conocido”, elimina toda posibilidad de distinguir efectivamente entre propiedades reales y propiedades que las cosas tienen únicamente por ser objeto de conocimiento[13].

Otra semejanza entre la lógica y la ontología es la que proviene de la naturaleza puramente inmaterial de sus objetos. El de la lógica, que son meras relaciones de razón, no es, en efecto, nada material, pues todo (aunque no sólo) lo material es real, mientras que aquellas relaciones de razón son, por su misma naturaleza, objetos irreales que únicamente se dan para el conocimiento y nunca fuera de él. Por su parte, el objeto de la ontología es también enteramente inmaterial. El ente, en cuanto ente, no puede ser material. Baste, por ahora, pensar que, de lo contrario, únicamente serían las cosas materiales. No obstante esta semejanza, hay aquí también una esencial diferencia entre la lógica y la ontología. La inmaterialidad del objeto de la lógica es la que corresponde a la irrealidad, en tanto que la del objeto de la ontología es la de la misma realidad del ser conocido abstractamente como ser.

La lógica aristotélica no se halla, sin embargo, enteramente aislada de la ontología. En realidad, toda esta lógica está orientada al ser y nutrida por él. Aquello a lo que, en definitiva, se subordina, y de lo cual depende como de su último fin, es el logro de la verdad, es decir, la patencia del ser al entendimiento. Y que el ser nutre y mantiene toda la lógica es algo que fácilmente se advierte si se tiene presente que las llamadas propiedades lógicas, aunque distintas de las reales, no son enteramente independientes, sino que se fundamentan en ellas. Los atributos que se derivan del “ser conocido” están condicionados por los pertenecientes al ser simplemente dicho. Así, por ejemplo, la propiedad de ser sujeto de la proposición “el hombre es un animal racional” ‘conviene al hombre no en sí mismo, sino en su condición de conocido; pero lo que el hombre es en sí mismo hace posible que él, en su condición de conocido, sea sujeto de esa proposición.

Si se suprime el ser, quedan eliminados el último fin y el fundamento primero de toda la ciencia lógica. Esto no puede significar que lógica y ontología sean realmente lo mismo. El fin y el fundamento de una cosa son siempre distintos de ella. La ontología, por tanto, al ocuparse de[ ser, estudia en general algo que excede al objeto de la lógica y no se identifica formalmente con ella. Pero tampoco puede establecerse una tajante separación entre la lógica y la ontología, como si el mundo que estudia la primera fuese realmente autónomo y no tuviese nada que ver con el mundo real de la segunda[14].

d) Examinadas las relaciones de la lógica con la psicología, la crítica v la ontología, podemos añadir, a modo de apéndice, unas consideraciones sobre las diferencias entre la lógica filosófica y la llamada lógica matemática o logística. La lógica que aquí nos interesa es, por supuesto, una disciplina filosófica, no una ciencia positiva. Al estudiar el artificio científico, trata, pues, de conocer su naturaleza y su esencia, es decir, lo que esa estructura es y lo que son los elementos de que se compone. Esta investigación es muy distinta de la que tiende hacer una ciencia “positiva” que, por definición, renuncia al conocimiento de la naturaleza entitativa de sus objetos. La lógica matemática es la ciencia positiva del razonamiento, a la cual no interesa la aclaración esencial de lo que este sea, ni la ordenación del razonamiento al ser, sino tan sólo el cálculo positivo de su validez, independientemente de todo supuesto ontológico. Las siguientes palabras de HUSSERL ilustran esta fundamental diversidad de sentido entre la lógica filosófica v la logística: “Así como el mecánico práctico construye máquinas sin necesidad de poseer para ello una última intelección de la esencia de la naturaleza y de sus leves, de igual modo construye el matemático teorías de los números, magnitudes, raciocinios v multiplicidades, sin necesidad de poseer para ello una última intelección en la esencia de la teoría en general y en la esencia de los conceptos y de las leyes que son condición de ella” [15].

Durante mucho tiempo el cálculo lógico estuvo incluido en la lógica filosófica, sin desarrollar sus posibilidades ni tomar conciencia de su peculiar significación. Aunque existen algunos antecedentes (LULIO y LEIBNIZ, entre ellos), los fundadores de la lógica matemática han sido, en el pasado siglo y desde distintas posiciones, George BOOLE y Gottolb FREGE. Los Principia Mathematica, de A. N. WHITEHEAD y Bertrand RUSSELL, son la obra clásica de la moderna lógica positiva, la cual en nuestros días ha logrado un notable incremento[16].

La estructura de la lógica

Hemos dicho que la lógica estudia la obra artificial de la razón en el sistema científico, o sea, lo que la razón pone, por su parte, en la ciencia; meras propiedades lógicas o relaciones de razón mediante las cuales las cosas conocidas quedan intelectualmente ordenadas y enlazadas. Todo esto lo hace la razón mediante su acto científico propio, que es el raciocinio demostrativo. Sin él, la razón no elabora la ciencia, aunque establezca otros requisitos y elementos de ella. Gracias, pues, al raciocinio demostrativo las cosas conocidas son racionalmente encuadradas de una manera científica. De ahí que la Lógica haya de dividirse en tantas partes cuantas sean exigidas por el estudio de ese raciocinio considerado como causa de la ciencia.

La Lógica formal estudia todas las propiedades lógicas que conciernen a la mera consideración formal del raciocinio. A ella se contrapone la lógica material. Para distinguir correctamente la lógica formal y la material, conviene recordar la distinción, hecha ya más arriba, entre verdaderas conclusiones y conclusiones verdaderas. Para que un raciocinio tenga una verdadera conclusión, es suficiente que sea buena su forma. La lógica formal se hace cargo, en consecuencia, de todos los factores lógicos necesarios para el establecimiento de una verdadera conclusión. Compete, en cambio, a la lógica material el estudio de todas las condiciones y propiedades lógicas que se requieren, en general, para obtener una conclusión científicamente verdadera.

Comparando entre sí la lógica formal y la material, se advierte que la primera se ocupa en general del raciocinio, prescindiendo por completo de que este sea o no sea científico. De ahí que las enseñanzas de la lógica formal sean aplicables tanto en la ciencia como fuera de ella. La lógica material estudia específicamente el raciocinio científico. Es, para decirlo brevemente, una lógica de la demostración. No todo raciocinio es una demostración, sino tan sólo aquel que produce ciencia. Por eso, mientras la lógica formal se desentiende de la índole científica o no científica de la materia del raciocinio, la lógica material examina las condiciones y elementos necesarios para que esa materia sea realmente científica. Es claro, por lo demás, que esto no lo hace de una manera concreta, examinando las demostraciones una por una, pues ello es incumbencia, no de la lógica, sino de la ciencia respectiva. Lo que hace la lógica material es -como también más arriba se indicó, describiendo el análisis material del raciocinio- considerar en general aquellas condiciones y requisitos necesarios para que sea científica la materia del proceso discursivo.

La lógica formal estudia las propiedades lógicas que atañen al raciocinio. Mas como quiera que el raciocinio implica el juicio, y este, a su vez, el acto de la simple aprehensión, el examen de las propiedades lógicas del raciocinio no puede llevarse a cabo sin el conocimiento de las que conciernen a la primera y la segunda operación del entendimiento. La lógica formal se articula de este modo en tres etapas, que son la teoría del concepto, la del juicio y la del raciocinio. Las dos primeras sirven a la última y están en función de ella.

La lógica material es esencialmente una teoría de la demostración o lógica demostrativa. Pero la materia de la demostración es doble: una compleja y otra simple. La materia compleja son las proposiciones de que consta el raciocinio demostrativo, las cuales, a su vez, se constituyen con conceptos, que son la materia simple de ese raciocinio. Al estudio de la materia compleja de la demostración se le reserva la denominación, en un sentido estricto, de “lógica demostrativa”, y al examen de la materia simple se le llama, en cambio, “lógica predicamental”, por conocerse con el nombre de “predicamentos” a los conceptos considerados -materialmente como últimos elementos de la demostración. Los grandes tratadistas de la Escuela anteponían a la lógica demostrativa y a la predicamental lo que llamaban “lógica proemial”, constituida por el estudio de la naturaleza de la misma ciencia lógica, el cual solían hacer, no al principio de ella, sino después de la lógica formal, cuando ya habían tomado algún contacto con las cuestiones de esta disciplina v estaban, por tanto, en las mejores condiciones de reflexionar sobre ella.

***

En unos “Fundamentos de Filosofía” no es necesario atenerse rigurosamente a las divisiones clásicas de la lógica formal y material, ni desarrollar todas las cuestiones que serían pertinentes en un curso o tratado sistemático. Basta únicamente tomar contacto con los temas “fundamentales”, abordándolos de una manera esquemática y esencial.

*** ***

Bibliografía Cap 3.

ARISTÓTELES: Top. I, 18; SANTO TOMÁS: In Anal. Post; JUAN DE SANTO TOMÁS: Ars lógica, II, q, 1-2; DESCARTES: Reglas para la dirección del espíritu, I-V; J. STUART MILL: Sistema de lógica deductiva e inductiva, 1; E. HUSSERL: Investigaciones lógicas, I.

GÓMEZ IZQUIERDO: Análisis del pensamiento lógico; F. GONSETH: Qu’ est ce que la Logique?; W. S. IEWONS: Lógica; P. HONEN: Recherches de logique formelle; J. M. LE BLOND: Logique et méthode chez Aristote. P. FÄNDER: Lógica; K. PRANTL: Geschichteder Logik im Abendlande; A. TRENDELEMBURG: Elementa logicae aristoteleae; F. ÜBERWEC: System der Logik und Geschichte der logischen Lehre.

[1] El término “prueba” se toma aquí en un sentido estricto, a saber: como demostración que se realiza fundamentando unas verdades universales en otras. Las verdades concretas y singulares, que los sentidos captan de un modo material, se verifican o comprueban precisamente mediante la experiencia.

[2] De Veriate, q. XI, a. 1.

[3] Cf. SANTO Tomás: Comment. in Prim Lib. Analit. Poster., lect. 1.

[4] Cf. SANTO TOMÁS: In Boët. de Trinit., q. 5, a I, ad 2.

[5] “Quicquid recipitur, ad modum recipientis recipitur”.

[6] El más caracterizado representante del “psicologismo” es J. STUART MILL (véase su Sistema de lógica inductiva y deductiva); y el filósofo que más insistentemente lo ha combatido, E. HUSSERL (Investigaciones lógicas, vol. I de la traducción castellana, en “Revista de Occidente”, de M. GARCIA MORENTE y J. GAOS).

[7] De ob-iectum, lo que yace o está frente a algo o alguien; como lo conocido, está ante el cognoscente.

[8] Intentio se toma aquí en un sentido que nada tiene que ver con la voluntad; concretamente, en la mera acepción del intendere o “tender hacia”, pues de esta manera todo predicado es algo tenso o referido a un sujeto.

[9] La Escuela suele definirlo: quod est obiective tantum in intellectu.

[10] La expresión “como si fuese” insiste en que no es preciso juzgar, creer, que una falta de ser sea un ser, sino que basta con que así se la aprehenda.

[11] Cf. JUAN DE SANTO TOMAS: Ars logica, 2 pars, q. 1-2.

[12] Lo mismo ocurre en otras técnicas y artes. Pueden, así, servir de ilustración las siguientes frases del célebre compositor A. CASELLA, referidas al arte pianística. “No acabo de comprender bien la necesidad, reclamada por algunos tratados pianísticos, de conocer previamente la anatomía del brazo. No creo que ni GIESEKING, ni HOROWITZ, ni ZSCCHI, hayan estudiado tales ramas de la ciencia para conseguir los resultados que todos conocemos. Al contrario, si quisiéramos ser un tanto maliciosos, podríamos observar que los que no obtuvieron tales brillantes resultados fueron precisamente los que demostraron haber estudiado la anatomía a fondo”. (Del ensayo Il pianoforte, cap. VI.)

[13] Esta es la concepción que inspira a la lógica de Hegel.

[14] En esa separación estriba justamente el defecto esencial de la lógica de HUSSERL, y sus discípulos (la llamada “lógica fenomenológica”). Por reacción contra el “psicologísmo”, que fundada la lógica en la psicología, HUSSERL pretende elaborar una lógica autónoma, y para ello trata también de independizarla de la metafísica. La lógica fenomenológica adquiere carácter de una ciencia estrictamente particular.

[15] Cf. E. HUSSERL: investigaciones lógicas. y, vol. 1, pág. 256 de la traducción citada.

[16] Una sumaria y clara exposición de los método, de la “lógica matemática ” se encuentra en el Précis de logique mathématique” (Bassum, 1948), de I. M. BOCHENSKI

24 abril 2017

Anuncios

…máximas de Epícteto

24 de octubre de 2016

…máximas de Epícteto

I.- DE LOS BIENES VERDADEROS Y QUE NOS SON PROPIOS. 

DE LOS BIENES FALSOS Y EXTRAÑOS……………………p.35

01.- Nuestro bien y nuestro mal sólo existe en nuestra voluntad.

02.- De todas las cosas del mundo, unas dependen de nosotros: nuestros juicios y opiniones, nuestros movimientos, nuestros deseos, nuestras inclinaciones y nuestras aversiones: todos nuestros actos.

02.- Las cosas que dependen de nosotros son los nuestros juicios, opiniones, movimientos, deseos, inclinaciones, aversiones; en suma, todos nuestros actos.

03.- Las cosas que  dependen de nosotros son libres: nada puede detenerlas ni levantar obstáculos ante ellas.

…No dependen de nosotros el cuerpo, los bienes materiales, la reputación, las dignidades y honores…

04.- Las cosas que no dependen de nosotros …

…estas cosas son débiles, esclavas, sujetas a mil contingencias e inconvenientes y son extrañas a nosotros.

05.- Si intentas hacer tuyas las cosas que no dependen de ti, sólo encontrarás obstáculos, te sentirás turbado y acongojado a cada paso y tu vida será una continua lamentación contra los hombres y los dioses.

08.-  Ten muy en cuenta que el fin de tus anhelos es obtener aquello que deseas y el fin de tus recelos es evitar lo que temes. Porque ciertamente es desgraciado quien no obtiene lo que desea y es infeliz quien cae en lo que teme. Si profesas aversión a lo que es contrario a tu verdadero bien (que es lo que de ti depende), jamás caerás en lo que temas; ahora bien, líbrate de temer a la muerte, las enfermedades o la pobreza, porque entonces vivirás infeliz y miserable. Es decir, no debes temer las cosas que por no depender de ti son inevitables y teme sólo de las cosas que de ti dependan. En cuanto a los deseos, debes desear las cosas que de ti dependan, porque desear lo que no está en tu poder alcanzar es locura. Así pues, mientras llegas a conocer las cosas que se deben o pueden desear, con ánimo sereno, contentate con desear y temer las cosas suavemente, cautelósamente, examinándolas con tiento y sensatez.

09.- La enfermedad entorpece los actos del cuerpo, pero no los de la voluntad. Si me quedo cojo, tendré una dificultad para andar, pero no para mi espíritu.

10.- Cuando un cuervo lanza un graznido, que dicen de mal agüero, no te dejes llevar por tu imaginación; antes al contrario, raciocina contigo mismo y dí: “Ninguna de las desgracias presagiadas por ese augurio me atañe; […], que para mí  no hay, si me lo propongo, sino presagios felices, ya que suceda lo que suceda, de mí depende sacar en todo el mayor provecho.

11.-  Ante cada una de las cosas que te regocijan o que, por serte útiles y provechosas, sientas hacia ellas predilección, no dejes de darte cuenta de lo que verdaderamente son, [efímeras].

12.- Pues si quisieras que tus hijos, tu mujer o tus amigos viviesen eternamente, no querrías sino una locura, […]. De modo que si quieres que jamás tus deseos se vean frustrados, haz simplemente una cosa bien sencilla. No desees sino aquello que de ti dependa.

13.- Ten siempre muy en cuenta las siguientes consideraciones: ¿Qué es lo que me es propio y mío? ¿Qué es lo que me es ajeno y extraño? ¿Qué es lo que me ha sido dado? ¿Qué es lo que los dioses quieren que haga y lo que me vedan? […].

14.- Jamás te vanaglories de lo que de ti no dependa; de un mérito que en realidad te sea ajeno? […].

15.- La nobleza de un hombre procede de la virtud, no del nacimiento. […].

II.- —-   DE LA FELICIDAD……………………………………..p. 39

01.- (16).- Las cualidades esenciales de la verdadera felicidad son duración y estabilidad; durar siempre y que ningún contratiempo pueda perturbarla. […].

02.- (17).- Deberíamos alegrarnos y felicitarnos con nuestros semejantes sólo por las cosas que son causa de regocijo por útiles y honrosas.

03.- (18).- El deseo y la felicidad no pueden vivir juntos.

04.- (19).-  Los verdaderos días de fiesta son y deben ser para ti aquellos en que has vencido una tentación, o te has arrancado, o al menos dominado, el orgullo, la temeridad, la malignidad, la maledicencia, la envidia, la obscenidad en el lenguaje, el lujo o cualquiera de los vicios que te tiranizan. […].

06.- (21).-  […] la esencia del verdadero bien está en las cosas que dependen de nosotros, […] y […] desearás ser […] libre. Y piensa que para alcanzar esta libertad sólo hay un camino:  el desprecio de las cosas que no dependen de nosotros.

07.- (22).- […] bien desgraciado será (el hombre) […] si pierde el pudor, la bondad, la fidelidad, la justicia y cuantas excelencias imprimieron en su alma los dioses.

08.- (23).- […] ¿Cómo, pues, tú, puesto a prueba por los dioses –por los dioses, a quienes tanto debes, empezando por tu nacimiento—te atreves a lamentarte y dejar oír entre gritos tu desgracia?… ¡Qué cobardía ¡Qué miseria!

10.- (25).- Conserva bien lo tuyo y no codicies lo ajeno. Si tal haces, nada podrá impedirte ser dichoso.

11.- (26).- Sókrates quería mucho a sus hijos, pero los quería con conciencia clara de su cariño y sin olvidar que a quien es preciso amar ante todo es a los dioses. […].[…] dioses, que, precisamente, si nos han creado es para que seamos dichosos.

III.-   —-   DE LAS RIQUEZAS……………………………….p. 41

02.- (28).- No está en nuestras manos el ser ricos, pero sí el ser felices. […], la felicidad que proviene de la sabiduría dura siempre.

04.- (30).-  Has adquirido muchas cosas soberbias, muchos vasos de oro y de plata, muchas cosas ricas, y rico te crees.

Pero te falta lo mejor: careces de constancia, de sumisión a los divinos mandatos y de la tranquilidad de espíritu necesaria para apartar de ti los temores y sobresaltos. […].

05.- (31).-  Tan difícil es para los ricos adquirir la sabiduría como para los sabios adquirir la riqueza.

06.- (32).-  No es la miseria la que verdaderamente nos aflige, sino la avaricia; asimismo, no son las riquezas las que nos preservan de los mil temores que ensombrecen nuestra vida, sino la razón.

IV.- —-    DEL CONOCIMIENTO DE SÍ MISMO………………..p. 43

03.- (39).-  […]. Y, no obstante, es fuerza exista  una ley para conocer la verdad, porque no es hacer para regirse. […].

V.-   —-     SOBRE EL PROPIO PERFECCIONAMIENTO……………….p. 46

03.- (44).- Estamos compuestos de dos naturalezas perfectamente distintas: de un cuerpo que nos es común con los animales y de un espíritu que nos es común con los dioses. […]; de aquí proviene que unos –la  inmensa mayoría—no conciben más que pensamientos bajos e indignos, mientras los otros piensan noblemente. […].

04.- (45).- El verdadero bien del hombre está siempre en la parte por la cual difiere de las bestias. […].

05.- (46).- […]. ¿Qué te importa lo que pueda suceder desde el momento que puedes hacer de ello buen uso y sacar provecho, y puesto que hasta un contratiempo puede convertirse para ti en manantial de felicidades? […].

06.- (47).- Graba bien  en tu pensamiento la idea de la muerte, la del destierro y cuantas cosas pasan por terribles y muy desdichadas con objeto de que no te asalten jamás pensamientos bajos ni desees nada con exceso.

07.- (48).-  No olvides que eres actor en una obra, corta o larga, cuyo autor te ha confiado un papel determinado. Y bien sea este papel el de mendigo, de príncipe, de cojo o de simple particular, procura realizarlo lo mejor que puedas. […].

08.- (49).- Si quieres no ser jamás vencido, no tienes sino escoger combates en los que de ti dependa exclusivamente el salir victorioso.

09.- (50).- Si te propones desempeñar un papel superior a tus fuerzas, no solamente lo desempeñarás mal, sino que dejarás de representar aquél que hubieras desempeñado bien.

10.- (51).-  […] dime, ¿has cultivado, acaso, tu entendimiento? ¿Te has preocupado de adquirir juicios y opiniones sanas? ¿Te has interesado jamás por la verdad? […].

11.- (52).- […], los bienes exteriores, aquellos, [quebrantos de fortuna] los perdemos por una causa ajena a nosotros; es decir, de modo involuntario, y, por consiguiente, no es vergonzoso perderlos. En cambio, […] los bienes interiores [fidelidad, pudor, dulzura, modestia] no los perdemos sino por nuestra culpa; y si vergonzoso y reprochable es el no poseerlos, aún es más digno de reproche y de vergüenza el, teniéndolos, dejarlos perder.

12.- (53).- […] Tú, en cambio, no lisonjeas a nadie, ni a nadie adulas; cultivas tu alma, te afanas por adquirir conocimientos sabios, y tu examen de conciencia es poco más o menos éste: ¿He descuidado algo –te dices—de lo que contribuye a la verdadera felicidad y es al mismo tiempo grato a los dioses? ¿He faltado a la amistad, a mis semejantes o a la justicia? ¿He dejado de cumplir con mi deber de hombre honrado? […].

13.- (54).- […] Procura dominar el dolor, el miedo, la codicia, la envidia, la malignidad, la avaricia, la pereza y la gula. Y el único medio de vencer a estos monstruos es tener siempre muy presentes a los dioses, serles afecto y obedecer ciegamente sus mandatos.

14.- (55).- […] levanta los ojos al cielo y di a tu dios: Sírvete de mí, Señor, como mejor te plazca; nada he de rehusar de lo que te sirvieres enviarme; es más, justificaré tu conducta a los ojos de los demás hombres.

15.- (56).- En lugar de dispensar tu asiduidad a un rico, dispénsala a un sabio. […].

20.- (61).- No te rías mucho tiempo, ni a menudo, ni excesivamente.

22.- (63).- […] rechaza aquello que únicamente la molicie y la vanidad te pidan.

23.- (64).- Procura, siempre que puedas, guardar silencio, no hablar sino lo necesario, y aun esto con las menos palabras posibles. […], abstengámonos de las conversaciones triviales y comunes […]. Y menos aún hemos de hablar de los hombres, ora para denigrarlos o ensalzarlos, ya para establecer comparaciones entre ellos.

24.- (65).- Siempre que puedas, procura que la conversación de tus amigos recaiga sobre asuntos razonables, decentes y dignos. De hallarte entre extraños, lo más prudente es el silencio.

25.- (66).- […], eres hombre, ciudadano del mundo, hijo de los dioses y hermano de todos los demás seres humanos. […], puedes ser  senador […] padre, hijo o esposo. Pues bien: medita detenidamente a lo que cada uno de estos títulos te obliga y procura no deshonrar ninguno.

26.- (67).- […] y me preguntas si para no morirte de hambre debes rebajarte hasta aceptar los oficios más abyectos. ¿Qué puedo contestarte a esto?  Gentes hay que prefieren el oficio más bajo a morirse de hambre; otras hay para quienes lo indigno es lo menos tolerable. No es, pues,  a mí a quien debes consultar, sino a ti mismo.

27.- (68).- Los hombres se fijan ellos mismos su precio […] y nadie vale sino lo que se hace valer. Tásate, por tanto, como libre o como esclavo, ya que en tu mano está.

28.- (69).-

29.- (70).- He aquí una hermosa frase de Agripino: “Jamás seré un obstáculo para mí mismo”.

30.- (71).-

31.- (72).- Como has  nacido de padres nobles, estás tan hinchado de tu nobleza que no cesas de hablar de ella y de marcar con ella a todo el mundo. En cambio, olvidando lo que llevas en ti mismo, es decir, la divinidad –paternidad común y por excelencia de todos–, olvidas esta verdadera nobleza y acabas por ignorar tu procedencia y tu verdadero abolengo. Y, sin embargo, ello es lo que más presente debieras tener en todos los momentos de tu vida.  Ve lo que de continuo, para que no se te olvidase, deberías repetirte: Habiéndome creado la divinidad, en mí está y conmigo la llevo siempre dondequiera que vaya. ¿Cómo podré, entonces, mancharla con palabras obscenas, acciones viles y deseos infames?

32.- (73).- Si los dioses te hubiesen confiado la custodia de un pupilo, tendrías de él sumo cuidado y por todos los medios procurarías que tan sagrado depósito fuese respetado. Pues bien: piensa que te han hecho custodio de ti mismo y que te han dicho: No creemos poderte confiar a tutor más fiel y atento que tú mismo; consérvanos, pues, conservándote, este hijo tal cual es por naturaleza; es decir, pudoroso, fiel, valeroso, magnánimo y libre de pasiones y temores. […].

37.- (78).- ¿qué hombre hay invencible? Únicamente aquel que está firme en sus convicciones y que no vacila por ninguna de las cosas que dependen de nosotros; […] no basta resistir la tentación del oro si no se resiste la de la carne; […] hay que resistir a la gloria como a la calumnia y a la miseria, a la lisonja y a la muerte. […].

39.- (80).- Si puedes, no jures; si no tienes otro remedio, hazlo, pero cuando las circunstancias lo exijan imperiosamente.

42.- (82).- En la conversación corriente guárdate mucho de hablar de ti y no te complazcas, si la ocasión no es oportunísima, en referir tus proezas […].

43.- (83).- Y ten más cuidado en (no) desempeñar el papel de gracioso; porque sobre ser tarea muy desairada, trátase de un camino tan resbaladizo, que insensiblemente conduce a la chocarrería y a la liviandad, lo que ocasiona que los demás pierdan el respeto y consideración que puedan sentir hacia quien tal hace.

44.- (84).- Es asimismo muy peligroso dejarse arrastras por las conversaciones obscenas; así que, cuando  te veas obligado a oírlas, no desperdicies toda ocasión de manifestar tu disgusto a quien las haya fomentado. Si esto no puedes hacer, guarda al menos el más absoluto  silencio, dejando comprender por tu ceño y por la gravedad de tu expresión el desagrado profundo que tales conversaciones te producen.

46.- (86).-  Ten siempre presente el valor de Laterano. […].

58.- (98).-  Son señales inequívocas de que un hombre adelanta en el camino de la sabiduría: el no censurar ni alabar a nadie; el no hablar de los demás; el no censurar ni culpar a otro de los obstáculos que se oponen a sus deseos; el burlarse en secreto de quienes le alaban y lisonjean; el no tratar de justificarse y ensalzarse si se ve reprendido; antes por el contrario, callar cual el convaleciente que teme con una imprudencia estropear el principio de su curación; el haber extirpado toda clase de deseos y el haber renunciado enteramente a cuantas cosas no dependen de nosotros; […].

60.- (100).- Si se ofrece ocasión de hablar delante de ignorantes de alguna cuestión de verdadera importancia, guárdate de hacerlo, porque es verdaderamente expuesto lanzar de buenas a primeras opinión sobre lo que no se ha meditado. Y si alguien te acusase de ignorante en vista de tu silencio, habrá un medio seguro de que sepas si empiezas a ser filósofo, y es que su reproche no te moleste ni te incomode. […]. Del mismo modo tú no debes malgastar entre ignorantes bellas máximas; es mejor que, luego de bien digeridas, las manifiestes mediante actos convenientes.

70.- (110).- Ejercítate incesantemente contra las tentaciones y los deseos y observa tus impulsos considerando si son o no verdaderos caprichos y apetitos de enfermo. […].

76.- (116).- Cuando te sientas atacado por una tentación no dejes para otro día el combatirla, porque llegará ese día y tampoco la combatirás. […].

78.- (118).-  Debes medir tus deberes según los lazos que te unen con las personas. ¿Se trata de tu padre? Pues debes cuidar de él, obedecerle en todo, sufrir hasta sus injurias y sus malos tratos. [….]. ¿Qué tu hermano es injusto contigo? No importa; trátale como debe tratarse a un hermano y no mires lo que hace él, sino lo que tú debes hacer y en qué estado quedará tu libertad si cumples con los deberes que tu naturaleza te exige; porque nadie podrá ofenderte si tú no quieres darte por ofendido, ni te sentirás herido más que cuando creas que te hieren. […].

79.- (119).-  Es mucho mejor perdonar que vengarse. Perdonar es propio de una naturaleza buena y humana. Vengarse, sólo de una naturaleza feroz y brutal.

80.- (120).-  Al sol no hay que suplicarle para que dé a cada uno su parte de luz y de calor. Del mismo modo, haz todo el bien que de ti dependa sin esperar a que te lo pidan.

85.- (125).- [….] Cuando fallece la mujer de otro, enseguida le decimos que no se desespere, ya que se trata de algo inevitable e inherente a la condición humana; en cambio, si se trata de la nuestra, sin escuchar razones ni consuelos, nos deshacemos en gemidos y en llanto. Pues bien: se trata precisamente de acordarnos en las desgracias propias del estado de conformidad con que miramos las ajenas, si queremos ser menos desgraciados.

87.- (127).- Cuando dice que te corregirás mañana […]. ¿Por qué no corregirte hoy mismo? […].

91.- (131).- Cuando llegue a tu conocimiento una mala noticia, piensa que nada tiene que ver contigo, puesto que no respecta a cosa alguna de las que de ti exclusivamente dependen, de las que están en tu poder. […]. Acostúmbrate  a considerar que la pena no está más que donde está la culpa. […].

93.- (133).- No pruebes los placeres del amor, si te es posible, antes del matrimonio; y si los pruebas, que sea al menos según la ley. Pero no seas severo con los que usan de ellos, no les reprendas con acrimonia, ni te alabes de tu continencia.

IV.- —-    DE LA LIBERTAD Y DE LAS ESCLAVITUDES…………..p. 68

01.- (137).- El ser libres o esclavos no depende de la ley ni del nacimiento, sino de nosotros mismos; porque todas las cadenas y todo el peso de ciertas prescripciones legales serán siempre mucho más leves que el dominio brutal de las pasiones no sometidas, de los apetitos insanos no satisfechos, de las codicias, de las avaricias, de las envidias y demás desenfrenos. […].

02.- (138).- El que se somete a los hombres se somete previamente a las cosas.

03.- (139.- Aleja tus deseos y tus temores y no existirá para ti tirano alguno. Si tienes amor a tu cuerpo y a tus bienes, estás perdido; ya eres esclavo. Ello es tu verdadera cadena, tu punto vulnerable.

04.- (140).- Los dioses me han concedido la libertad, y como conozco y acato sus mandatos, nadie puede hacerme esclavo, porque tengo el libertador y los jueces que necesito.

05.- (141).- […]. […], la verdadera libertad consiste en querer que las cosas sucedan, no como se te antoja, sino como suceden.

06.- (142).- […]. No consiste la felicidad en adquirir y gozar, sino en no desear más. […].

07.- (143).- […]; no hay malvado que lo sea por querer serlo, y por consiguiente, no hay malvado que sea libre.

08.- (144).- […]. Lo que está confiado a nuestro cuidado […] es nada menos que el pudor, la fidelidad, la constancia, la sumisión a las órdenes divinas, la exención de dolores, turbaciones y miedos; en una palabra, es la verdadera libertad.

10.- (146).- […], todas las cosas exteriores nos someten y esclavizan desde el momento en que las codiciamos. […], todo hombre que quiera ser libre, deje de anhelar o de rehuir lo que no depende de él, pues, de lo contrario, forzosamente será esclavo.

19.- (154).- Diógenes decía –y decía muy bien—que el único medio de conservar la libertad es estar siempre dispuesto a morir sin pesar.

22.- (157).- […]: yo lo único que les enseño es la conservación de su pensamiento, que éste sí que es libre, enteramente libre, porque a la Divinidad le plugo hacerles dueños exclusivos de él.

23.- (158).- La esclavitud del cuerpo es obra de la fortuna; la del alma es obra del vicio. […]. A la esclavitud del cuerpo tan sólo una cosa pone término: la muerte; a la del alma, en todo momento, la virtud.

V.- —-     DEL LIBRE ALBEDRÍO…………………………………………..p. 74

01.- (159).-

VI.-  —-    DE LA RELIGIÓN Y DE LOS DIOSES…………………….p. 74

01.- (160).- Los dioses han creado a los hombres para que sean felices; luego, si son desgraciados, es por su propia culpa.

02.- (161).- Siempre prefiero lo que sucede, porque estoy persuadido de que lo que los dioses quieren es mejor para mí que lo que yo quisiera. A ellos, pues, mis movimientos, mis voluntades, mis temores. En una palabra: quiero lo que ellos quieren.

03.- (162).-

04.- (163).- […]. De los dioses hablo, que es en quienes reside el verdadero poder.

05.- (164).-  Comienza todas tus acciones con esta plegaria: “Condúceme, ¡oh poderosísimo Júpiter y tú. Invariable Destino! Hacia aquello que me tenéis destinado. Condúceme, que prometo seguiros derechamente y de todo corazón. […].

06.- (165).- Lo primero que hay que aprender es que hay un Dios que con su providencia lo gobierna todo, al cual no se le oculta ninguno de nuestros actos, como ninguno de nuestros pensamientos e inclinaciones. […].

07.- (166).-

08.- (167).- ¿Cuál es la naturaleza de la Divinidad? La ciencia, la diligencia, el orden y la razón. […].

09.- (168).-  Sabes que el fundamento de la religión  consiste en creer en los dioses, en tener de ellos opiniones rectas y claras, en no dudar que extienden su providencia sobre cuanto existe, que gobiernan el universo con probidad y justicia, que estamos en el mundo para obedecerlos y amarlos, para tener por bueno todo cuanto suceda, por emanado de ellos y para aceptarlo con buena voluntad y de todo corazón por tratarse de designios de una providencia tan buena como alta. Pensando de esta manera, nunca te quejarás de los dioses ni les acusarás de descuido hacia ti. Pero tales sentimientos no puedes alcanzarlos sino renunciando a cuanto  de ti dependa; […]. Así pues, el hombre que cuida conformar sus deseos y aversiones a las reglas antedichas, alimenta y fortalece su piedad. […].

10.- (169).-  Agradece a los dioses los bienes que de ellos has recibido y no olvides los beneficios con que te han colmado.

[…].

11.- (170).-

12.- (171).-

13.- (172).-

14.- (173).- ¿Quieres ser grato a los dioses?  Pues acuérdate de que lo que más aborrecen es la impureza y la injusticia.

15.- (174).-

16.- (175).-

17.- (176).- […], la protección de los dioses, nuestros verdaderos creadores y padres, [debería bastar], para alejar nuestras penas, inquietudes y temores.

18.- (177).-

19.- (178).-

20.- (179).-

21.- (180).- […] ¿No se te ocurriría nunca pensar en quién eres y por qué has nacido? ¿Morirás sin haber prestado atención al admirable espectáculo de este universo que la Divinidad ha desplegado ante tus ojos para inducirte a conocerLa?

22.- (181).- La Divinidad te ha dado armas para hacer frente aún a los acontecimientos más espantables. Tales armas son, entre otras, la grandeza de alma, la fuerza, la paciencia y la constancia. […].

23.- (182).-

24.- (183).-

25.- (184).-

26.- (185).- Mi deber, mientras disfrute de vida, es dar a los dioses gracias por todo, alabarles por todo, así en público como privadamente, y no cesar de bendecirles […].

27.- (186).- […]. Dueño eres entonces de un libre albedrío que nadie puede quitarte. […].

28.- (187).-

29.- (188).-

30.- (189).-[…]. Alabar a la Divinidad. […].

31.- (190).-

32.- (191).- […]. ¿Cómo puedes imaginar que nuestra alma, de esencia infinitamente más próxima a la divinidad que el resto del universo, vaya a estar sola y separada del ser que la ha creado? […].

33.- (192).-

34.- (193).-

35.- (194).-

36.- (195).-  ¿Habrá algo más inútil que ir a consultar a augures y adivinos sobre las cosas que ya nos están señaladas? […].

37.- (196).-

38.- (197).-

39.- (198).- […]. La Divinidad te ha concedido lo más grande, lo más noble, lo más excelso, lo más divino de que disponía; el poder de hacer buen uso de tus opiniones y el de encontrar en ti mismo tus verdaderos bienes. […]. Vive, pues, contento y no ceses de agradecer y de rogar a un padre tan magnánimo y bondadoso.

VII.- —-     SOBRE LA RESIGNACIÓN……………..p. 84

01.- (199).- No pidas nunca que sucedan las cosas como tú deseas, sino que deseas que sucedan como suceden, y prosperarás siempre.

02.- (200).- […]. Acostúmbrate a que no podemos disponer más que de lo que depende de nosotros y hemos de tomar lo demás tal cual llega.

03.- (201).-

04.- (202).- Aquel que se acomoda a lo que fatalmente sucede es sabio y apto para el conocimiento de las cosas divinas.

05.- (203).- Siempre y en todo momento debemos hacer lo que de nosotros dependa, permaneciendo firmes y tranquilos respecto a lo demás. […]. Porque no soy la eternidad sino simplemente un hombre, una parte del todo, como una hora es una parte del día. […].

06.- (204).-  Nunca ni por motivo alguno debes decir: he perdido tal cosa, sino la he devuelto. ¿Ha muerto tu mujer? La has devuelto. […]. De modo que no te quejes y disfruta de la vida, como el viajero disfruta de la posada que el camino le depara, […].

07.- (205).- Si los dioses me abandonan como me han abandonado en la indigencia, en la obscuridad y en el cautiverio, no es , porque me tengan odio; […]. Tampoco es por descuido […]. Lo que quieren es ponerme a prueba […].

08.- (206).-

09.- (207).-

10.- (208).- […]. A ver quién es capaz de mostrarme un estoico; es decir, un hombre que se cree siempre feliz, que se siente feliz en la enfermedad, en el peligro, despreciado y aun calumniado. […]. ¡Ea!, muéstrame si puedes un hombre conforme siempre con la voluntad divina, que jamás se queje de los dioses ni de los hombres, que nunca encuentre que se han frustrado sus deseos, a quien nada lastime, a quien no asalte la envidia, ni la cólera, ni la soberbia; que, con un cuerpo mortal, sostenga un secreto comercio con los dioses y que anhele despojarse de su perecedera vestidura corpórea para unirse con ellos en espíritu.

11.- (209).- ¿Tienes calentura? Pues si la conllevas como es debido, en ella tienes lo mejor que puedes desear. ¿Que qué es conllevar la calentura como es debido? Pues sufrirla sin quejarse de los dioses ni de los hombres; no alarmarse por lo que pueda sobrevenir; pensar que todo irá bien y si la muerte misma llega, aguárdala valerosamente como lo mejor; no alegrarte sobremanera si, por el contrario, el médico te asegura que vas mejor, ni afligirte si te afirma lo contrario. Porque ¿qué es estar peor? Simplemente acercarse al término en que el alma se separa del cuerpo. ¿y, sinceramente, crees y llamas un mal a esta separación? Además, si no es hoy, ¿dejará de acaecer mañana? ¿O es que piensas que se va a acabar el mundo con tu muerte? Vive, pues, tranquilo y sosegado lo mismo en la calentura que disfrutando de cabal salud.

VIII.- —-    SOBRE LA FILOSOFÍA Y LOS FILÓSOFOS……………….p. 87

01.- (210).-

02.- (211).-

03.- (212).-

04.- (213).- El comienzo de la filosofía es conocer nuestra debilidad y nuestra ignorancia y los deberes necesarios e indispensables.

05.- (214).-

06.- (215).-

07.- (216).-

08.- (217).-

09.- (218).-

10.- (219).-

11.- (229).-

12.- (230).-  No te des jamás el título de filósofo ni pierdas el tiempo en predicar hermosas máximas ante los ignorantes; lo único que debes hacer ante ellos es practicar simplemente lo que estas máximas aconsejen. […].

13.- (231).-

14.- (232).- Procura que tus austeridades y tus prácticas corporales no sean extraordinarias e increíbles; de no hacerlo así, serás más bien un saltimbanqui que un filósofo.

15.- (233).- […]. Lo primero, para poder mostrarse a los demás como un hombre a quien la filosofía ha reformado, es empezar por reformarse verdaderamente. […].

16.- (234).- Si queremos ser verdaderos filósofos, es preciso que pongamos nuestra voluntad en estado de aceptar y acomodarse a todo cuanto nos ocurra y a todo cuanto deje de ocurrirnos. Ello nos proporcionará la inapreciable ventaja de que nunca veamos defraudados nuestros deseos ni realizado el motivo de nuestros temores. […]. Y podremos […] con nuestros compromisos de padres, hijos, hermanos, ciudadanos, esposos, socios, magistrados y súbditos.

17.- (235).-

18.- (236).-

19.- (237).- El ignorante no espera de sí mismo su bien y su mal, sino de los otros. El filósofo tan solo espera bien y mal de sí mismo.

20.- (238).- […]. ¿Es orgullo lo que observas en la cabeza de Júpiter? No. Es firmeza, es estabilidad, es constancia, es seguridad en su poder. […]. Pues bien: yo trataré de imitar este gran modelo. Me verás fiel, modesto, valeroso e inaccesible a la turbación y a las emociones que causan los accidentes que llaman terribles. –¿Pero ¿te veré inmortal, exento de vejez y de enfermedades?  –No; pero verás que sé morir, y ser viejo, y ser enfermo; verás qué sólidos y templados son los nervios de un filósofo. –¿Y en qué consiste esta solidez y esta templanza? –En no tener jamás deseos frustrados ni temores mal dirigidos; en prevenir todos los males; en arreglar convenientemente todos los movimientos del alma; en que todos los designios sean hijos de prudente y madura reflexión y en que las afirmaciones sean tan sólidas y certeras  que jamás vayan seguidas del arrepentimiento.

21.- (239).- La primera y más necesaria parte de la filosofía es aquella que trata de la práctica de los preceptos; como, por ejemplo, del que establece que no debemos mentir. La segunda es la que hace las demostraciones; como: por qué no debemos mentir. […].

24.- (242).- […]. Haz, pues, tú otro tanto: que tu filosofía no se deje traslucir más que en tus actos.

IX.- —    DE LAS MUJERES…………………..p. 93

01.- (245).-  Es de ingratos y cobardes sostener que no existe diferencia entre la belleza y la fealdad. ¿Acaso una mujer fea agrada y embelesa la vista como una hermosa? Decir tal cosa es, no solamente torpe, sino impío; […].

02.- (246).- ¿Sabéis lo que hace el hombre que persigue a la mujer de su prójimo? Pisotear las leyes del pudor y de la fidelidad; violar la vecindad, la amistad, la sociedad y todas las cosas más sagradas y las más sagradas leyes. El que tal hace no puede ser ya ser considerado ni como amigo, ni como vecino, ni como ciudadano. […].

04.- (248).- Mientras las mujeres son jóvenes, sus maridos no cesan de elogiar su belleza y de llamarlas queridas y hermosas.

[…]. Nada es, por consiguiente, más útil y necesario que esforzarse en demostrarles que se las honrará y respetará en tanto sean prudentes, pudorosas y modestas.

X.-  —-     DE LOS CUIDADOS DEL CUERPO…. P. 95

01.- (251).- Señal evidente de un espíritu torpe es consagrar un tiempo excesivo al cuidado del cuerpo, al ejercicio, a la comida y a la bebida, […]. Porque nuestra grande y activa e incesante preocupación debemos consagrarla al espíritu.

02.- (252).- ¿Eres hombre o mujer? Si eres hombre, atavíate como un hombre y no pretendas pasar por un prodigio de indumento, […]. […], pero sí importa mucho que tu aseo sea serio y digno de un hombre.

03.- (253).-  La limpieza es para el cuerpo lo que la pureza para el alma. La Naturaleza misma enseña a ser limpio. […].

04.- (254).- ¿Cómo podrían atraerme, por hermosas que fuesen, las sentencias de un filósofo si él se me presentaba sucio, desaseado […]? ¿Cómo podría hacerme amar una doctrina de la que él era tan desagradable representante? […]. Cuidemos, pues, de la limpieza y de la decencia exterior. Y lo que digo de los maestros, dicho queda de los discípulos. Por lo que a mí respecta, cuando un joven desea dedicarse a la filosofía, prefiero y  deseo  que  acuda  a mis  lecciones   limpio  y  decentemente vestido, y no sucio y desgreñado. Detalle es éste por el cual juzgo, ya que posee alguna noción de la belleza y que se inclina a lo que es conveniente y honroso. […].

XI.-  —–    DE LA VERDADERA FILOSOFÍA……p. 96

01.- (255).- ¿Qué mi padre es malo? ¿Qué mi vecino es malo? Lo serán en tal caso para ellos mismos, pero no para mí. Para mí son muy buenos, por el contrario, pues su manera de ser sirve para que yo ejercite y fortalezca mi dulzura, mi generosidad y mi paciencia. […].

02.- (256).- Porque tu hijo, a quien adoras, según dices, está muy enfermo y no tienes valor para verle sufrir, te apartas de él. […]. ¿Y no es esto un inmenso y terrible disparate? […].

04.- (258).- Puesto que compadeces a los ciegos y a los cojos, ¿por qué no compadeces también a los malvados? ¿No comprendes que lo son a pesar suyo, como los cojos y los ciegos?

05.- (259).- Cada cosa ofrece dos aspectos distintos: uno que la hace fácilmente llevadera y otro que sólo ofrece dificultades. Por ello, si tu hermano te hace una injusticia, no le cojas por el lado de la injusticia que te hace, pues por ahí no debes cogerle ni podrías llevarle; tómalo por el otro asidero, es decir, el que te muestra un hermano, […], es decir, por el lado bueno, lo que te le hará soportable.

06.- (260).- ¿Qué adelantarías con injuriar a una piedra que es incapaz de oírte? Pues bien: imita a la piedra y no oigas las injurias que te dirijan.

07.- (261).- Ten en cuenta que no es quien te injuria, ni quien te pega, quienes te maltratan, sino la opinión que de ellos tienes y que te hace mirarlos como enemigos. Del mismo modo, cuando alguno te aflige o incomoda, no es él verdaderamente quien tal hace, sino tu propia opinión. Procura, pues, que tu imaginación no te venza, pues si lo consigues empezarás a ser dueño de ti mismo.

08.- (262).- Así como un maestro de gimnasia, ordenándome levantar pesos y hacer toda clase de ejercicios, endurece y desarrolla mis músculos, […], tal me ocurre con quienes me maltratan y me llenan de improperios, pues desarrollan mi paciencia, mi dulzura, mi clemencia. […].

09.- (263).-  Cuando alguno te maltrata de obra o de palabra, acuérdate de que lo hace porque se cree con derecho a ello. Es decir, que no obra según tu juicio, sino según el suyo propio. De modo que si te juzga mal, él solo se perjudica, ya que él solo se engaña. […]. Aprende a servirte bien y siempre de esta regla y podrás soportar con paciencia a cuantos hablen mal de ti, […].

10.- (264).- “¿No tengo razón en vengarme y devolver el mal que me ha causado?” –¡Pero si nadie te ha causado mal alguno, puesto que el bien y el mal no existen más que en tu voluntad! Y si otro se herido él haciéndote a ti una injusticia, ¿no es torpe que te hieras tú mismo devolviéndosela?

11.- (265).- Si alguno te trae la noticia de que otro ha hablado mal de ti, no te complazcas en refutar lo que haya dicho; al contrario, limítate a contestar con sencillez: “El que te ha hablado de mí en estos términos ignoraba, sin duda, mis otros vicios y defectos, pues a no ser así, no se hubiera contentado con citar únicamente éstos.”

12.- (266).- El hombre cuerdo espera siempre recibir de los malvados mucho más daño que el que recibe. Si le injurian, agradece que lo le hayan pegado; se le pegan, queda reconocido si no llegan a herirle; de herirle, se alegra de que no le hayan muerto.

XII.-  —–     DE LA AMISTAD………………….p. 99

01.- (267).-  La amistad es atributo sólo del sabio. ¿Cómo sería capaz de amar quien no sabe distinguir lo bueno de lo malo?

02.- (268).- No es posible que ame a los hombres quien ama las riquezas,  los placeres o la vanagloria. Sólo el que ama lo honrado y lo decente es capaz de amar a los hombres con verdad.

03.- (269).-  Para amar es preciso colocar al mismo nivel la utilidad, la santidad, la honradez, la patria, los padres, los amigos y la justicia. […].

04.- 270).- Si quieres saber si dos hombres son amigos […], pregunta […] si basan su amistad en aquellas cosas que de nosotros dependen y la sostienen y cimientan con opiniones sanas, […].

05.- (271).- El alma del vicioso es incapaz de amistad por lo mismo que, entregada a la inconstancia y al desenfreno, va siempre de un lado para otro empujada por sus opiniones y jamás satisfecha.

XIII.- –  SOBRE LA OPINIÓN ENGAÑOSA DE LAS COSAS…p.100

01.- (273).- Lo que perturba a los hombres no son precisamente las cosas, sino la opinión que de ellas se forman. Por ejemplo: la muerte en modo alguno es un mal; no obstante, opinamos todo lo contrario, y esto sí es un verdadero mal. Así, pues, cuando nos sintamos torturados, meditabundos o tristes, no acusemos de ello a nadie, sino a nosotros mismos, es decir, a nuestras propias opiniones.

02.- (274).- Sé de un hombre que, descontento de su suerte, corrió  a arrojarse a los pies de Epafrodito y le gimió que era el más desgraciado de los hombres […], puesto que todo su capital se reducía a cincuenta mil escudos.  ¿Y sabéis  lo que contestó Epafrodito? […] con la mayor seriedad […]: “Pero, desdichado, ¿cómo no me has hablado antes de esta terrible miseria? ¿Y cómo has tenido el inmenso valor de sobrellevarla sin morirte?”

07.- (279).-  ¿Qué fue una gran desgracia para Paris , la pasasen a el que los griegos entrasen en Troya, la pasasen a sangre y fuego, exterminaran a la familia de Príamo y se llevasen cautivas a todas las mujeres?  Te equivocas, amigo mío. La gran desgracia de Paris fue el haber perdido el pudor, la fidelidad, la modestia y el respeto a la sagrada hospitalidad, que violó inicuamente. […].

10.- (282).- Dices que si Sókrates, en vez de negarse a huir de la prisión se hubiese puesto a salvo, aún hubiera sido útil a los hombres. Pues bien: no, amigo mío. Lo que Sókrates dijo e hizo negándose a ponerse a salvo y muriendo por la justicia, nos es mucho más útil que cuanto hubiera podido decir y hacer si se hubiese escapado.

12.- (283).- Así como no está en manos del hombre admitir lo que le parece falso ni desechar lo verdadero, tampoco puede rechazar lo que cree bueno. […].

15.- (285).- […] aplicar la precaución a las cosas que dependen de ti y la confianza a aquellas otras que de ti no dependen; […] evitando por la prudencia los verdaderos males, [y] harás cara valerosamente a los falsos [males] de los que creas verte amenazado.

18.- (288).- […], ¿sabes lo que se aprende recorriendo la senda de la filosofía? Pues obedecer a los dioses, a refrenar los deseos y a hacer buen uso de las propias opiniones. […].

23.- (293).-  Decir simple y rotundamente que la salud es un bien y la enfermedad un mal, es falso. Lo que es un bien es usar bien de la salud, como un mal es usar mal. Como es un bien usar bien de la enfermedad, y un mal usar mal de ella. El bien puede encontrarse en todo, aun en la misma muerte. Menelao, hijo de Creón, ¿no sacó de ella un gran bien cuando se sacrificó por la patria? Indudablemente, pues puso de manifiesto su piedad, su magnanimidad, su fidelidad y su valor. […]. Desterrad, pues, toda clase de prejuicios y, si queréis ser libres, abrid los ojos a la verdad.

26.- (296).- Tu hijo y tu amigo han partido; se han marchado, y lloras su ausencia. ¿Ignorabas, acaso, que el hombre es un simple viajero? Sufre, pues, la pena a tu ignorancia. ¿Cómo podías creer que habías de poseer indefinidamente los seres que te son gratos […]? […].

27.- (297).- Que jamás te inquiete este pensamiento: “Siempre seré menospreciado; no seré nunca nada”, porque si el menosprecio es un mal, tú, ni nadie, puede caer en el mal por voluntad de otro, como tampoco se puede caer en el vicio. Y puesto que no depende de ti ocupar elevados destinos, como no depende el ser convidado a un festín, ¿cómo es posible que esto sea para ti motivo de deshonor o menosprecio? ¿Cómo es posible que no seas nunca nada, tú,  que no debes ser algo más que en lo que de ti dependa y en lo cual puedes llegar, si quieres, a ser mucho? […].

Lo que importa es que cada cual cumpla con su obligación y haga lo suyo. […].

XIV.- —-     DE LA MUERTE……………..p. 109

01.- (298).- Temes nombrar la muerte, cual si sólo su nombre fuese cosa de augurio funesto. Sin embargo, mal puede haber augurio funesto en lo que no hace sino expresar un acto de la Naturaleza. […].

02.- (299).- ¿Cómo te gustaría que te sorprendiese la muerte? En lo que a mí respecta, yo quisiera que me sorprendiese ocupado en algo grande y generoso, en algo digno de un hombre y útil a los demás; no me importaría tampoco que me sorprendiese ocupado en corregirme y atento a mis deberes, con objeto de poder levantar hacia el cielo mis manos puras y decir a los dioses: “He procurado no deshonraros ni descuidar aquellas facultades que me disteis para que pudiera conoceros y serviros. […]. / […]. Yo mismo me pongo en vuestras manos.”

03.- (300).- Las espigas nacen para ser segadas una vez maduras, y a nadie se le ocurre dejarlas en los campos, cual si fuesen cosas sagradas e intangibles. […].

04.- (301).- ¿Qué te importa el modo como hayas de morir? Que sea la fiebre, la espada, el mar, una enfermedad o un tirano, ¿qué más da? […].

05.- (302).- Cuando sea llegada mi hora, moriré; pero moriré como debe morir un hombre que no hace más que devolver lo que se le confió.

07.- (304).- Tarde o temprano, es fatal y preciso que la muerte venga a nosotros. ¿En qué nos encontrará ocupados? […]. / […].

En cuanto a mí, yo deseo de todo corazón que me encuentre ocupado en ordenar mi voluntad, a fin de llevar a cabo sin temor ni embarazo y como corresponde a un hombre libre este acto postrero. […].

08.- (305).- Todos tememos la muerte del cuerpo. Pero la del alma, ¿quién la teme? [*]

[* Nota del blog alma89]: Jesucristo venció a la muerte, es decir, con su resurrección y con la creencia en la existencia del alma inmortal, el hombre ya no debería tener miedo a la muerte del cuerpo, es decir, al  tránsito desde la vida terrenal a la vida en el “más allá” o fuera del tiempo.

XV.-    —-    MÁXIMAS DIVERSAS……………………p. 112

04.- (309).- Nadie puede ser malo y vicioso sin pérdida segura y daño cierto.

05.- (310).- […]. […], en una ciudad donde imperen las máximas que dicta la razón, reinará la decencia y el orden. […]; la policía estará bien reglamentada; los ciudadanos se casarán, tendrán hijos, los educarán y todos se esforzarán en servir a los dioses. El marido se contentará con su mujer, sin codiciar la del prójimo; con sus bienes, sin ambicionar los ajenos. […].

13.- (318).- Acusar a los demás de nuestras adversidades es propio de ignorantes; culparnos de ellas a nosotros mismos es señal de que empezamos a instruirnos; no acusarnos ni a nosotros mismos ni a los demás, he aquí lo propio de un hombre ya completamente instruido.

14.- (319).- Así como existe un arte de bien hablar, existe también el arte de bien escuchar.

15.- (320).- Si consigues demostrar al malvado que hace lo que no quiere y que no hace lo que quisiere hacer, lograrás corregirle. Pero si no sabes demostrárselo, no te quejes de él, sino de ti mismo.

16.- (321).- ¿A qué discutir con gentes que no se rinden ante las verdades más evidentes? […].

20.- (325).-  Es preciso no alarmarse a la ligera. Enviamos un mensajero a saber lo que ocurre; […]. Diógenes, […] nos ha dicho que la muerte no es un mal cuando no es vergonzosa; que la calumnia sólo es un rumor de gentes insensatas. […].

21.- (326).-

22.- (327).- […]. De modo que si pasas la noche en vela […]. […] con el fin de cultivar y formar tu razón y acostumbrarte a obedecer a la Naturaleza y a cumplir tus deberes, te llamaré laborioso: porque este trabajo es el único digno del hombre.

25.- (330).- […] la caridad del padre para con los hijos es tan natural,  que […][nunca] dejarían de quererlos, criarlos y educarlos.

27.- (332).-  Lo más insufrible para el hombre razonable es lo que carece de razón.

28.- (333).- […]. Que la justicia y la santidad son preferibles a todo, nadie lo pone en duda. Pero lo que es justo y santo es sobre lo que ocurren las divergencias. […].

31.- (336).- No hay que tener miedo de la pobreza, ni del destierro, ni de la cárcel, ni de la muerte. De lo que hay que tener miedo es del propio miedo.

33.- (338).- El sabio salva la vida al perderla.

34.- (339).- Es imposible que todo hombre que sea superior a los demás, o al menos se considere serlo, no se sienta hinchado de orgullo y no abuse de su autoridad, a no ser que sea muy instruido.

41.- (346).-  Dos cosas hay que quitarles a los hombres: la vanidad y la desconfianza.

45.- (350).- Los que sostienen que no existe ninguna verdad conocida desmienten este principio con una pretendida verdad; sea verdadera o falsa para ellos esta afirmación, siempre será una verdad conocida.

48.- (353).- […]. Y si tu nacimiento no ha sido ilustre, ¿no depende de ti corregirlo por medio de tus méritos?

50.- (355).- Un hombre te ha confiado un secreto, y consideras un acto de cortesía, de honradez y de justicia confiarle otro tuyo. Pues bien: eres un atolondrado y un estúpido. […]. / […]. No olvides, por tanto, que el que te confía un secreto no lleva, comúnmente, más que la máscara y el disfraz de hombre honrado. Por otra parte, lo que hace contigo no es muestra de confianza, sino intemperancia de lengua; lo que te cuenta al oído se lo cuenta a cuantos pasan a su lado. Es un tonel agujereado, que así guardará tu secreto como ha sabido guardar el suyo.

51.- (356).- Pruébame que tienes pudor, fidelidad, constancia y que no eres un cubo agujereado, y no aguardaré a que me confíes tu secreto, pues seré yo el primero en rogarte que oigas el mío; […].

53.- (358).-  […]. Si fueses razonable, cuando estás solo dirías […] que estás en reposo; en libertad, que gozas de ti mismo y que eres parecido a la divinidad; y cuando te encontrases en plena sociedad, […], lo llamarías fiesta o juegos públicos, y vivirías siempre contento.

55.- (360).- […]. […], ¿puede el príncipe, […], librarnos de las enfermedades, naufragios, incendios, terremotos y rayos? No; esta  paz  tan  sólo  los  dioses pueden darla,  y  el  heraldo  que  la publica  es la razón. El que disfruta de esta paz sí que va tranquilo y solo sin peligro durante toda su vida.

57.- (362).- Te quejas de la soledad; […]. Dios, contento siempre de sí mismo, consigo vive eternamente. Procura, pues, asemejarte a él, que esto sí está en tu mano. Habla contigo: ¡tienes tanto que decirte y que pedirte! […]. / […], pero, ¿no tienes un Padre inmortal que no cesa de velar por ti y de socorrerte en cuanto necesitas?

58.- (363).- Cuando veas a alguno sumido en el dolor y deshecho en llanto por la muerte o ausencia de un hijo, o por la pérdida de sus bienes, guárdate de dejarte arrastrar por tu imaginación hasta el punto de persuadirte de que ese hombre padece males ciertos por causas externas; al contrario, procura convencerte de que lo que le aflige no es lo que le ocurre –puesto que no aflige a los demás–, sino la opinión que él se ha formado.  No obstante, si es preciso, llora con él  y mira de calmar su dolor con buenas razones; pero evita que tu compasión vaya tan lejos que llegues a afligirte de veras.

59.- (364).- Nada posees que no te haya sido dado. El que todo te lo dio bien puede quitarte algo. […].

60.- (365).- Quieres envejecer, pero no quieres ver morir a ninguno de los seres a quienes amas. Es decir, quieres que todos tus parientes y amigos sean inmortales […].

61.- (366).- Mantente firme en la práctica de todas estas máximas y obedécelas fielmente, como si fueran leyes que no puedes violar sin cometer impiedad, y que nunca te preocupe ni turbe lo que dirán de ti, porque ésta es una de las cosas que no están en tu poder.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

Filosofar es esto: examinar y afinar los criterios.

Más frases sobre: Filosofía

Cuando hayas de sentenciar procura olvidar a los litigantes y acordarte sólo de la causa.

Más frases sobre: Justicia

===

FUENTE:

Nietzsche, Heidegger

14 de junio de 2016


DIOS HA MUERTO – FRIEDRICH NIETZSCHE




Nietzsche





Nietzsche y la muerte de Dios, pt. 1/2


Nietzsche y la muerte de Dios, pt. 2/2




AAAAAAAAAAAAAAA

/////////////////////////////////////////////////////////

Cómo estudiar Filosofía

El Origen de la Filosofía


¿Qué es la Filosofía? (Primera Parte)



¿Qué es la Filosofía? (Segunda Parte)



Nietzsche | Por Darío Sztajnszrajber



Heidegger | Por Darío Sztajnszrajber




Heidegger y el nazismo. ¿Hay nazismo en Ser y tiempo?



El ser-para-la-muerte. La muerte es la posibilidad que habita todas mis posibilidades.



una llamada telefónica crea un post

12 de noviembre de 2013

Luger P08erinl

—-

531080_3048595352477_1630417777_n

—-
540419_3051605187721_494491129_n

P.D.: Estando en Uv***, recibí una llamada telefónica para sugerirme que

yo podría “retomar” sus clases de inglés en la cafetería Encascarados…

Estos blogs lo dicen todo…con imágenes…

24 de septiembre de 2012

Dios escribe con renglones torcidos…

7 de septiembre de 2012

HERÁKLITO : “LA guerra es el Padre de todas las cosas!”

15 de febrero de 2012

Heraklito de Efeso

Posted on 14 14UTC febrero 14UTC 2012by

 

El Fuego de Heráclito >> 08/09/El Fuego de Heráclito >> 08/09/2009 . “Este cosmos, el mismo para todos, no ha sido creado ni por los dioses ni por los hombres sino que siempre fue, es y será fuego viviente, que se enciende según medida y se extingue según medida”. . Heráclito de Éfeso, según Clemente de Alejandría.

===

Fuente: masalladeloido

Esta cita de Heraklito me sirve para recomendar un blog excelente:

http://masalladeloido.blogspot.com/

Otras entradas:

Nota de JRANIA:  Hemos copiado el post del blog HIRANIA… pero nos parece fundamental precisar una idea del genial

griego: Polemós es el padre de todo lo que existe. Es decir, toda realidad o cosa viva o muerta entraña en sí misma

una pugna o lucha entre opuestos. En este sentido se puede decir que la guerra, una expresión o forma entre tantas, del POLEMÓS o conflicto, es el “padre” (en griego “polemós” ó guerra es masculino) de todas las cosas…

EUROPA…ETERNA ???

3 de febrero de 2012

Ciertamente Europa (territorio y cultura) es la clave para nosotros los europeos. En primer lugar nuestra antigüedad, puedes percibir la huella de nuestra presencia en este territorio desde hace milenios. Son recuerdos nuestros las cuevas pintadas de Lascaux o Altamira, o las vidas y las obras de Aristóteles o Cicerón. Es también la obra de nuestra carne y nuestra sangre; la remota huella de nuestra alma, de nuestro espíritu, de nuestro genio. Esta Europa tiene nuestro color, nuestra faz. El pensamiento cristiano o musulmán no sería nada sin los pensadores greco-latinos -físicos, matemáticos, filósofos, poetas… Lo que le valieron a los cristianos y a los musulmanes fueron el saber y la ciencia de los pueblos conquistados –Grecia, Roma, Egipto, Persia, o India. De no ser por el aporte intelectual de estas grandes culturas y civilizaciones ambas religiones se hubieran consumido en la mediocridad, y así sucedió en territorios donde no existían precedentes culturales de tal complejidad –fíjate en el cristianismo en Etiopía, pongamos por caso. Sólo en Europa se podía producir una patrística griega y latina, o una filosofía escolástica medieval, que también se produjo en el ámbito musulmán y que tuvo como punto de partida a los mismo autores –Platón y Aristóteles, como es bien sabido, entre otros muchos. En lo que respecta a la Europa cristianizada el mundo clásico (pese a las pérdidas y a la censura) pervivió con plenitud hasta finales del XVIII. Puedes recorrer nuestra historia cultural (romana y bizantina) desde los siglos V y VI hasta la Revolución francesa. Síguela en la ciencia, en la filosofía, en el derecho, en la política, en la literatura, en las técnicas más diversas. Allí encontrarás siempre a los clásicos griegos y latinos guiando e instruyendo. Te recuerdo el Renacimiento carolingio (siglo VIII), o el más tardío del siglo XII (Juan de Salisbury, Pedro Abelardo, la poesía y la novela del período trovadoresco, las primeras muestras en lenguas vernáculas…), verdadero arranque del Renacimiento propiamente dicho de los siglos XIV y XV. Los tres siglos siguientes desarrollan con amplitud líneas de pensamiento político, filosófico, o científico trazadas cientos de años antes. En estos siglos se agotan y superan todas las posibilidades del pensamiento físico-matemático heredado (Copérnico, Kepler, Galileo, Descartes, Newton…). Un siglo más tarde se remozaría el atomismo (Dalton, Mendeleiev), y se superaría el pensamiento biológico liderado por Aristóteles (Darwin). La gran ruptura con el pasado se ha producido a lo largo de estos dos últimos siglos (Darwin, Einstein, Watson y Crick…). Las novedades son excesivas, es la verdad. Y, en mi opinión, estamos en una nueva era. Somos criaturas nuevas en muchos aspectos. Son los mundos del neolítico los que han quedado atrás. A esos mundos pertenecen Grecia y Roma, pero también judíos, cristianos o musulmanes, y todas las culturas del período. Multitud de creencias, saberes, conocimientos y técnicas del neolítico han sido ampliamente sobrepasados. Vivimos en un mundo (simbólico) nuevo. Nueva naturaleza, nuevo mundo; nueva tierra y nuevo cielo. Es una revolución semejante a la que dio lugar al neolítico. Y aunque haya tenido su origen en nuestro territorio, afecta a toda la humanidad. Son momentos trascendentales los que vivimos, más allá de las regresiones culturales (religiosas) que eventualmente podamos padecer. Los mundos (culturales, simbólicos) del neolítico han perecido; el nuevo mundo, más universal que nunca, está en estos momentos haciéndose, forjándose. Este mundo nuevo se impondrá sobre todos; a todos vencerá y convencerá. Y lo hará solo, por sus propios méritos. Por su justicia, por su bondad, y por su verdad. Por lo demás, hay que decir que es la filosofía de la naturaleza de nuestros antepasados lo que ha sido superado, no su filosofía y su sabiduría ética y social. En efecto, hay algo del pasado que merece ser rescatado. Me refiero a la ética, ya individual, ya familiar, ya social (o política o ciudadana). Con respecto a este legado nada podríamos añadir las presentes generaciones a lo dicho por los pasados, cabe agregar tan sólo la ética biológica o ecológica, la que tiene en cuenta al resto de la naturaleza, la que concierne a la biosfera. Pero volviendo a la ética que concierne a los humanos, sigue siendo válido mucho de lo pensado, dicho, y vivido por nuestros ancestros. Seguimos necesitando tales palabras, tales enseñanzas, tales ejemplos. Seguimos necesitando los valores que guiaban sus vidas. Tengamos en cuenta, pues, las reflexiones éticas y políticas de nuestros antepasados griegos y latinos. Las vías abiertas, las posibilidades. Cicerón es un pensador que puede instruir mucho al respecto. Sabido es que este autor fue convenientemente desarraigado, podado, y trasplantado en suelo cristiano, como tantos otros. Lo más ‘actual’ de la filosofía ética cristiana de la Europa occidental procede de él (sus conceptos fundamentales: derecho natural, derechos humanos, libertad…). Está, además, toda la gnómica (las reflexiones, dichos o sentencias acerca de la moral, la conducta, o las costumbres), que se prolonga desde los textos de Homero, Hesíodo y los siete sabios, hasta los últimos momentos en los que el mundo antiguo pudo hablar con su propia lengua (Símaco, Juliano, Libanio…). La sabiduría ética que nos proporcionan es y será válida mientras el ‘homo sapiens’ perdure. Y lo mismo puede decirse de la gnómica china (Confucio), india, o persa, y asimismo la de los pueblos cazadores-recolectores supervivientes. La búsqueda de la ‘excelencia’ se produjo en todas las culturas étnicas. No encontrarás pueblo que carezca de sabiduría moral y espiritual. Es importante advertir el carácter social de todas estas sabidurías. Aquí se está bien lejos de la liberación o salvación personal que promueven ciertas ideologías religiosas. Aquí no hay vías de salida o puntos de fuga individuales que trasciendan al grupo o al legado –en la tierra o en el cielo. No es el individuo, sino el pueblo, la totalidad, lo que importa; y con el pueblo, el legado, la memoria, el ser (simbólico). Es una salvación universal, podríamos decir, lo que encontramos en estas sabidurías. Aquí, si hay que salvar y salvarse, o se salvan todos y todo, o no se salva nada ni nadie. Salvarse es perdurar como pueblo y como cultura, no salvarse es desaparecer como pueblo y como cultura. Eso es todo. Si la tierra europea y sus pueblos son nuestra madre natural, las lenguas y culturas europeas son nuestra madre espiritual. Son tu propio pueblo y tu propia cultura los que te dotan de ser simbólico (alma o conciencia si lo prefieres); las palabras y las obras de la tribu. Son éstas las que configuran y apadrinan tu ser. Los dichos y los hechos. Es una deuda, pues, un deber lo que tenemos con el legado. Le debemos fidelidad. Este legado y esta fidelidad son los bienes más preciados de un pueblo. Su cultivo garantiza la prosperidad, y la prolongación en el tiempo; su olvido o su descuido denotan la decadencia y presagian el final. Seres agradecidos, puros, y los únicos fieles en verdad son aquellos hombres y mujeres que, en cualquier latitud, en cualquier cultura, y bajo cualquier circunstancia, no desertan de los Padres y permanecen fieles al legado. De estos podemos decir que son los únicos nobles, los únicos biennacidos; los buenos hombres, los mejores, los excelentes; la mejor humanidad. Dicho esto, ¿qué podemos decir de sociedades desatadas o desligadas como las que vivimos en Europa (y en occidente), con el legado abandonado, con ciudadanos culturalmente debilitados, asténicos, y presas fáciles para cualquier depredador cultural? Lo que está sucediendo en la Europa actual es algo insólito y absurdo. Ningún gobierno le está prestando la debida atención al incremento de musulmanes asiáticos y africanos en nuestra tierra (¿cuántos millones ya?), ni a la constante amenaza y a las declaraciones explícitas de conquista de sus líderes, ni a sus insidiosas y violentas estrategias de dominio (demandas constantes de lugares de culto, de prerrogativas exclusivas; violencia callejera, violaciones, robos, asesinatos, intimidaciones, no-go áreas…). Esta población está exultante, cada vez más segura de sí y de su futuro éxito –a la vista de nuestra debilidad, de nuestra negligencia (dejación de soberanía), o de nuestra cobardía. Si todo continúa como hasta ahora estos miserables se saldrán con la suya; se apropiarán de nuestro amado continente, de nuestra madre-patria. Puedes repasar las webs anti-islamistas que circulan por Europa. Impotencia y desesperación, y angustia es lo que siento ante la nula reacción de nuestra conciudadanos, de estos europeos hermanos nuestros. Estamos solos y somos una ridícula minoría. A esto puedes añadir la actitud que hacia nosotros, la resistencia, mantienen buena parte de la clase política y los medios de comunicación (o nos silencian, o nos denigran). Triste, muy triste lo que nos está sucediendo, querido amigo. Tengo el horrible presentimiento de que perderemos nuestra Europa, la Europa heredada de nuestros ancestros, y la perderemos para siempre. Nosotros somos las últimas generaciones de europeos. Es cuestión de tiempo, unas cuantas generaciones. *Hace tiempo escribí esto en el ‘Desde Europa’ (p. 136): “La felicidad de tu pueblo es tu felicidad; la prosperidad de tu pueblo, la tuya; la dignidad de tu pueblo es tu dignidad. Si permites que tu pueblo pierda, caiga, o desaparezca, tú pierdes, caes, o desapareces. Si tu pueblo está hundido en la miseria, tú estás hundido en la miseria aunque nades en oro. Si tu pueblo es infeliz, tú eres infeliz aunque tengas todo lo que se pueda desear. Si tu pueblo ha perdido la dignidad, tú careces de ella aunque tengas el cetro, aunque detentes el más alto cargo del grupo. El destino de tu pueblo es tu destino, con tu pueblo te salvas y te pierdes, te hundes y te elevas. Lo que encuentres, se lo debes a tu pueblo, porque lo que eres y lo que tienes se lo debes a las palabras que te formaron. ‘Se lo debo a mi pueblo’, éstas son las palabras que deben salir de tu boca, tus pensamientos más íntimos; lo que logres, lo que encuentres, ha de redundar en beneficio de todos, ha de incrementar el patrimonio común; el legado, la herencia, la fundación, el espacio que abrieron nuestros antepasados.” * Saludos, Manu

Publicado por en 08:22
===
FUENTE:
NOTA de JRANIA:  Me he tomado la libertad de copiar el post titulado “Carta a Florián: Lo que de verdad importa es nuestra Europa”…, original de Manu Rodríguez, de quien admiro su sabiduria y nobleza manifestadas en servicio de una buena causa. Por supuesto, desde ya estoy a sur órdenes en lo que respecta a esta inclusión de su post en este mi blog.

curzio malaparte… era alemán… ó medio-alemán

30 de junio de 2010

Días antes de su muerte, Malaparte, que era protestante y había visto su libro La Pelle incluido en el índice en 1949, se convirtió al catolicismo.
Kurt Erich Suckert
curzio malaparte
Kurt Suckert; Prato, 1898 – Roma, 1957

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/m/malaparte.htm

En La piel Malaparte extiende el gran fresco de la sociedad europea que comenzó con Kaputt, donde el escenario es la Europa del Este. En este caso es Italia durante los años de 1943 a 1945; en vez de los alemanes, los invasores son en este caso las fuerzas armadas norteamericanas. El libro, que representa la triunfante inocencia norteamericana frente al fondo de la experiencia europea de destrucción y hundimiento moral, fue incorporado en el Index Librorum Prohibitorum (Índice de libros prohibidos).
http://es.wikipedia.org/wiki/Curzio_Malaparte

http://es.wikipedia.org/wiki/Index_Librorum_Prohibitorum

El Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum, en español “Índice de libros prohibidos”, también llamado Index Expurgatorius, es una lista de aquellas publicaciones que la Iglesia Católica catalogó como libros perniciosos para la fe; además establecía, en su primera parte, las normas de la iglesia con respecto a la censura de los libros. El propósito de esta lista era prevenir la lectura de libros o trabajos inmorales que contuvieran errores teológicos o morales, y prevenir la corrupción de los fieles. La última edición data de 1948 y, aunque se siguieron incorporando títulos hasta 1961, una provisión de 1966 decretó que no se siguiera renovando.

‘La piel’, de Curzio Malaparte
Una obra clave en la bibliografía del provocador escritor italiano, en la colección de EL PAÍS

M. L. 10/10/2003

Curzio Malaparte (1898-1957) pertenece por méritos propios a ese restringido grupo de autores europeos del pasado siglo que aplicaron su indiscutible talento a irritar a tirios y troyanos. Un escritor que, como Céline o Drieu de la Rochelle, por ejemplo, atrajo las iras y descalificaciones de la gran mayoría de los intelectuales de su tiempo. Sin embargo, su vida y su obra son lo suficientemente extremas y complejas como para evitar descalificaciones apresuradas. Malaparte se afilió en los años veinte al emergente Partido Fascista italiano, si bien en la Primera Guerra Mundial había combatido con el Ejército francés y su Legión Extranjera. Fue expulsado de la organización por su temprana, e insólita entonces, crítica a la ortodoxia mussoliniana. Como corresponsal de guerra irritó también a los alemanes y después a los norteamericanos. Al final de su vida declaró públicamente su simpatía por el comunismo chino y el catolicismo. Fue un gran provocador que además escribió un gran texto sobre los horrores de la guerra: Kaputt, en 1944, y otro, espléndido, sobre la miseria y grandeza de la posguerra: La piel (1949), visión sarcástica y brillante de la vida cotidiana de la recién asolada y liberada Nápoles, novela que podrá adquirir mañana por 2,95 euros quien compre EL PAÍS.
http://www.elpais.com/articulo/cultura/piel/Curzio/Malaparte/elpepicul/20031010elpepicul_15/Tes

Editan por primera vez en español ‘El compañero de viaje‘, de Malaparte

La obra se desarrolla en 1943 y retrata una Italia rota durante la Segunda Guerra Mundial
Efe / Málaga | Actualizado 28.06.2010 – 05:00

La novela El compañero de viaje, un recorrido por una Italia en descomposición durante la Segunda Guerra Mundial escrita por el periodista y escritor italiano Curzio Malaparte, ha sido editada por primera vez en español por Alfaguara. La historia se desarrolla en 1943, cuando un destacamento de soldados italianos situado en Calabria espera el desembarco de las tropas aliadas, que ya han ocupado la isla de Sicilia, convencidos de que, perdida la guerra, sólo combaten por preservar su dignidad. Entre esos soldados está Calusia, que viajará hasta Nápoles para devolver a su familia los restos mortales de un teniente muerto en combate.

(el diario de córdoba).

Nota de JRANIA: A estas alturas del siglo XXI… incluso los escritos hostiles y descarnados contra el III Reich se convierten en prueba de que… después de todo, por muchos errores o crímenes que cometieran los que perdieron… eran los “crímenes” y “errores” de los mejores… pues los “otros”, que también cometieron “crímenes” y “errores” tuvieron la suerte –relativa– de ganar militarmente…  Pero moralmente…perdieron… La Historia pondrá un dia a cada cual en su sitio… Ya lo está haciendo.  Hace 30 años, CEDADE escribía en las paredes de Barcelona: “Hitler tenía razón…”  ( También lo escribía en lengua catalana)… Hoy ¿quiénes se atreven a pensar lo mismo? Por sorprendente que parezca, algunas personas que subjetivamente se autoproclaman “antihitlerianas”, incluso fanáticamente “filojudías”, llegan a conclusiones políticas semejantes a las del III Reich. Ocurre, como  quien  hablaba en “prosa” sin saberlo,  que hoy hay gente que es de “izquierda” e incluso “atea”, creyéndose de “derechas” y por otra parte, hay “rojos” que sin saberlo se comportan como “fachas”… y hay “fascistas” y “nacis” que son auténticos liberales y practicantes del juego limpio… Conozco “cristianos” que se comportan como los máximos enemigos de la Iglesia Católica… y conozco “filojudíos” que son realmente “nazis” judaizados…  Si he traido  a colación a Curzio Malaparte es porque, como suele decirse, “Dios escribe derecho con renglones torcidos”…

Atacan a Heidegger: “Ladran, luego…”

18 de mayo de 2010

Copiamos del blog filosofía crítica el siguienter post:

Vamos a intentar convertir este blog en una vía de acceso a la filosofía de Heidegger, tan difícil de comprender -según se dice- y, al mismo tiempo, tan necesaria si uno pretende ejercer de forma responsable la crítica racional de la actual sociedad globalizada.

Vivimos tiempos decisivos en los que irremediablemente va a determinarse el destino de la humanidad entera. Esta es una experiencia nueva, pues hasta hoy la decadencia, la degeneración,  la corrupción y los errores políticos de consecuencias macrosociales, afectaban a una o más culturas, pero siempre quedaba la posibilidad de que otra cultura emprendiera desde “cero” un camino nuevo en el extremo opuesto del planeta.

Se terminó. La mundialización convierte la actual forma de vida en una lacra que va a comprometer, de manera irreversible, al hombre como tal. No hay camino de retorno ni recambio moral para occidente que no surja del interior del occidente mismo y, en cierta forma, contra él.

Es, por tanto, nuestro deber bucear en las fuentes más prístinas del pensamiento a fin de legitimar las actitudes, ideas y disposiciones básicas que nos puedan guiar en la lucha contra la gran plaga llamada mundialización, último hombre, sionismo, sociedad de consumo, americanización de la Tierra…
Heidegger es el filósofo más importante del siglo XX, época en la que se gestó el sistema de dominación vigente, y un crítico implacable de los procesos de descomposición descritos. El gran filósofo alemán estuvo políticamente comprometido con aquellos que más se opusieron a este dispositivo, con los derrotados, con los “fascistas”… !Su “nazismo”, del que nunca renegó Heidegger a pesar de cuestionar radicalmente los dogmas del partido hitleriano, se ha convertido con el tiempo, curiosamente, en una garantía de honestidad! Y a medida que transcurren los años y nos damos cuenta de quiénes son en realidad “los vencedores” de 1945, más prestigio gana Heidegger, una legitimidad favorecida asimismo por las constantes campañas de difamación que emprenden escritorzuelos semianalfabetos pseudo filosóficos a sueldo del sionismo. No es, por lo tanto, Heidegger, sospechoso de colaborar con quienes, criminales, corruptos e incompetentes, gobiernan el mundo en la actualidad. A pesar de ello, o quizá precisamente por ello, Heidegger es el único filósofo en el que la filosofía, el pensamiento, se mantiene vivo. Nuestro pensador encarna la figura del disidente por excelencia. Y el “heideggerianismo” está destinado a ser la escuela donde se fragüen los futuros cuadros políticos en la inminente batalla por la des-americanización de Europa, por la destrucción del sistema liberal, por la erradicación de la organización asesina denominada “Estado de Israel”, etcétera. Entender lo que Heidegger tiene que decirnos resulta, en definitiva, esencial.
La pregunta que interroga por el ser
Después de 30 años de trabajo dedicados al estudio de Heidegger, hemos pensado que, a pesar de nuestras limitadas capacidades (que compensamos a base de esfuerzo), este blog puede constituirse en una suerte de Cátedra Virtual On Line donde exponer unas “lecciones de filosofía” que difícilmente haría suyas ninguna universidad oficial.
Ahora bien, para echar raíces a la vera de Heidegger es menester vagabundear antes por otros lugares. No se puede leer Ser y tiempo (1927),  la obra capital del filósofo de la Selva Negra, igual que se lee una novela, es decir, sin preparación previa, pues de lo contrario seguramente no entenderíamos el mensaje. Nadie cree que pueda comprender un tratado de matemáticas o de mecánica cuántica sin otro bagaje que su inteligencia y el propio afán de saber. No obstante, resulta muy corriente la pretensión vulgar del que, no entendiendo nada de un filósofo, considera que no hay nada que entender, simplemente porque ignora el significado del vocabulario técnico de la obra en cuestión. O peor: cree entender, pero lo ha malentendido todo.
En consecuencia, antes de entrar en la lectura de Ser y tiempo y de las Contribuciones a la filosofía (1936-1939), las dos obras más importantes de Heidegger, daremos un rodeo por la filosofía general, aunque, lo subrayo, sólo el imprescindible para centrarnos en la materia a un nivel meramente “introductorio”. No pretendo, desde aquí, agotar el tema de Heidegger, sino sólo ofrecer unas herramientas conceptuales que faciliten el acceso a su lectura directa. Nadie podrá ahorrarse el esfuerzo de beber directamente de la obra del filósofo consultando este blog, pero sí cabe esperar que el recurso a nuestras “lecciones virtuales” acelere el proceso de comprensión y asimilación.
En el presente post me limitaré a ofrecer una “definición” muy sencilla y pedagógica de lo que es la filosofia. Una vez más, conviene aclarar que con ella no aspiramos a zanjar la cuestión, porque la respuesta a la pregunta que encabeza el presente artículo se confunde con la filosofía misma, de manera que resultaría pretencioso abrigar aquí una ambición teórica, antes bien, nos limitamos a encauzar al lector saliendo al paso de los errores más groseros y típicos de quienes se aproximan a la filosofía por primera vez, esperando, quizá, recibir algo que la filosofía no es capaz de ofrecer sin incurrir en irresponsabilidad intelectual. O de quienes, en el extremo opuesto, pretenden castrar la filosofía y convertirla en una mera disciplina semántica orientada a reconducir el significado del vocabulario de la metafísica a su sentido natural y cotidiano, es decir, a suprimir la problemática filosófica como tal en beneficio de un chato utilitarismo hedonista de señoras de la limpieza.
Nuestra definición “provisional” y “pedagógica” de filosofía es la siguiente:
1/ la ciencia empírica aplica la racionalidad instrumental o de medios a objetos y ámbitos temáticos concretos, pero no puede responder a cuestiones como el sentido de la existencia o a las preguntas fundamentales que, en cuanto seres mortales, más nos importan:
¿a dónde vamos?
¿de dónde venimos?
¿qué debemos hacer con nuestra vida?
¿qué podemos esperar?
Este horizonte “trascendente” escapa a las pretensiones de la ciencia empírico-positiva; y toda ciencia que intente responderlas en calidad de ciencia incurre en fraude (una forma de actuar que se detecta muy a menudo entre buena parte de los psicólogos actuales, enemigos gremiales y viscerales de la filosofía, cuyo espacio social pretenden colonizar);
La racionalidad instrumental justifica y fundamenta racionalmente, es decir, nos explica, lo que hemos de hacer si pretendemos alcanzar un determinado objetivo, pero la legitimación racional de ese fin, o sea: de la elección misma, queda librada a nuestro antojo. Y cuando preguntamos por qué precisamente ese fin y no otro (!es nuestra vida, y sólo tenemos una!), la ciencia calla o parlotea.
Toda ciencia empírico-positiva es ciencia de hechos. Aquéllo que “debamos” hacer o no hacer no es un “hecho” y escapa así a su competencia jurisdiccional. El deber o el querer pertecece a las normas, a la voluntad, al deseo, etc., nunca a la ciencia. Cuando un psicólogo nos explica a cambio de dinero lo que tenemos que hacer, parte del supuesto de que, para ser felices, nos hemos de adaptar al medio, cualquiera que éste sea. El psicólogo sólo puede ofrecernos algún consejo dando por descontado que pretendemos “el bienestar” y que, para ello, mejor evitar conflictos con nuestro entorno. Las claves “morales” (!nunca justificadas!) del psicólogo son la “felicidad” y la “adaptación” del “cliente”. Pero, a efectos filosóficos, este “consejo” equivale a una manipulación más o menos bienintencionada (en ocasiones, perversa), pues quien pregunta qué debe hacer en un sentido absoluto acepta la posibilidad de que ese deber excluya la felicidad y, por ende, la “conformidad” con el medio social. La filosofía es, en definitiva, peligrosa, porque fabrica revolucionarios dispuestos a todo. Incluso a morir, si es necesario.
2/ la religión intenta responder también a dichas preguntas trascendentales, pero renuncia a la racionalidad y se “basa” en la fe, en la “revelación”, para dar un sentido a la existencia, léase: a nuestro “ser ahí” (Dasein). La definición supone que la religión, a diferencia de la ciencia, no puede en cuanto tal fundamentar nada, ni siquiera los imperativos hipotéticos de la psicología clínica o del resto de las tecnologías y que, cuando lo pretende, hace trampa. Además, las religiones monoteístas, que son las mayoritarias, acostumbran a utilizar esta “patente de corso” fideísta para:

a/ convertir la respuesta a las cuestiones existenciales fundamentales en meras satisfacciones imaginarias e infantiles de los deseos del hombre, obteniendo a cambio de ello el disfrute de un asfixiante poder económico y político sobre la sociedad;

b/ presentar estas respuestas pueriles y fantasiosas como cuestión de racionalidad, con lo cual prostituyen la razón misma y mantienen encadenada la humanidad a una permanente minoría de edad cuya expresión secularizada es el irresponsable consumismo actual, práctica vital de unos seres “adultos” que nunca llegaron a madurar espiritualmente.  

La religión y la psicología intentan llegar al mismo sitio por diferentes caminos. En ambos casos la racionalidad está trucada por postulados, por supuestos gratuitos pero cómodos que excluyen la radicalidad de la pregunta “¿qué debo hacer?” Al filósofo no le importa la felicidad ni la salvación, sino sólo saber qué es “real” y actuar en consecuencia. Desde todos los puntos de vista, para nuestra actual sociedad de blandengues buscadores egolátricos de la “dicha”, la filosofía es una institución “fascista”.
3/ la filosofía representa el intento de dar una respuesta a las “preguntas fundamentales” citadas y a la cuestión del sentido de la existencia, pero siempre desde la razón y rechazando toda intromisión religiosa o pseudo científica (psicología). Cabe entonces, hablar de una racionalidad de fines últimos (axiológica) cuyo punto de partida es la pregunta por la legitimidad de los fundamentos de la propia ciencia empírica en cuanto forma limitada de racionalidad, y la crítica de las religiones en la medida en que éstas transgredan sus límites aceptables (que son los de la “fe”). Ambos campos de trabajo teórico preparan el terreno a los efectos de abordar el tema central de la filosofía, a saber, la cuestión fronética ¿qué debo hacer?, entendida en un sentido absoluto, la cual conduce de forma ineluctable a lo que Heidegger denomina “la pregunta que interroga por el ser”. La temática denominada “ontológica” (ya veremos lo que significa esta palabra, relacionada con el ser) se plantea qué es la verdad en cuanto tal, más allá de que este o aquel enunciado concreto sean o no verdaderos. No es una verdad “de contenido”, sino la cuestión de “en qué consiste la veracidad” de aquellos enunciados válidos que emitimos y “ejecutamos” (pragmática del lenguaje) de manera habitual en nuestra vida cotidiana.
En resumen, la ciencia ofrece racionalidad pero excluye (cuando es honesta) que esa racionalidad se haga extensiva a lo más importante, léase: a los fines últimos.
Por su parte, la religión instituye unos fines últimos, pero es incapaz de fundamentarlos racionalmente y, para asegurarse la unanimidad social, simplemente hace suyos los valores biológicos de bienestar entrañados en el inconsciente colectivo (felicidad, paraíso, vida eterna, resurección de los muertos, etc) que, como especie animal, compartimos hasta con el más elemental virus.

La filosofía pretende fijar unos fines últimos (religión), pero de forma racional (ciencia). De ahí que en ocasiones, sobretodo en sus años juveniles, Heidegger hablara de una Urwissenschaft (ciencia originaria).

La filosofía, por tanto, es una “disciplina” fundamental, cuyo espacio espiritual e institucional no debe ser nunca usurpado por la ciencia ni por la religión, pero ante todo es una forma de vida que nace en Grecia y que constituye el requisito, la condición de posibilidad sine qua non de una democracia auténtica. El significado político de la filosofía resulta innegable, de ahí que sus enemigos se retraten como los mayores liberticidas. La verdad, para la elección de vida filosófica, se erige en el único valor racional a priori y, por tanto, en la sola respuesta posible a la pregunta por el sentido de la existencia, al menos en la medida en que dicha respuesta pretenda poder fundamentarse y devenir validez vinculante (libremente obligatoria, otra cosa es la coacción o la manipulación) para todos los miembros de una comunidad histórica determinada.

Ramiro Ledesma hablaba, en este sentido, de la filosofía como disciplina imperial, porque la filosofía, añadimos nosotros, funda la noción específicamente europeo-occidental de los conceptos de jerarquía y autoridad. La razón, y no la magia, que le regalamos a la extrema derecha, es aquí, en suma, la clave del asunto.

Texto completo del artículo “La filosofía, disciplina imperial”, de Ramiro Ledesma Ramos, primer traductor de Heidegger y fundador del fascismo español:

http://www.ramiroledesma.com/nrevolucion/ef_1931_03.html

Escritos filosóficos de Ramiro:

http://www.ramiroledesma.com/nrevolucion/iescfilo.html

Jaume Farrerons
3 de mayo de 2010

9 comentarios:

NOSFERATU dijo…

Francamente es todo un placer visitar este blog y encontrar articulos verdaderamente inteligentes, que permitan a los que se resisten a ser uno mas de “la manada”, a darse cuenta de la realidad decadente de la sociedades actuales, y a tener argumentos inetelectuales que fortalescan la resistencia encontra de “la maquina sionista-norteamericana”. Nos estan llevando al precipicio de la autodestruccion, encaminado en pateticas marionetas de las sociedades de consumo.

Aplaudo y enorabuena por tan noble intención de educarnos en esta nueva experiencia intelectual de la filosofia de Heidegger que es para mi persona, que se ha develado como una poderosisima luz en este valle de tinieblas de ignorancia en que me ha sumido el imperio maligno. Un abrazo muy fuerte y espero que no deje de escribir estos atinados articulos.
Gracias.

6:45 PM

daorino dijo…

Cómo se nota que eres filósofo y especialista en el gran Heidegger. Te agradezco de antemano los esfuerzos que vas a hacer en la labor de introducirnos en el mundo de Heidegger. Lo seguiré gustoso. No puedo ser crítico con el artículo porque no tengo nada que criticar. Sin llegar a tu altura, no soy licenciado (soy autodidacta) no especialista en nadie, aunque eso no hace que me achante, escribí en enero un artículo que igual te guste, aunque seguramente le encuentres fisuras por todas partes, o igual no.

http://www.mundodaorino.es/2009/01/consideraciones-posteriores-un-debate.html

Y este es el artículo en cuestión al que se refiere el anterior.

http://www.mundodaorino.es/2010/01/fisica-y-metafisica-resumen-de-uno-de.html

Qué pena que no estés en Algeciras porque así podrías venirte a las tertulias de Foro Identidad, asociación filosófica y de crítica social, en la que yo participo. Fui presidente, aunque ahora secretario. Esta es su web, por si te interesa.

http://www.foro-identidad.es/

En fin, Jaume, gracias por todo lo que haces.

Hasta pronto.

6:59 PM

Chuchi love dijo…

Hola tengo 15 años y amo la filosofia♥

9:21 PM

Anónimo dijo…

¿De verdad sólo 15 años y amas la filosofía? ¡oh! No debes tener amigos, ¿verdad?

5:21 AM

Anónimo dijo…

Presentas el amor a la filosofía como una especie de tara o mal manor. ¿Sabes lo que significa la “amistad” en la sociedad de consumo actual? Espero que siga con su amor a la filosofía, porque así podrá conseguir, si no la tiene ya, una auténtica amistad.

3:12 AM

Anónimo dijo…

Presentas el amor a la filosofía como una especie de tara o mal manor. ¿Sabes lo que significa la “amistad” en la sociedad de consumo actual? Espero que siga con su amor a la filosofía, porque así podrá conseguir, si no la tiene ya, una auténtica amistad.

3:13 AM

Antonio Marco Mora Hervás dijo…

Gracias Jaume por tus escritos. Son toda una lección de que el fascismo es mucho más que una ideología de “salvajes ávidos de violencia” como quiere insinuar el pensamiento dominante. Está claro que, igual o incluso más que el marxismo (y de eso habría mucho que hablar), el pensamiento de Heidegger y muchos otros denostados se basa en una tradición intelectual perfectamente asentada en las raíces mismas de nuestra Cultura.

10:33 AM

Funcionaris dijo…

Gracias a todos por vuestro apoyo.

2:40 AM

julio sanz dijo…

la campaña contra Heidegger la continúa hoy sábado el suplemento
babelia de el diario El Pais: un artículo de un tal Manuel Rodriguez Rivero y titulado “De noche todos los nazis son pardos”…
http://www.elpais.com/articulo/portada/noche/todos/nazis/pardos/elpepuculbab/20100515elpbabpor_29/Tes
… y este artículo va a continuación de otro titulado:
“el monstruo voraz”
http://www.elpais.com/articulo/portada/monstruo/voraz/elpepuculbab/20100515elpbabpor_23/Tes

Como decía Don Quixote:
“Ladran luego… cabalgamos”

A %d blogueros les gusta esto: